¿Se pueden ganar elecciones atacando ideas que antes promoviste? Por supuesto. La historia está llena de casos y Chile no es la excepción. El propio Presidente Boric es un ejemplo de aquello. El Boric candidato de segunda vuelta hizo del Gabriel Diputado una suerte de antagonista. La impostura sirvió para ganar en las urnas, mas no en las ideas.
Llegada al Ejecutivo, la coalición de Gobierno del Primer Mandatario ha experimentado un desfonde no tan sólo ético, tras el caso Convenios, sino que también político y doctrinario. Ya no hay programa, no hay liderazgos, no hay proyecto.
Es tan desolador el panorama que la izquierda ha debido buscar refugio en la guarida política más inhóspita, para evitar así un desfonde mayor: la opción En contra en el plebiscito del próximo 17 de diciembre. Lo que, en la práctica, supone reivindicar la Constitución de Jaime Guzmán, reformada en 2005, por Ricardo Lagos. Guzmán y Lagos, dos de los liderazgos más repudiados por la generación frenteamplista.
Definitivamente la historia está llena de vuelcos insospechados. El mismo texto que se juramentaron sepultar es, paradójicamente, el que les permitiría evitar una tercera derrota electoral tras el referéndum de septiembre de 2022 y la elección de consejeros constitucionales de mayo de 2023.
En caso de que sea la opción En contra la que se imponga en las urnas, más de algún oportunista en La Moneda intentará apropiarse del triunfo. Falseando el hecho de que no triunfas cuando pretendes conservar ideas en el ámbito constitucional con las que nunca comulgaste. Hay ocasiones en que un revés electoral puede ser una victoria cultural, pero también, un éxito electoral puede ser una bancarrota cultural: ganar con banderas ajenas, arriando las propias. Eso es, para la izquierda, el triunfo del En contra.
Si gana el En contra en ningún momento podría ser entendido como un triunfo del Gobierno porque, en estricto rigor, este sería un triunfo de la anti política, la cruda imposición del cansancio y hastío con un proceso constitucional que poco y nada tenía que ver con las reales aflicciones y angustias de la ciudadanía. Diagnóstico extraviado, pero que fue, en forma oportunista, guiado por la actual generación gobernante, en medio de la destrucción y caos del estallido de octubre de 2019. Fue tan errónea la premisa de que los problemas de Chile eran de índole constitucional, que el proceso terminó por volcarse, en su segunda etapa, contra ellos mismos.
Pero el balance de derrotas culturales de la nueva izquierda en su paso por La Moneda no se inicia ni se agota con el debate constitucional.
Otro buen ejemplo de la capitulación ideológica es el vuelco insospechado que ha tenido la administración Boric respecto de la aplicación de los estados de excepción constitucional en la macrozona sur. De repudiar esta iniciativa, votando siempre en contra en su rol como parlamentario, junto con acusar de manera altiva y vociferante “criminalización en el Wallmapu”, el Gobierno encabezado por Boric ha decidido renovar en 35 oportunidades el Estado de Excepción. Sí, nada más ni nada menos que 35 veces.
Como si no bastara con esto, el último gran cambio de parecer frenteamplista se vincula con la idea de la gratuidad universal en la educación superior. El gran caballito de batalla de la generación de Boric, Jackson y Vallejos. Una política pública por la que se movilizaron, que tanto promovieron y anhelaron. Una suerte de fórmula escatológica para el ideario neo izquierdista, pero que más temprano que tarde, devino en calamidad para las instituciones adscritas a ella, muchas de las cuales, se encuentran, hoy, al borde del default financiero.
La Universidad Austral de Valdivia acumula pérdidas por más de 28 mil millones de pesos, en los últimos 3 años. La Universidad de Concepción presenta pérdidas por 9.561 millones y ni hablar de la Universidad de Aysén. Probablemente el capricho ideológico más emblemático de la idea de educación pública estatal, gratuita, de “calidad” y con presencia regional, con plantas docentes completas atiborradas de pseudo académicos con nexos políticos, rectores militantes, estimaciones de demanda por admisión insatisfechas y pérdidas financieras por sobre los 2.500 millones de pesos.
La situación respecto de la gratuidad ha llegado a tal nivel de colapso, que el diputado de Revolución Democrática Jaime Sáez, integrante de la Comisión de Hacienda de la Cámara indicó en una entrevista radial que: “siento que la gratuidad como una cuestión universal, es algo que a lo menos merece ser conversado y eso significa un planteamiento diferente al que nosotros teníamos hace diez años atrás, u ocho años atrás“.
A confesión de partes, relevo de pruebas. Diputados del Frente Amplio abiertos a revisar -con tono de arrepentimiento- su principal “legado”. Un auténtico filicidio político: un progenitor abierto a dar muerte a su propia cría ¿puede haber algo que retrate de manera más nítida el fracaso generacional?
Quizás el principal legado de esta generación no sea otro que haberse volcado en contra de sí misma.
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