Septiembre 21, 2025

Sebastián Claro: “Si el gobierno de verdad tiene valoración por la independencia del Banco Central, debe bajar los decibeles”

Jaime Troncoso R.
Sebastián Claro. Exvicepresidente del Banco Central y académico de la Universidad de Los Andes.

El exvicepresidente del Banco Central y académico de la Universidad de Los Andes, Sebastián Claro, advierte que Chile debe reforzar su institucionalidad frente al giro proteccionista global, critica a Hacienda por sobreestimar ingresos estructurales y respalda al instituto emisor en la polémica por el empleo.


Usted integra el Consejo de Alto Nivel para la Respuesta Estratégica de Política Económica y Financiera Internacional (CPEFI). ¿Cuál ha sido el diagnóstico inicial sobre las medidas de Donald Trump?

-La política comercial de Estados Unidos está todavía en construcción. Como botón de muestra, los antecedentes respecto del acuerdo con China no son conocidos. Pero dos cosas están claras: la reacción de los mercados fue muy negativa ante los primeros anuncios, lo que puede haber contribuido a suavizar las políticas, imponiendo un límite a la tensión que se pueda producir.

Y segundo, es posible que los anuncios iniciales hayan buscado sentar las bases para negociar, lo que en parte Trump ha logrado. En el caso de Chile, aunque estamos peor que antes de abril, el escenario se ha calmado y las negociaciones a nivel técnico se han conducido cuidadosamente. Aun así, Chile debe mantener el esfuerzo de hacer valer su TLC con Estados Unidos, y cumplir con los compromisos que de ahí se derivan.

-¿Dónde cree que están los mayores canales de transmisión para Chile?

-En el corto plazo son muchos, pero lo más importante es que estamos viviendo un cambio de paradigma de cómo funciona el sistema de comercio e inversiones en el mundo. Los gobiernos de las principales economías están negociando acceso a empresas con nombre y apellido a cambio de aranceles en otros mercados, lo que es un deterioro importante en las reglas del juego.

Los países chicos solo podemos vivir con reglas claras, porque a los empujones vamos a perder. De aquí a 5 o 10 años -quizá menos- podemos empezar a ver más peticiones específicas de países grandes. Por ello, hay que fortalecer nuestra integración global y la institucionalidad interna —de libre competencia, sectorial y de permisos— que nos permita descansar en ella y no en la negociación Estado a Estado. Finalmente, sigo pensando que una institucionalidad que establezca reglas para inversiones llamadas estratégicas será inevitable.

-Usted ha sido crítico respecto al manejo del gasto público. ¿En qué aspectos Hacienda ha incumplido?

-En el único aspecto posible; la meta estructural se ha incumplido dos años seguidos, y es muy posible que se incumpla nuevamente este año. Lo más preocupante es que estos incumplimientos están principalmente determinados por proyecciones de ingresos estructurales que están sobre estimadas, por lo que el incumplimiento verdadero es aún mayor. Este sesgo se arrastra hace años, y muestra que a los gobiernos les cuesta validar los menores ingresos estructurales porque les significa apretar más el gasto.

-¿Qué riesgos ve en mantener una trayectoria fiscal con desvíos recurrentes?

-Hay tres problemas. Una política fiscal basada en una regla que sobreestima ingresos está condenada a hacer crecer la deuda más allá de lo razonable. Segundo, los desvíos repetidos hacen perder fortaleza a la institucionalidad fiscal, en un contexto donde el costo de incumplir es bajo.

Por último, está claro que sucesivas reformas tributarias no han dado lo que sus promotores sugerían. Los informes financieros son pobres y no hay contrapeso para validar muchos cálculos de la Dipres. El ejemplo más evidente es el FES que, aunque aparezca financiado en el Excel, es irresponsable desde una perspectiva fiscal: los estudiantes con mayores ingresos esperados evitarán a toda costa el mecanismo propuesto. Es de esperar que el gobierno plantee un presupuesto realista para 2026, lo que incluye un déficit estructural de 1,1% del PIB pero con ingresos estructurales realistas.

