Tres libros de espías para entender la llamada segunda profesión más antigua del mundo

Bernardo Solís
Portada libros.

Hombres oscuros y burócratas aburridos. En tiempos en que la carencia o la abundancia de la Inteligencia se ha convertido en lugar común no importando quién lo use como argumento, hay tres libros que recomendar sobre el asunto, y que nos llevan directo a un mundo bien lejano a ese que describe a los agentes y sus equipos como oráculos que lo saben todo y que siempre están metidos en vidas vertiginosas.

Estos son libros que nos acercan a hombres y mujeres oscuros, burócratas aburridos que lo que acostumbran hacer es administrar los fracasos y contarse cuentos. Y chiflados, también. Se trata de El hombre sin rostro, de Markus Wolf y Anne McElvoy (Javier Vergara Editor, 1997, 388 páginas); VEIL: Las guerras secretas de la CIA (1981-1987) de Bob Woodward (Sudamericana, 1988, 453 páginas) y El espía y el traidor, de Ben Macintyre (Crítica, 2019, 416 páginas).

Los tres son de la Guerra Fría, esa época en que a veces parecía que el mundo no daba para más. Ya sabemos qué pasó después.

El espía y el traidor es la historia real de Oleg Gordievski, agente del KGB de segunda generación, criado entre espías, jefe de los espías rusos en Londres, y espía también del MI6 británico. Se trata, sin más, de la que fue tal vez la operación de infiltración más exitosa de los países occidentales al otro lado de la Cortina de Hierro.

  • El libro es una delicia, una descripción tan cotidiana de la KGB, y que calza perfecto con las historias que cruzan las novelas de John le Carré. Una burocracia en caída libre que mantiene unos códigos autodestructivos pero que se resiste a desaparecer. Dice por ahí, cuando describe los años previos a Gorbachov y a la paranoia que se había apoderado de los jefes en Moscú: “en una organización cobarsde y jerárquica, lo único más peligroso que desvelar tu ignorancia es poner el acento en la estupidez del jefe”.
  • Macintyre tiene varias joyas aparte de ésta. En la misma línea están Un espía entre amigos, la increíble biografía de Kim Philby, el hombre que traicionó a su país y a sus amigos para espiar para los rusos; y ahora llega Agente Sonya: la historia de la coronel de la KGB Ursula Kuczynski (“Ursula Burton”), que en su vida burló a nazis, chinos, japoneses, ingleses y norteamericanos, y que logró accedió a los secretos de la bomba atómica.

VEIL: Las guerras secretas de la CIA (1981-1987) es básicamente la adrenalina de la CIA en tiempos de William J. Casey, hombre de confianza de Ronald Reagan y uno de los más poderosos jefes de la agencia en su historia, y que en algún momento convirtió a Nicaragua en el centro del mundo y decidió desarrollar todo tipo de operaciones secretas alrededor del mundo. Casey, era un hombre de acción: durante la Segunda Guerra Mundial estuvo entre los fundadores de la Oficina de Servicios Estratégicos, la antecesora de la CIA y que era recordada por sus operaciones tras las líneas nazis.

  • Contado desde el centro del poder, Woodward reconstruye la historia de los contras, las crisis con Libia e Irán. Y más, como por ejemplo los consejos que le daba Henry Kissinger a Richard Helms, director de la CIA en tiempos de Richard Nixon, de no tomarse tan en serio las órdenes y las urgencias del presidente (un consejo que incluía a Chile, Allende y nuestra historia, según Woodward).

VEIL es un gran ejercicio periodístico, de los libros en que la voz del autor –el famoso yo– está más que justificado por los notables encuentros entre Casey y Wodward, que incluyen lo que éste dice sobre el periodismo –“estás condenado a tener la razón un día”- y, claro, lo que no le dice (sobre todo hacia el final).

El hombre sin rostro, las memorias de Markus Wolf, tratan precisamente de eso: de lo que no se dice. Jefe durante 33 años de la Stasi exterior, Wolf se convirtió en la pesadilla para los servicios de inteligencia de Estados Unidos y la República Federal Alemana durante la Guerra Fría, servicios que tardaron décadas en conseguir una foto suya para ponerle cara al enemigo.

  • En el libro cuenta cómo fue que se armó el rescate de Carlos Altamirano desde Chile, tras el golpe: usando autos adaptados, como los que se usaban para las fugas de la RDA hacia occidente. Pero no es una aventura el libro. Es el monólogo de un agente. Y de un ferviente creyente. Dice: “Una vida consagrada al espionajke es una mezcla de profunda satisfacción originada en nuestros éxitos ocasionales, de sufrimiento cuando se ignorta nuestro trabajo más eficaz y de cotidiana trivialidad dada por el hecho de trabajar en el seno de una burocracia cuya principal tarea a menudo es entregar noticias ingratas a sus jefes políticos”.

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