La productividad en Chile, con contribución del sector minero, ha estado estancada por años. Sin embargo, el avance de la inteligencia artificial (IA) ofrece una gran oportunidad para revertir esta tendencia, siempre que se cumplan ciertas condiciones para su correcta implementación.
Una de las condiciones más importantes es la educación. Aunque los resultados de Chile en la prueba PISA son bajos en comparación con otros países de la OCDE y el mundo en general, la proporción de chilenos con educación superior completa ha aumentado significativamente, pasando del 12,4% en 2006 al 26,1% en 2022, según la última encuesta CASEN. Esto muestra una mejora en el acceso a la educación, un paso fundamental, pero no suficiente.
El acceso a tecnología es otra importante condición. Chile cuenta con ello, especialmente en la minería, pero el aprovechamiento de su verdadero potencial está limitado por la subutilización de ella. Ya lo señalaba la Comisión Nacional de Productividad (ahora Comisión Nacional de Evaluación y Productividad, CNEP) para la Gran Minería de cobre el año 2017, en que la anécdota habitual en las faenas era que procesos que pueden realizarse automáticamente se realizan en forma manual. Esto es, el problema en Chile no es de acceso a la tecnología sino de no aprovechar su máximo potencial.
Este es un gran tema para tomar en cuenta, considerando que es un desafío integrar la IA, especialmente en áreas claves del negocio. La IA, utilizada responsable y adecuadamente, tiene la potencialidad de mejorar productividad y rentabilidad. Pero se requiere una cultura organizacional con liderazgos que permitan que información confiable sea utilizada en decisiones estratégicas.
Otro problema identificado por la CNEP y que afecta la productividad es de autonomía de los equipos de trabajo. La cultura chilena tiende a ser más controladora, con dos a tres capas jerárquicas más que en faenas internacionales más productivas. Esta cultura más controladora reduce la iniciativa, coarta la autonomía y diluye responsabilidades. Cambiar esta mentalidad es clave para aprovechar las tecnologías emergentes como la IA y, de paso, reducir costos.
Y entonces, ¿qué falta para contar con una mejor utilización de la tecnología?
Según el World Economic Forum (WEF), la adopción de IA requiere nuevas habilidades, muchas de ellas blandas, como relaciones interpersonales, liderazgo de equipos, colaboración y gestión estratégica. LinkedIn predice que las habilidades requeridas globalmente cambiarán en un 68% hacia el 2030, y las mujeres suelen destacar en estas competencias en comparación con los hombres, superándolos en un 28%.
Ya se había identificado que lugares de trabajo y comunidades más inclusivas estimulan la creatividad, la innovación y la colaboración necesaria para resolver los desafíos actuales y futuros. Y ello tiene efectos en productividad y rentabilidad al considerar los distintos puntos de vista en función de la resolución de problemas, con soluciones más innovativas y eficaces. Así, la mujer, como otras minorías, ya había sido identificada contribuyendo a aumentos de productividad y rentabilidad.
Sin embargo, ahora se identifica otro aporte: el tipo de liderazgo que ejerce, más enfocado a una mayor participación de todos y al trabajo en equipo, tendría positivos resultados en la adopción de tecnología, crucial en los momentos actuales. A comienzos de los 2000, ya se identificaba un cambio en los estilos de liderazgo: desde un enfoque más masculino, orientado a objetivos y recompensas, hacia un liderazgo más femenino, basado en la empatía, la comunicación y la colaboración. Este enfoque, que escucha y valora a los trabajadores, mejora su motivación y compromiso, factores críticos para la productividad y la innovación.
Para integrar con éxito la IA y otros avances tecnológicos, las organizaciones necesitan fomentar una cultura que incentive el trabajo en equipo y la creatividad. Y para ello, el liderazgo femenino, que a menudo asume roles de mentoría y coach, gestiona los riesgos de manera más cuidadosa y con una visión a largo plazo, es clave. Este enfoque puede ser malinterpretado desde una perspectiva más tradicional, pero en realidad es una forma más estratégica de tomar decisiones.
Es importante indicar que no se requiere la exclusión del estilo de liderazgo masculino sobre el femenino o viceversa, sino de la complementariedad entre ambos. El arte está en equilibrar la firmeza y pragmatismo del liderazgo masculino con la empatía y el enfoque colaborativo del femenino. Ello crea un entorno más propenso a la innovación, reduce la resistencia al cambio y permite una mejor integración de la tecnología.
La minería parece ser un buen lugar para que la mujer se desarrolle, a pesar de que históricamente ha sido un sector considerado masculino, así como la construcción, en todas partes del mundo. De hecho, la participación de la mujer en minería es menos de 14% a nivel mundial, como lo ha indicado el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM). Por esto, es destacable el esfuerzo hecho por BHP que, en 2016 comprometió un 50% de participación femenina en sus operaciones el año 2025, y que ya ha alcanzado el 42%.
El reporte de género del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) dice que se necesitarán 134 años y aproximadamente cinco generaciones para cerrar las brechas globales de género. Por ello, la oportunidad de integrar un liderazgo más del tipo femenino para aprovechar al máximo el potencial que nos ofrece la IA permitiría contribuir a cerrar las brechas y mejorar la productividad. Y sería una forma de ver efectos positivos en el empleo por parte de la IA, que está amenazando el trabajo a nivel mundial, especialmente los femeninos y de otras minorías. Pero ello requiere de culturas organizacionales que permitan la coexistencia y complementariedad de los estilos de liderazgo masculino y femenino.
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