Esta semana el Presidente Boric dijo que los bancos son “coñetes” por no realizar más y mejores préstamos.
De partida, la premisa es engañosa. Los bancos operan en base a emociones, como sugiere el Presidente. Los gerentes no toman decisiones en base a cómo se levantaron en la mañana o según lo que les dicta el corazón. Y ciertamente no deciden usar instrumentos financieros en base a buena o mala voluntad, se aplican en base a los incentivos del mercado.
Cuando la inflación se dispara, el Banco Central sube las tasas, y cuando suben las tasas, los márgenes de los bancos para distribuir más y mejores préstamos se reducen. No es magia, es teoría monetaria.
No se trata de querer ser “coñete”, se trata de reaccionar a incentivos económicos.
Y eso no es ni de cerca lo más extraño del episodio.
Si más encima se considera que el origen de lo que denuncia Boric está en su propio quehacer político, el asunto se vuelve tanto más entramado. Pues fue él mismo quien como diputado empujó los hechos que llevaron a que la inflación se disparara en un comienzo.
Al votar a favor, y pedir votar a favor de los tres retiros de fondos de pensiones, el diputado Boric no solo contribuyó directamente al forado que hoy existe en las cuentas corrientes de los pensionados, sino que además a generar un aumento exponencial del IPC.
El Banco Central estima que cuarenta por ciento de la inflación se explica por la mala política pública.
Todos los expertos lo dijeron: el aumento en la circulación de efectivo conduciría a un aumento en los precios, lo que a su vez conduciría a una restricción en los préstamos.
El Banco Central actuó porque no quedaba otra. No fue ni sorpresa, no hubo resistencia. Fue una reacción a una mala política pública.
Lo paradojal, entonces, es que fue el propio Presidente quien hizo la política pública que ahora critica.
Si la acusación de “coñete” no es de mala fe, es una opinión desinformada. O el Presidente busca antagonizar con el sector privado para conseguir un objetivo político o no entiende la situación.
¿Cuál es? ¿Se manifiesta para conseguir algo en particular o habla desde la ignorancia?
Pues bien, examinemos los hechos.
Si Boric realmente quisiera que los bancos dieran más y mejores préstamos, se preocuparía no solo de reactivar la economía, sino que generar buenos lazos con el sector privado.
Lamentablemente, no hay evidencia de ninguna de las dos cosas.
La primera, la reactivación económica, no parece estar entre las prioridades del gobierno. El Presidente dice que sí, pero no hay nada que lo avale. Tiene un gabinete procrecimiento que genera de todo menos crecimiento.
La segunda, la generación de lazos, tampoco parece estar entre las prioridades. Hace solo un par de semanas el Presidente pedía “más Narbona y menos Craig”. ¿Acaso esa es la forma de construir confianzas y entablar buenas relaciones?
Es evidente que ni la recuperación económica, ni la generación de lazos con el sector privado, son asuntos prioritarios para el Presidente.
Lo que queda en limpio es lo obvio.
La crítica de “coñete” es una estrategia política y no una preocupación genuina por el costo de los préstamos.
Presumiblemente, el Presidente entiende por qué el costo de los préstamos es caro, pero no está dispuesto a hacer lo que tiene que hacer para resolver el asunto, pues resolver el asunto implicaría jugar con las reglas de un juego que no quiere jugar. Si el Presidente quiere bajar el precio de los créditos debe montar al país sobre la senda del crecimiento, y para que eso ocurra, tendría que reducir los gastos y fortalecer al sector privado. Y aunque le gustaría que el país creciera, no está dispuesto a sacrificar lo que tiene que sacrificar para que eso ocurra.
Por lo demás, las frases y los conceptos como “más Narbona y menos Craig” y “coñete” son grito y plata para su base política. No son parte de un objetivo político sustentable a largo plazo, ni son instrumentos políticos formulados por expertos entendidos en políticas públicas. Son, muy por el contrario, una táctica diseñada para producir una reacción inmediata entre los sectores más movilizados.
Para la oposición, el tono es innecesario. Para el oficialismo, es justo. Por esto, no es casualidad que el Presidente justo haya emplazado al sector privado ahora, cuando está perdiendo el apoyo de los propios.
Quizás si Boric no hubiese caído seis puntos en la encuesta Cadem a comienzos de la semana no hubiese tenido la necesidad de tener insultar al sector privado.
Pero porque cayó, tuvo que generar una polémica artificial. Tuvo que agarrarse con la banca, el sector privado y los empresarios, solo para satisfacer a su base.
En fin, aunque quizás le pueda servir para remontar un par de puntos entre los suyos, de nada le servirá para reactivar la economía, generar confianzas, o ayudar a quienes les gustaría acceder a un préstamo.
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