El nuevo ensayo de David Rieff es un severo ajuste de cuentas con el pensamiento woke. El título lo dice todo: Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch. Básicamente, se trata de una aproximación crítica a los grandes caballos de batalla de esta mentalidad: la teoría crítica de la raza, la política de la identidad, el manifiesto por la diversidad, la igualdad y la inclusión, el feminismo radical, la monserga del victimismo y el trauma como base tanto de la política como de la acción cultural y el discurso terapéutico -cuasi religioso, en realidad- de la culpa y la expiación como territorio de encuentro del nuevo establishment académico-filantrópico-corporativo e intelectual, si no de Occidente en su totalidad, sí al menos de lo que Reiff identifica como la anglósfera, esto es, las zonas de predominio del inglés: principalmente, el Reino Unido, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y Canadá.
Reiff se pregunta si acaso la mentalidad woke no será otra cosa que el consenso que ha venido a reemplazar al viejo liberalismo, que fue en esas y otras naciones la tradición intelectual dominante tanto en la academia como en la política durante la mayor parte del siglo XX. Como esa antigua matriz liberal ha estado crujiendo en distintos ámbitos, según lo hacen ver fenómenos tales como la creciente desconfianza en la democracia y en la razón, y como distintas corrientes de pensamiento pulverizaron conceptos en otro tiempo ampliamente compartidos (verdad, realidad, objetividad, responsabilidad individual, autoridad, conciencia ética), corren tiempos de confusión.
No solo las humanidades están en bancarrota. También es un hecho que las universidades y los medios fueron capturados por los temas de la identidad y el tribalismo, por las liturgias del género y la diversidad, por la semántica burocrática de la corrección política y por el triunfo de la subjetividad como métrica indiscutible de validez y verdad en cualquier debate o conversación. Por eso estamos como estamos. El wokismo triunfó.
Esto es lo que tiene a la democracia arrinconada allí donde todavía respira, a la educación convertida en una industria de mediocridades, a las facultades de letras y ciencias sociales sobando papers y rizando el rizo, a los intelectuales embriagados en jerigonzas oscuras y consignas de manada, a los artistas golpeándose el pecho de acuerdo a la escolástica puritana y misional de fundaciones culposas y a la juventud milennial, regaloneada pero también dolida y frustrada, porque -¡qué horror!- no logra rediseñar el mundo a su pinta.
El libro de Reiff es ambicioso. Entrega una mirada amplia al wokismo y sus estragos. A veces el lector se pierde entre tanta sigla programática, entre tanta trivia académica o paracadémica privativa de los Estados Unidos. La confusión también responde a un orden expositivo un tanto caótico, puesto que Reiff va acumulando textos aislados, jerarquizados todos por igual, no obstante que algunos son resueltamente conceptuales, otros más bien periodísticos y no faltan los que caen derechamente en la casuística. No solo esto complica la lectura. Hay además un cierto abuso de la frase subordinada y de las frases entre guiones. Obviamente que estamos en problemas cuando la oración principal tiene dos líneas y cinco la frase complementaria que la corta.
Más allá de estas complicaciones, sin embargo, hay varios planos donde el trabajo de Reiff es, además de valioso, muy clarificador.
En el más revelador de todos, el autor desentraña la complicidad de los parámetros woke con el capitalismo, por recurrente que sea su retórica neomarxista y anticapitalista. No importa: es pura palabrería. Esto explica la facilidad con que enormes corporaciones -Disney, Netflix, consorcios mediáticos, laboratorios, petroleras, bancos- se han sometido sin problema, para escándalo de la derecha, a la dogmática woke y navegan en esas aguas muy lucrativamente, por lo demás. Curioso: el activismo woke cree haber ganado la batalla; y el mundo corporativo simula haberla perdido. En este baile de disfraces, ¿quién domina a quién?
En el plano político, además de radicalizar en todo el mundo a la derecha, lo woke vino a suplantar la sensibilidad de izquierda, convirtiendo lo que siempre fue una promesa de igualdad y bienestar público en un discurso de orgullo y afirmación de diversas causas (ambientalismo, feminismo, animalismo) y de distintos grupos o tribus (las minorías étnicas y sexuales, los inmigrantes, los temporeros…) dentro del cual ya no hay cabida para la idea de bien común.
Otro gran aporte de este ensayo es el que concierne a la devaluación o caída de la alta cultura para la mentalidad woke. Abajo los cánones. Abajo las estatuas. Nada con la tradición ni el pasado. Menos aún con los esfuerzos asociados a la educación del gusto y la percepción del arte. La alta cultura es por definición muy exigente. El daño por lo tanto ya está hecho: sale Shakespeare y entra Beyoncé. En el wokismo no hay cabida sino para la emoción recocida y pedestre. Es el triunfo del kitsch.
Buenísimas también son las reflexiones sobre las derivadas del mundo woke en el campo de la educación y la psicología. En la educación dada su resistencia a la idea de que alguien enseñe y pueda hacerlo ejerciendo una cierta autoridad. En el de la psicología, atendidas las distorsiones con que la conciencia woke asume la noción de trauma; al final, desde el lugar donde naciste hasta el color de tu piel, desde tu erótica hasta tu inserción en el lenguaje, todo es traumático. Ante semejante cuadro, lo más recomendable entonces es pedir hora con anticipación.
Rieff se pregunta si lo woke no será solo una moda, un ciclo, un proceso que en varios frentes pareciera comenzar a revertirse. Efectivamente en algunos planos este discurso está enfrentando viento en contra. Pero es dudoso que muchas de sus cuñas y conquistas puedan ser erradicadas. Tal como algunas pestes, dejará marcas para siempre.
Deseo y destino.
Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch.
David Rieff. Debate, 2025. 247 pp.
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El thriller que trae de regreso a Keira Knightley se estrena en Netflix. Por (@ana_josefa). https://t.co/GYLdAu11PU
— Ex-Ante (@exantecl) October 10, 2025
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