¿Qué lectura hace de los antecedentes del IPoM?

-El IPoM entrega dos mensajes. Primero, hay algunas señales, tímidas, de recuperación. Lo vemos en la inversión no minera, en algunas partidas de consumo y en algunos precios de activos financieros. Es marginal, pero suficiente para confirmar que el Banco Central no visualiza una TPM por debajo de la neutral.

Por otro lado, el Banco Central advierte persistencia en la inflación subyacente, explicada por presiones de costos salariales y cambiarias, ya que el peso se ha mantenido más depreciado de lo proyectado. Estas presiones son incómodas para los bancos centrales, porque sus herramientas afectan la demanda, no la oferta.

-¿Qué condiciones deberían darse para que el Banco Central acelere la baja de tasas o, por el contrario, se detenga?

-Si la desaceleración de la actividad se agudizará, y el dólar perdiera más valor, entonces podría anticiparse una menor actividad en Chile y menores presiones de costos, lo que facilitaría al Banco Central ir por debajo de la tasa neutral.

La alternativa es que la economía chilena agarre más tracción en la demanda de inversión y consumo, especialmente considerando la creciente probabilidad de cambio de signo en el gobierno. Hasta ahora da la impresión que el sector privado mira con cautela esta situación, no proyectando un rebote económico importante. Pero esto podría modificarse en los próximos meses. En ese caso, es posible que, de haber una baja adicional de tasas, sea la última.

-Sobre la polémica del informe del Banco Central sobre el impacto del salario mínimo y las 40 horas en el empleo: ¿cree que hubo un error de interpretación desde La Moneda o un exceso de reacción política?

-Todas las anteriores. El gobierno salió muy rápidamente a desvalorizar un estudio que forma parte central del quehacer del Banco Central, porque su referencia a las políticas laborales está enfocada en entender por qué la presión de costos y de inflación se mantiene tan activa.

Sin evidencia técnica para cuestionarlo, apuntaron a dos elementos: que las políticas laborales no son la única causa del alza de costos (obvio, y el informe no lo desconoce), y que el efecto es parcial, lo que es básico e inconducente. Si el cambio tecnológico ya empuja a sustituir trabajo por tecnología, la política pública debiera mitigar ese efecto, no acentuarlo.

Algunas autoridades sugieren que las políticas laborales no deben evaluarse solo por su efecto en empleo. Eso abre un debate legítimo: un gobierno puede optar por políticas que busquen cohesión social aunque afecten el empleo. Pero no debe negar sus efectos, que están bien documentados.

-¿Qué lecciones deja este episodio sobre la independencia del Banco Central y la relación con el Gobierno?

-Ya van cuatro o cinco ministros que se han referido al tema, y el ministro del Trabajo ha dicho que sus técnicos se juntarán a trabajar con el Banco Central. Es fundamental cuidar la institucionalidad, y para eso el ministro de Hacienda tiene que tomar cartas en el asunto, toda vez que Banco Central se relaciona con el Ejecutivo a través del Ministerio de Hacienda, como lo define su ley orgánica.

La doctrina histórica del Banco Central ha sido la de no inmiscuirse en materias que no son de su competencia. Esta no es la excepción. Hay una evidente -e importante- relación entre lo que sucede con los costos laborales, el empleo y la inflación, por lo que se justifica plenamente el análisis realizado.

Algo similar sucedió con los retiros previsionales, cuyos efectos financieros e inflacionarios eran muy importantes. Es entendible que la epidermis esté más sensible en tiempos electorales, como también lo fue en la elección pasada. Pero si el gobierno de verdad tiene valoración por la independencia del Banco Central, debe centralizar su coordinación a través de Hacienda, y debe bajar los decibeles. En esta pasada, el Banco Central tiene la razón.

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