-¿Qué piensas sobre este proyecto de acuerdo de los diputados que condena la violencia, apuntando a la izquierda que apoyó el estallido social?
-Es lo mismo que pasa con la famosa declaración que el gobierno quiere que todos firmen sobre el golpe y las violaciones a los derechos humanos. Si no son unánimes, no tienen ningún sentido. En el fondo es un gesto político que busca arrinconar a otro sector por las razones que sean. No es algo genuino.
-El diputado republicano Cristian Araya dice que los comunistas y frenteamplistas legitimaron la violencia, incluso recibieron con aplausos a los encapuchados.
-No es un proyecto constructivo, como sí sería un acto solemne de toda la Cámara de Diputados que condene el uso de la violencia política. Es una maniobra para tratar de horquillar a la izquierda. Y sobre todo para justificar que la propia derecha no va a firmar el documento de condena a los atropellos a los derechos humanos que se produjeron después del golpe. Parece un juego político que no ayuda en nada a crear un consenso honesto respecto de un tema tan relevante.
-¿Y esta idea de Boric de lograr un acuerdo a propósito de los 50 años del golpe, también te parece que tiene poco fundamento?
-No, yo creo que sería muy importante que todos los sectores políticos lo firmaran. Va a depender del texto. Pero en principio me parece bien que transcurridos 50 años de un hecho tan traumático, pudiera haber un gesto en que todas las fuerzas políticas del país, reiteren su respeto a los derechos humanos, el no uso de la violencia en política. En fin, creo que es una buena iniciativa. Pero los parlamentarios parecen estar en un plan de jugar al empate.
-Lo curioso es que digan “actos irracionales de violencia”, como si hubiera actos razonables de violencia…
-No existe un acto de violencia racional que merezca ser aplaudido. Algunos en la derecha creen que las violaciones a los DDHH después del golpe tuvieron algún grado de racionalidad, lo que sería absurdo. Y si uno pone sobre la balanza la violencia ejercida por los militares después del golpe y, al lado, el estallido social, no hay ningún punto de comparación.
-En términos de magnitud, son de otro orden.
-Por supuesto. Hay una cierta puerilidad en la conducta de los parlamentarios que propician estos acuerdos, porque son absurdos. Lo mismo que quiso hacer el Partido Comunista de dejar sin efecto el acuerdo de la Cámara del 22 de agosto del año 73, que declaró la inconstitucionalidad de la UP. Ridículo.
-¿Hace mal la derecha al restarse, hasta ahora, de un acuerdo con Boric por el golpe?
-La derecha no quiere comparecer públicamente junto con el gobierno. No tiene ningún incentivo para hacerlo porque su electorado no quiere participar en nada ligado a Apruebo Dignidad.
La iniciativa del Presidente Boric está chocando contra una nueva realidad política que hay en el país, donde hay una oposición que ha tomado la determinación de no darle al gobierno ningún espacio. La derecha quiere sintonizar con la gente que votó por el rechazo y que obviamente detesta al gobierno.
-Alfredo Jocelyn-Holt decía, respecto de la conmemoración oficial de los 50 años, que estamos ante un circo pobre. ¿Estás de acuerdo?
-No. Pero no porque no haya circo y que sea bastante delirante (que es así), sino por la forma como se están comportando en el Congreso hace mucho rato. Después del proyecto constitucional fracasado y el triunfo arrasador del Rechazo, se dio vuelta la tortilla. Se fue a otro extremo. Entonces, la gente que pudo haber simpatizado con el golpe militar y la derecha en general, hoy día no siente ningún sentimiento de culpa por haber apoyado a Pinochet.
-¿Por qué?
-Porque vieron a un sector de la izquierda en acción, que trajo al presente una violencia política que todos pensábamos que era algo del pasado. El estado de ánimo de un sector de la población cambió. Por eso se ha producido, aunque sea difícil aceptarlo, una revalorización positiva del golpe militar. Aunque se pueda seguir diciendo que la violación a los derechos humanos estuvo mal, hay una revalorización positiva de lo que hicieron las FFAA el 11 de septiembre de 1973.
-¿Dices que un sector salió del armario y reconoció justificar el golpe?
-Sí. Una parte de la derecha que hasta hace unos pocos años atrás se sentía arrepentida por el golpe militar, hoy día ese sentido de culpa ha desaparecido completamente. Y también por una razón extra: se han publicado muchos libros en los últimos meses, como el de Daniel Mansuy o el de Patricio Aylwin, que aportan mucha evidencia de la irracionalidad con que se comportó el Partido Socialista y el Comité Político de la Unidad Popular.
-¿Qué rol jugó Allende en esa tendencia?
-El presidente Allende no tuvo firmeza para haber adoptado oportunamente medidas que habrían podido evitar el golpe de Estado. Hay elementos nuevos que apuntalan la idea de que la izquierda tuvo una cuota de responsabilidad muy importante. Y frente a eso la derecha no está dispuesta a hacer nada, mientras la izquierda no asuma su propia responsabilidad, por decirlo de alguna manera.
-¿Compartes la idea de que la izquierda apoyó en general la violencia del estallido? ¿Hasta qué punto?
-Es un hecho de la causa en materia jurídica. Hay ciertos episodios que son tan públicos y notorios que no requieren evidencia. Creo que un sector importante de la izquierda, incluyendo sectores del Partido Socialista, del Partido Comunista y del Frente Amplio, apoyaron la violencia del estallido social. La respaldaron. La senadora Adriana Muñoz invitó a la primera línea al Congreso, al Salón de Honor. En la Convención se le rindió un homenaje.
Y en cierto modo, los convencionales de izquierda, se veían a sí mismos como continuadores de un proceso que había nacido en el estallido social.
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