Los partidos que están gobernando con Kast no parecen tener conciencia de todo lo que está en juego en este período. Necesitan probar que representan un camino de progreso, que pueden colaborar entre sí y que ganan la comparación con quienes gobernaron antes, pero las reyertas que emergieron entre Republicanos y Chile Vamos a propósito de la acusación constitucional contra el exministro Grau han proyectado una imagen de recelos y animosidad entre ellos que puede ser el anticipo de dificultades mayores.
Es natural que dentro de un pacto político no haya solo relaciones de cooperación, sino también de competencia. Cada partido vela, al final, por sus propios intereses. El asunto es no poner en riesgo el entendimiento que los hizo triunfar. Es cierto que Republicanos, Chile Vamos y también los nacional libertarios no habían hecho un camino juntos antes de la elección presidencial, como que compitieron duramente con sus propios candidatos y que esa campaña dejó heridas que no han cicatrizado. Ahí está para probarlo la división entre lo que sería una “derechita cobarde” y otra que se supone que es valiente a toda prueba.
De las expresiones más beligerantes de la campaña presidencial parece derivarse la actitud de pocos amigos que muestra Evelyn Matthei hacia La Moneda. Ha criticado frontalmente diversos aspectos de la gestión de gobierno, lo que ha llevado a algunos republicanos a maltratarla. El diputado Agustín Romero, por ejemplo, se dio el gusto de enrostrarle su quinto lugar en la primera vuelta, lo que no puede sino haber provocado escozor en ella. Este es un ejemplo de que, a veces, quienes se sienten triunfadores absolutos se convierten en especialistas en generar resistencias.
Fue extraño que alguien de buen trato como el ministro Alvarado tratara a Matthei de “opinóloga”. Lo que se necesita es que el propio Mandatario promueva una línea de gobierno que aliente el diálogo, no la descalificación. Al fin y al cabo, si los representantes del gobierno han conversado por ejemplo con las senadoras Vodanovic (PS), Provoste (DC) y Pascual (PC), en una razonable disposición de escuchar sus propuestas sobre la ley de Reconstrucción, ¿por qué no conversar respetuosamente también con Matthei?
Kast se reunió el viernes 3 con los líderes de Republicanos, RN, UDI y Evópoli, a quienes llamó a mejorar su coordinación. En la ocasión, volvió a expresar el deseo de que el éxito de su gobierno permita que él entregue al mando a alguien del mismo sector en 2030, y que ojalá se creen condiciones para elegir hasta un tercer gobierno. En desear no hay engaño, podría decirse, y probablemente el mandatario lo plantea como un incentivo para la unidad, pero nunca se sabe cómo van a evolucionar las cosas.
Los entusiasmos políticos tienen larga data. Cuando Eduardo Frei Montalva triunfó con mayoría absoluta en la elección presidencial de 1964, lo que fue reforzado por una impresionante victoria de la DC en la elección parlamentaria de 1965, un político muy respetable como Radomiro Tomic se arriesgó a pronosticar un período de 30 años de hegemonía democratacristiana. La realidad dijo otra cosa. Más recientemente, Michelle Bachelet dijo en 2013, cuando triunfó en la elección presidencial, que su nuevo gobierno no sería el quinto de la Concertación, sino el primero de la Nueva Mayoría. Fue el primero y el último de ese bloque, verdadero hito del retroceso nacional.
Solo sirve el sentido de las proporciones. La derecha tiene que sacar adelante al actual gobierno, y el panorama no es precisamente alentador, al punto de que, a la luz de los datos recientes de la actividad económica y el desempleo, los economistas incluso hablan de que el país entraría en “recesión técnica” en estos meses. La aprobación de la ley de Reconstrucción puede representar un avance respecto de las reglas del juego y de estímulo al crecimiento, pero la posibilidad de generar una etapa de dinamismo sostenido puede demorar. Ninguna ley obra milagros.
El país tiene una oportunidad de salir del estancamiento y volver a crecer, pero ello dependerá en gran medida de que el gobierno actúe con amplitud de miras y que no proyecte una imagen de soberbia. No tiene clavada la rueda de fortuna. Nadie la tiene. Es mejor, entonces, actuar con modestia para que Chile progrese de verdad.
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