Marzo 13, 2021

Opinión: Sebastián Piñera, un presidente sin quilla (y recuerdos de un diálogo con Jaime Guzmán)

Jorge Schaulsohn
Agencia Uno

Al Presidente le pasó la cuenta su pragmatismo, su falta de visión, su cosismo. Piñera es, en mi opinión una muy buena persona, pero un individualista empedernido que solo hace lo que le conviene a él. No es capaz de tener un proyecto colectivo que lo apoye y sustente cuando las cosas se ponen feas.

La promesa que no se cumplió: El jueves recién pasado se cumplió el tercer aniversario año de gobierno del presidente Piñera, pero a ratos pereciera el sexto de Michele Bachelet. Llegó al poder  con un discurso agresivo y rupturista prometiendo reemplazar “democráticamente a un muy mal gobierno” al que acusaba estancar la economía, destruir  la inversión y debilitar las instituciones.

  • Prometió recuperar el empleo y el crecimiento, derrotar la delincuencia y poner orden en la Araucanía lo que sintetizó en su slogan de campaña “Construyamos  Tiempos Mejores.” Su mensaje sintonizó bien con el estado de ánimo de la población porque la verdad sea dicha Bachelet terminó su gobierno en el suelo.
  • Presentó un documento de 142 páginas en cuatro capítulos y 745 medidas con las cuales, según declaró, su gobierno se haría cargo del “malestar social”, por lo que resulta extraño que el estallido  social que lo mató lo haya pillado totalmente desprevenido.
  • Atosigó con anuncios de diferentes programas; “guerra sin cuartel” contra el despilfarro, Clase Media protegida para defenderla ante las principales problemáticas sociales, la “intermediación Laboral” en caso de desempleo para “facilitar la rápida reincorporación  al mercado laboral y potencial la empleabilidad”, una Reforma de Pensiones para mejorar el pilar solidario, sin que se le pasará por la cabeza tocar ni con el pétalo de una rosa a las AFP.

Ni proyecto ni relato épico:  El presidente Piñera hizo lo que sabe hacer, poner sobre la mesas un conjunto de ofertones  concretos para revertir la decadencia económica que la mayoría de la población sentía como la herencia del gobierno de la Nueva Mayoría y que lo llevó a obtener un contundente triunfo en la segunda vuelta, frente a un pésimo candidato como Alejandro Guiller.

  • Pero nunca fue capaz de plantear un proyecto político coherente, unificador, que lo trascendiera a él mismo, que le diera sentido a su gobierno más allá de las cifras y promesas, basado en las ideas de la centro derecha y que le permitiera resistir si las cosas no funcionaban como él esperaba.
  • Y eso fue justamente lo que pasó.
  • Cuando la economía no repuntó como se esperaba, cuando el “efecto Piñera” -en contraste con la “pesadilla” de Bachelet, del que se hablaba por esos días- no fue suficiente para recuperar el empleo ni el crecimiento se vino la decepción.
  • Piñera había establecido una relación puramente transaccional (como lo hace en todo) con los ciudadanos. Como la de un banquero al que tratamos con respeto mientras nos tramita el préstamo y odiamos ipso facto cuando nos lo niega.

El pragmatismo pasa la cuenta: El estallido social encontró al presidente Piñera muy debilitado, mal en las encuestas y con una coalición sin sentido de propósito, poco fraterna, envuelta en luchas de poder, sin un relato épico ni mística que le permitiera conservar el apoyo de la ciudadanía cuando sus promesas no se materializaban.

  • Todo lo contrario de lo que sucedía en la izquierda, cuya relación con las masas jamás es transaccional y fue energizada por las manifestaciones, embriagada por haber encontrado en la calle lo que no había sido capaz de conquistar en las urnas.
  • En esos momentos angustiosos al Presidente le pasó la cuenta su pragmatismo, su falta de visión, su cosismo. Piñera es, en mi opinión una muy buena persona, pero un individualista empedernido que solo hace lo que le conviene a él. No es capaz de tener un proyecto colectivo que lo apoye y sustente cuando las cosas se ponen feas.
  • Recuerdo haber participado en una marcha hacia el final de la UP cuando el país estaba sumido en una espantosa crisis y el gobierno tenía los días contados y ver que la gente marchaba con letreros que decían “este gobierno es una mierda pero es nuestro gobierno”. Al presidente Piñera jamás le pasará eso.

Un recuerdo de Jaime Guzmán: Eso explica la inepcia total con que el presidente enfrentó el estallido; fue incapaz de comunicarse con la ciudadanía confundida, de construir un mensaje coherente, de contextualizar en términos políticos lo que estaba ocurriendo.

  • Ante el colapso del cosismo no tuvo nada que ofrecer salvo más cosas que, como era lógico, siempre serían insuficientes y al final se rindió para sobrevivir.
  • Escribiendo esta columna se me viene a la memoria una conversación que tuve en el comedor del Senado con Jaime Guzmán, con quien a pesar de nuestras grandes diferencias trabé una suerte de relación personal, si bien no de amistad.
  • Hablando de Piñera me dijo que no le gustaba porque no tenía “Quilla” (la pieza más importante de la estructura de un barco). Guzmán me explicó que un político al igual que un barco anclado en la bahía puede  moverse de un lado para otro y darse muchas vueltas con las mareas; siempre y cuando tenga una buena “quilla”, lo que para él equivalía a un proyecto político colectivo definido que guiara todas sus acciones.

 


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