Febrero 27, 2021

Opinión: Unidad Constituyente necesita un líder

Kenneth Bunker
Agencia Uno

La teleserie de Ñuñoa, reflejo de un problema de fondo:  Lo que está pasando en Ñuñoa pasó de ser un dilema electoral a una crisis política. Pasó de ser una mera disputa de carácter local a un enfrentamiento de extensión nacional. Todo comenzó cuando el actual presidente de la DC, Fuad Chahín, se auto-postuló a la alcaldía de la comuna, siendo que el liderazgo local del PS ya se había comprometido con la concejala y candidata de RD, Emilia Ríos.

  • Para destrabar el conflicto, Chahín bajó su candidatura. Pero eso no resolvió el tema, pues en su lugar asumió el actor y simpatizante DC, Juan Pablo Sáez. Similar a lo que pasó con el presidente DC en la primera instancia, esto obligó a los partidos de Unidad Constituyente y sus militantes a tomar posiciones. Mientras que el eje comunal, liderado por la actual diputada PS Maya Fernández, decidió mantener el apoyo a Ríos, la DC se cuadró con Sáez.
  • La rencilla es lo visible: El problema de fondo es algo mucho más profundo: no hay un lider en la coalición. En un año tan importante como el actual con elecciones de convencionales constituyentes y presidenciales, no hay nadie que pueda tomar el timón de Unidad Constituyente y llevarlo a buen puerto.

Un eje histórico: el éxito de la sociedad PS-DC. La actual relación PS-DC contrasta fuertemente con lo que fue en el pasado. No solo lideraron el retorno a la democracia, sino que también a la coalición política más exitosa de la historia del país. En conjunto, gobernaron 20 años consecutivos (1990-2010),  y lograron elegir a dos presidentes cada uno: Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

  • El éxito de la Concertación pasó por sus cúpulas. Fueron los presidentes de los partidos, y los lideres fácticos, los que lograron encaminar la empresa. Lejos de ser una coalición horizontal y democrática, era una alianza vertical y jerárquica, donde todo desorden y desviación era rápidamente sancionada y corregida. No se puede explicar el éxito electoral de la Concertación sin tomar en cuenta la disciplina partidaria.
  • Cuando la Concertación llegó a su fin,  en el primer gobierno de Piñera, no fue por rencillas entre el PS y la DC, que dentro de todo llevaron una excelente relación por más de 20 años años. Llegó a su fin por un tema de ambición electoral. Tanto el PS como la DC buscaban ampliar su espacio de representación, y la única forma de hacerlo sería por medio de iniciativas propias.

La refundación de la Concertación. Tras el fracaso del PS y la DC en la elección de 2017 (marcada por la derrota de Alejandro Guillier y Carolina Goic), y un distanciamiento de cuatro años, los dos partidos volvieron a coincidir. Esta vez en un contexto diferente, pero no ajeno. Mientras a fines de los 80′ se unieron para liderar la transición a la democracia, esta vez se unieron para liderar la transición a la nueva constitución.

  • El momento actual es específicamente favorable para el reencuentro, pues, si algo se puede sacar en limpio entre el cruce del estallido social con la resaca de la pandemia es que se necesita más Estado. En ese sentido, la reedición de la alianza entre el PS y la DC ocurre no solo en un momento históricamente importante, sino que además en un contexto extremadamente propicio.
  • Con el atrincheramiento del Frente Amplio en la izquierda, y el desembarco del Partido Liberal y Ciudadanos en la centroizquierda, Unidad Constituyente se transforma en la coalición socialdemócrata por excelencia. No hay ninguna otra fuerza electoral que les pueda competir en ese espacio. Es, sin mediar cambios a la alineación de partidos titulares, la coalición con mejores posibilidades de ganar las elecciones que vienen.

Mucho que ganar, mucho que perder. Pese a todo lo anterior, hay algo que no calza. Por ejemplo, que el país esté atravesando por un fuerte momento socialdemócrata, que se articule una alianza electoral socialdemócrata, pero que esa alianza no pueda capitalizar políticamente el momento. No calza ni la rencilla en Ñuñoa, ni la propuesta del senador PPD Guido Girardi, de abandonar a la coalición para forjar una alianza nueva, sin la DC.

  • Por el tamaño de Unidad Constituyente, su ubicación ideológica, y el sistema electoral, la coalición reúne todas las condiciones para ganar. Y no solo la elección de convencionales constitucionales, sino que también la de gobernadores regionales, la de alcaldes y la de concejales. Pero, aun así, siguen surgiendo problemas que ponen en duda la ventaja.
  • La pregunta es hasta qué punto se extenderán las rencillas, y qué efecto tendrán sobre la multitud de elecciones de este año. Si la sociedad PS-DC no resulta para la elección de abril, es ingenuo pensar que podrá resultar para la elección de noviembre, cuando no solo se elegirá al presidente que promulgará la nueva Constitución, sino que también a 27 senadores y 155 diputados.

 

Una crisis de liderazgo.  El tema de fondo es la falta de definición y autoridad. Los problemas en Ñuñoa y las ideas de Girardi solo existen porque no hay control interno. No hay una visión política articulada, ni tampoco una persona que la pueda canalizar.

  • En la Concertación no ocurrían estas cosas porque había un fuerte control vertical que permitía alinear a los partidos y sus militantes frente a un objetivo: ganar y retener el poder. Ese control lo ejercía un puñado de militantes que trabajaba en función de un líder, que a su vez era la carta presidencial. Ese líder era capaz de generar orden transversal, y no solo entre militantes, sino que también entre partidos.
  • En Unidad Constituyente no existe ninguna estructura política transversal que juegue en función de la unidad, ni tampoco un líder político que tenga la capacidad de resolver conflictos internos. Narváez, quien hace tan sólo un mes se ungía como la principal carta del sector no solo no ha prendido en las encuestas, sino que tampoco ha logrado generar sincronía política y administrativa dentro de su coalición.

Se busca líder en Unidad Constituyente  Toda coalición tiene problemas. Por eso, lo importante es tener mecanismos de resolución.  Unidad Constituyente no tiene hasta ahora. En parte, porque no hay una propuesta de futuro, pues la pasta que une a los partidos de la coalición no es programática, es electoral. Pero en parte también se debe a que no hay un líder que pueda proyectar unidad.

  • Narváez ha tenido las mejores posibilidades de asumir ese rol. Por su identificación socialdemócrata calza perfecto con el ímpetu del momento político nacional, y por el endoso de Bachelet tiene la autoridad moral para trazar la hoja de ruta. Pero ha fallado consecutivamente en hacerlo. En vez de anclarse en la socialdemocracia, entre el PS y la DC, y desarrollar un programa desde la socialdemócrata, se ha perdido en debates nimios e irrelevantes.
  • Unidad Constituyente necesita un líder que pueda capitalizar sobre el momento social, político y electoral por la cual atraviesa el país. Necesita un líder que pueda entablar una ruta estable de socialdemocracia; un líder que pueda trazar límites a la extensión de la coalición. Y como si no fuese evidente a esta altura, un líder que pueda solucionar problemas y generar unidad. Si Narváez no puede ser ese líder, quizás sea mejor que de un paso al costado.

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