Jennifer Lawrence y Robert Pattinson se enfrentan en la arriesgada película de Lynne Ramsay, mientras que Guillermo del Toro hace lo propio con Oscar Isaac y Jacob Elordi, en una nueva versión del clásico de Mary Shelley.
Además: dónde ver las películas indispensables de Lynne Ramsay y algunos otros Frankenstein.
Para trasladar al cine la muy premiada novela de la argentina Ariana Harwicz hay que ser una cineasta tan jugada y desafiante como lo es la directora escocesa Lynne Ramsay. Tuvo el apoyo nada menos que de Martin Scorsese, quien se involucró como productor. Fue él, según ha dicho, quien eligió a Jennifer Lawrence como protagonista tras verla en Mother (2017). La animó con un “¡lánzate!”, lo que da una idea del riesgo de la aventura.
Vaya acierto. (Y fue ella quien le sugirió que la dirigiera una mujer y no él).
Porque Lawrence ha sido capaz de hacer ¡de todo! Pero este es su rol más complejo. La misma Ariana Harwicz lo ha dejado entrever: su novela es una narración íntima en torno a ese aspecto que suele eludirse sobre la maternidad, narrado desde el subconsciente de una mujer, que describe una historia doméstica cuyo relato se va desdibujando a medida que su protagonista se va perdiendo entre ensoñaciones y pesadillas, desde su psiquis cada vez más dañada.
Harwicz, que autopublicó su novela en 2012 y luego fue reeditada y fue traducida al inglés (y muchos otros idiomas) en 2017, se inspiró en su propia experiencia, la de muchas mujeres enfrentadas a asumir el cotidiano de la maternidad.
La película, eso sí, transcurre en EE.UU., con personajes norteamericanos, y ahonda más en la tragedia sorda, dejando poco espacio al humor (que sí lo hay).
Grace (J. Lawrence), una joven escritora a quien nunca vemos escribir, llega desde Nueva York junto a su pareja, Jackson (Robert Pattinson), a una desangelada y sucia casa rural, en algún lugar de Montana. La cámara fija instalada en el interior es implacable: los capta asomándose a un ventanal. Cuando ingresan, él jugándose con actitud optimista, encontrarán que hay mucho por limpiar.
Se han traslado allí porque esa casa era de un tío de Jackson: “no es Nueva York, pero es nuestro”, la anima él. Al frente, un pastizal y bosques.
Grace espera una guagua, que una vez nacida la absorbe (como suele ocurrir) y comienza a anularla. En las casas cercanas viven los familiares de Jackson, entre ellas, la madre, Pam (Sissy Spacek), y sus amistades. El comportamiento de Grace, que permanece mucho tiempo sola, es progresivamente errático, desconcertante y contenidamente amenazante. Por cierto, no está en condiciones de hacer vida social: apenas se contiene de mandar a buena parte a quienes le dan consejos de inflluencer de Instagram. Más quedamente y con afecto, Pam se lo dice: “Todos se vuelven locos el primer año”. Como si no se hubiese dado cuenta…
Grace está asfixiada, frustrada, desesperada pero no sabe cómo expresarlo más que haciéndose daño a sí misma impulsivamente. El tedio y el encierro que siente la absorben por completo. Su necesidad de sexo lo expresa con una rabia que atemoriza a su marido.
El desempeño de Pattinson, desde ese lugar semi secundario, es asombroso: la convivencia de Jackson con su mujer no solo es extremadamente difícil sino que, en un acto de amor irreductible, él persevera, acepta, apaña, intenta comprender. Y claro que sufre también. Porque no importa lo que haga o deje de hacer: si ella no puede consigo mismo, él está de manos atadas. En cierto modo, él está en el punto de vista del espectador: desconcertado, asombrado, sin posibilidades de comprender una realidad inasible.
Una película muy interesante. Ojo con la música.
Estrenada en Cannes.
Die, My Love
Dirección: Lynne Ramsay
Guion: Enda Walsh, Lynne Ramsay, Alice Birch
EE.UU., 2025
Duración: 118 min.
Estrenada en cines en varios países a fines de octubre (el 17 en algunos; en otros, como Argentina, el 23), a Chile llega directamente a Netflix.
Eso sí, antes pasó por los festivales de Venecia, Toronto, San Sebastián, Londres y Sitges.
Si hay algo que siempre ha seducido a Guillermo del Toro son los monstruos, lo fantástico (El Laberinto del Fauno, su maravillosa versión de Pinocho, merecido Oscar; Hellboy, la oscareada La Forma del Agua).
Era cosa de tiempo para que abordara la clásica novela de la escritora inglesa Mary Shelley “Frankenstein” o “El Moderno Prometeo” (1818).
Visualmente esplendorosa y con un elenco ¡de lujo!, Del Toro divide la historia en dos partes: el relato del Dr Victor Frankenstein (Oscar Isaac) y luego el de su criatura (Jacob Elordi).
En el “duelo” entre ambos, que ha sido presentado como uno de padre-hijo, está el centro de esta historia. Y no es casual que Del Toro haya elegido para encarnar al “monstruo” al actor más imponente y guapo del cine actual. Porque, como ha hecho con otras de sus películas, el director resignifica a estos personajes, de manera que el monstruo tiene mucho de humano y el brillante científico, mucho de monstruo.
Con Mia Goth y Christoph Walz.
Música de Alexander Desplat.
