En Chile, septiembre es un mes que se vive con intensidad. Las Fiestas Patrias nos sacuden del letargo invernal con una explosión de tradiciones, comidas ricas, bailes y encuentros con amigos y familia. Sin embargo, tras estos días festivos, es común encontrarse con algunos kilitos de más y remordimientos por los excesos.
Algo similar puede pasar con los cambios en la seguridad social: entusiasmarse con mejoras para las pensiones actuales y futuras puede llevarnos a descuidar las consecuencias a largo plazo.
Para diseñar las reformas, sin cometer los errores del pasado, es crucial hacer cálculos precisos para evitar problemas. Actualmente, entregar una garantía para las pensiones de las mujeres con más de cinco años de cotización costaría US$ 510 millones al año, mientras que para los hombres el costo sería de US$ 740 millones. En total, esto sumaría US$ 1.250 millones al año, lo que representa el 1,6% de las cotizaciones, muy por debajo del 3% que el Ejecutivo propone en su reforma. Además, si se aumenta el tope imponible para que coincida con el seguro de cesantía, como se está debatiendo en el Senado, el costo disminuiría aún más, reduciendo la necesidad de cotización al 1,3%.
Es importante recordar que uno de los avances significativos de la Comisión Técnica de Pensiones fue señalar que los esfuerzos deben enfocarse en la clase media, especialmente en las mujeres. Sin embargo, con el diseño actual de la garantía por años cotizados se destina 45% más de los recursos para mejorar las pensiones de los hombres, lo cual no refleja adecuadamente la prioridad necesaria por la escasez de recursos y amerita una reconsideración.
Por otro lado, dada la estrecha relación que existe entre nivel socioeconómico y los años de cotización, es acertado que se otorgue una bonificación según este último criterio. Esto hace muy simple la regla y establece correctamente los incentivos al ahorro.
Con todo, las mejores prácticas internacionales en sistemas de pensiones no entregan beneficios con tan solo cinco años de ahorro. En muchos de los sistemas de pensiones a nivel mundial se requieren entre 25 y 30 años de contribuciones para acceder a una pensión y entre 15 y 20 años para lograr un subsidio en la vejez.
En este sentido, no parece razonable que en Chile estemos considerando entregar este beneficio con solo cinco años de cotización. Si los expertos sugieren que los esfuerzos deben centrarse en la clase media, un mínimo de al menos de 15 años de cotización sería más adecuado y representativo para quienes realmente necesitan apoyo. Esta clase media es precisamente donde la continuidad de ingresos sufre una caída significativa al pasar de la vida activa a la jubilación.
Con esta modificación, el costo del beneficio por años cotizados se reduciría de US$ 510 millones anuales a US$ 430 millones para las mujeres, y de US$ 740 millones anuales a US$ 670 millones para los hombres. Así, el costo total de la garantía sería de US$ 1.100 millones anuales, lo que permitiría liberar un 12% de los recursos. De este modo, solo se necesitaría un 0,9% de cotización bajo el nuevo límite imponible.
Sin embargo, aún se sigue gastando más en beneficios para los hombres que para las mujeres. Para corregir esta desigualdad, sería recomendable exigir un número diferente de años de cotización para cada sexo o aumentar la bonificación para las mujeres. Finalmente, si incluimos el costo del Bono Tabla, que es del 0,2% de la cotización, el costo total se elevaría al 1,1% con el nuevo tope imponible, muy por debajo del 3% que se está solicitando.
Así como post 18 muchos nos arrepentimos de lo comido y bailado, en el ámbito de las pensiones, si nos dejamos llevar por la emoción del momento y destinamos parte de nuestras cotizaciones a un fondo común, enfrentaremos sus consecuencias negativas en el futuro. A pesar de que dar más de lo que se requiere hoy puede parecer una opción atractiva, a la larga se traducirá en una reducción de beneficios más allá de lo anticipado para los jóvenes cuando se jubilen, ya que se perderán la oportunidad de capitalizar sus ahorros a la tasa de mercado.
Antes de decidir cómo financiar las pensiones actuales, debemos diseñar un plan detallado y realista, focalizar bien las personas y grupos que necesitan de este apoyo, y no quedarnos con el 3% como un mantra. Solo luego podremos analizar el mecanismo de financiamiento más eficiente.
Cómo el reservado “Petit Comité” y la Dipres se transformaron en eje técnico de la Reforma de Pensiones.https://t.co/pKQcQOI3fO
— Ex-Ante (@exantecl) August 23, 2024
Publicaciones relacionadas
El Niño no solo es un fenómeno climático: es un test de resiliencia macroeconómica. Y en esa prueba, Chile actualmente no tiene tanta agua en la piscina. Porque al final, cuando la corriente se vuelve más fuerte, no importa quién nada más rápido, sino quién tiene un bote capaz de resistir la tormenta. Perú parece […]
Chile ya dispone de los activos necesarios, tales como proveedores sofisticados, talento técnico y científico, centros de investigación y una trayectoria probada de colaboración. Lo que corresponde ahora es articular estas capacidades con determinación y bajo un claro liderazgo del Estado. Transformar una ventaja natural en capacidades construidas tomó décadas. Fortalecer el ecosistema minero en […]
Lo que produjo el CAE no fue un accidente. Fue el resultado de prometer sin diseñar, corregir a medias y luego usar el instrumento como munición ideológica. Mientras no haya costos políticos para quienes hacen eso, seguiremos repitiendo la historia en educación, salud, vivienda y pensiones. Confundir el instrumento con el objetivo tiene consecuencias. El […]
El problema es cuando se instalan por inercia. Sin preguntarse qué comportamiento están empujando. Porque cuando los incentivos están mal diseñados, no dejan de ayudar: empiezan a dañar.
Los costos que implica ignorar la opinión de los economistas bien entrenados no son abstracciones teóricas; son consecuencias concretas para las personas, quienes merecen que sus líderes tomen decisiones basadas en la evidencia, la racionalidad económica y el contexto cultural.