La sensación que queda al leer el IPoM de septiembre es que vivimos en una economía mediocre y sin expectativas de mejora. Una inercia que ni siquiera alcanza para un desempeño regular, porque nuestra realidad está –incluso – por debajo de esa calificación. Aun cuando el Banco Central se esforzó en decir lo anterior de la forma más elegante que pudo. A saber:
Por lo anterior, cuando mencionan que la inflación tendrá un descenso más rápido que lo previsto en junio producto de la demanda interna. Nos está diciendo que, en vista que la economía continuará muy fría y sin indicios de mejoras en el empleo, no existirá consumo ni inversión que presionen los precios al alza. Porque los hogares no tienen dinero para salir a comprar y las empresas para invertir.
Y si bien al finalizar la lectura del reporte, usted quedará convencido que a nuestra economía le falta mucha energía y en su futuro sólo existe desesperanza, recuerde que gran parte de las variables antes descritas son absolutamente controlables. Y es que se trata de factores plenamente gestionables por el Estado, quien cuenta con el poder y los instrumentos para cambiarlos. Es cosa de decisión, mucho coraje y colaboración del sector privado.
Lo que revela el IPoM de septiembre: Una economía enfriándose con alza en la inflación.https://t.co/XQxIofJcl8
— Ex-Ante (@exantecl) September 4, 2024
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El problema es cuando se instalan por inercia. Sin preguntarse qué comportamiento están empujando. Porque cuando los incentivos están mal diseñados, no dejan de ayudar: empiezan a dañar.