Frankenstein
Dirección y guion: Guillermo del Toro.
EE.UU., 2025
Duración: 2 horas 29.
Las películas inspiradas en la novela de Mary Shelley se cuentan por cientos. La primera de ellas, de 1915, está perdida (en 1910 hubo un corto). Las más reconocidas son Frankenstein (James Whale, 1931, en HBOMax), La novia de Frankenstein (James Whale, 1935, en HBOMAx) y El hijo de Frankenstein (1939, con Boris Karloff y Bela Lugosi). Hay numerosas reinterpretaciones modernas, como la de Takeshi Kamamura, El último Frankenstein (1991) o Mary Shelley’s Frankenstein (Kenneth Branagh, 1994, en Netflix), por mencionar algunas.
La de Guillermo del Toro no es la última: para 2026 está anunciada una versión de Maggie Gyllenhaal, ¡La Novia! (inspirada en La Novia de Frankenstein).
Devastadora e inquietante, recorre la historia de una pareja feliz y gozosa desde que son novios, se casan y forman una familia. Eva (Tilda Swinton) es una exitosa diseñadora y Franklin (John C. Reilly), un bondadoso hombre, un fotógrafo que trabaja en publicidad.
La familia feliz dura hasta que nace Kevin. Y peor, cuando crece y llega a la adolescencia. La llegada de su segunda hija, una niña encantadora, no alcanza para despejar la problemática dinámica familiar. Eva y Franklin hacen lo imposible, son padres que asumen como tal y se comprometen en la formación de sus hijos. Eva ha soportado (literalmente) la pesadilla del comportamiento inexplicable de Kevin cuando bebé. Siguen siendo comprensivos y hasta el interés del chico por ciertas lecturas les da esperanza.
¿Cómo distinguir una conducta inapropiada de una enfermiza? ¿Hay una línea clara que separe lo que son las travesuras y “pesadeces” entre hermanos de una actitud insana?
Tenemos que hablar de Kevin se abre en dos temáticas montadas sobre el mismo cotidiano hogareño: la prueba de fuego ineludible que son los hijos para la pareja; y en paralelo, escudriña la psicopatía antes de que se manifieste socialmente. O dicho de otro modo: si muchas películas o docuseries dan cuenta de esas numerosas historias de tiroteos en escuelas, cines o lugares públicos, esta da vuelta la cámara hacia aquél ser humano en el origen de estos eventos.
Cruda y durísima, es, no obstante, una de las más interesante películas sobre algo que no suele abordarse. Magistrales los tres protagonistas: Tilda Swinton, John C. Reilly y Ezra Miller (Kevin adolescente).
Basada en la novela de Lionel Shriver.
Música de Jonny Greenwood.
We Need to Talk About Kevin
Dirección y guion: Lynne Ramsay
Reino Unido, 2011
Duración: 110 min.
En un estilo muy personal, escueto y de alta intensidad, Lynne Ramsay arma una película acerca de un sujeto y una adolescente desaparecida (Ekaterina Samsonov).
De Joe (extraordinario Joaquin Phoenix) solo sabemos que es un asesino a sueldo, brutal y pragmático, que vive con una madre anciana y un poco ida, con quien bromea, ve Sicosis en la tele y luego tararea los míticos compases que compusiera Bernad Herrmann.
Es de lo poco que le oímos, así como una compulsiva cuenta en reversa de números, todo en susurros y a veces en off. Y la inquietante música electrónica de Jonny Greenwood que aparece subrepticiamente.
Mediante brevísimos flash-backs nos enteramos que la violencia más triste y feroz estuvo siempre ahí, con él, alrededor de él, sobre él. Lo que Joe es hoy es lo que iba a ser con seguridad, un tipo que ha normalizado la violencia y vive y convive de y con ella con actitud hierática.
Lynne Ramsay desafía al espectador con secuencias más bien breves en las que importan los objetos, ciertos encuadres y en que los diálogos son escasos. Un pequeño martillo, mucha sangre, muchos cadáveres, un bosque hermoso, un rostro con una bolsa plástica como juego macabro (un niño primero, luego Joe), una oficina que pudo ser elegante pero que la iluminación fría y el montaje por momentos desquiciado la transforma en un lugar sórdido.
La ley y quienes la representan están fuera de cuadro aquí.
La línea de diálogo más larga, fuera del cotidiano, la pronuncia un senador, al contratar a Joe: “Házles el mayor daño posible”.
Con ello echa a andar su nueva misión.
En un plano general, amplio, en imágenes que simulan ser capturadas por una cámara de seguridad, Joe recorre los pisos de un hotel regando de cadáveres todo a su paso.
No han pasado muchos minutos del metraje cuando tras estas escenas se produce el punto de giro, aquello que alterará la rutina y las motivaciones de Joe.
En realidad, nunca estuviste aquí es un thriller dramático que rompe muchos cánones, una historia de crímenes, venganza y corrupción que no elude la sangre pero no se concentra en ella sino en el atormentado interior de un hombre que apenas puede armar en retazos lo que ha sido su vida y ni siquiera intenta -o no puede- ir más allá de ello.
Basada en la novela de Jonathan Ames.
Palma de oro en Cannes para Ramsey mejor guion (compartida) y para J. Phoenix.
You Were Never Really Here
Dirección y guion: Lynne Ramsay
Reino Unido, 2017.
Duración: 95 min.
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