Si alguien ha sido EL galán por excelencia de los tiempos de oro de la telenovela nacional ese es Fernando Kliche. Lo fue casi por definición.
Sin galán, las telenovelas pierden su ingrediente esencial: el sueño, la ilusión. El galán es un personaje tan requerido, escaso e indispensable como el centrodelantero en el fútbol. Ese rol al que no le pedimos perfección sino, como en los cuentos de hadas, la promesa de una felicidad no conocida.
Pienso en George Clooney, Cary Grant, Clark Gable, de esos que ya no hay.
¿Alguien más, en la breve historia de nuestra TV, contaba, por su sola presencia, con ese rotundo dominio y garbo?
Quizás él nos diría que su padre, el inolvidable Walter, claro que en un estilo más de su época. Fernando heredó todo ese encanto y lo trajo a la siguiente generación.
Walter Kliche ocupó uno de los roles protagónicos en aquella producción que fue un antes y un después en la historia de la TV chilena: “La Madrastra”. Ricardo Miranda, en Canal 13, se había atrevido a instalar una telenovela muy chilena en el horario que no se usaba: antes de los noticieros. Fue tal el éxito -el país se paralizó para el último capítulo- que las áreas dramáticas proliferaron en todos los canales chilenos (casi) hasta el día de hoy.
Fue entonces que Walter llamó a su hijo, en ese entonces de 25 años, para que se trasladara a este lado de la Cordillera.
Fernando fue acogido de inmediato en las pantallas de Canal 13. Se lució en “La Intrusa”, “¿Te Conté?” y en ese otro súper hit que fue “Marrón Glacé”. Luego vendrían “Champaña” y “El amor está de Moda”, entre muchas otras.
Cuando la era de oro de las telenovelas en el 13 declinó, se sumó a otro proyecto que marcó nuestra TV: el programa humorístico “Teatro en Chilevisión”, junto a Pato Torres, con quien posteriormente haría una película (cómica, por cierto).
Encantador y seductor a partes iguales, lo recuerdo como alguien muy simpático, llano, de sonrisa fácil y bella. No sé quién más sonrió como él. Era un don.
Lo de Fernando (y Walter, su padre) era una simpatía a la uruguaya, rioplatense en plan liviano, mate en mano, siempre leyendo, dispuesto a una conversación fácil, de trote corto, con un roce a lo inolvidable.
De manera que pasó con naturalidad del drama telenovelesco al humor chascón del “Teatro en CHV”. Otro exitazo donde estuvo ocho años. De allí regresó a las telenovelas. De ese período quizás la más recordada sea “Lola” (2007), donde encarnaba a Guayo, un seductor empedernido, un rol hecho a su medida. Fue tal el éxito que Canal 13, viendo el rating, la “estiró” durante ¡un año y medio!
Seguro que él sabía el efecto de su mirada, su porte y cualquier gesto mínimo. Pero siempre lo percibí espontáneo en su amabilidad.
Claro que sabía que si entraba a escena robaba cámara, sin siquiera esforzarse ni pretenderlo. Si los equipos de producción lo buscaban era para que desplegara su aura de seductor hábil y probado. Incluso su vis cómica la usó al servicio de la conquista.
Fue y siempre será la fantasía amorosa de esas millones de espectadoras que lo siguieron en su larga y prolífica carrera. La pantalla jamás lo abandonó: incluso también llegó al streaming, donde tuvo un rol en la exitosa “Baby Bandito”, de Diego Muñoz, que suma dos temporadas en Netflix.
Aunque ciertamente fue más de televisión de que de teatro, su epatante presencia llenó el escenario allí donde lo pusieran.
Este año se había integrado al elenco de la telenovela nocturna de Mega, “Prohibida Obsesión”, próxima a estrenarse. Con el mismo entusiasmo de siempre. Cuando se enfermó gravemente, se tuvo que retirar. Fue muy rápido: ayer murió a los 71 años.
Parecía que no iba envejecer nunca, que iba a ser eterno, como su padre. Pero el mutis por el foro pilla siempre por sorpresa.
¿Busca contenido similar? Clic aquí.
Publicaciones relacionadas
Los países con mayor flexibilidad en la distribución horaria son los mismos que presentan menores tasas de informalidad, mayor participación femenina, relaciones laborales más estables y mayor bienestar.
La política se ha convertido en una actividad dominada por la inmediatez, donde la visibilidad importa más que la coherencia y cada aparición está diseñada para generar titulares. Un cambio que tiene mucho más que ver con los nuevos incentivos que con la ideología. Es la dictadura del algoritmo.
…Y sí, con un último acto reflexivo-dramático-profundo. La película, que es un remake del que se han hecho hasta versiones teatrales (también en Chile), consigue un nuevo aire bajo la dirección de Olivia Wilde, quien también actúa junto a Penélope Cruz, Seth Rogen y Edward Norton.
La pregunta de fondo es si el Estado está actuando como un propietario estratégico o si las prioridades cambian al ritmo de las urgencias fiscales o políticas de cada momento. La paradoja es evidente. El mismo propietario que exige mayores dividendos demanda, al mismo tiempo, más inversiones, mejores controles, mayor transparencia y una transformación profunda […]
Lo que el Gobierno espera ganar con la megarreforma es, en magnitud, casi exactamente lo que el país ha estado perdiendo por el canal de la inseguridad.