Un salto político. En menos de un mes Paula Narváez pasó de ser una ex funcionaria de la Nueva Mayoría a la persona con mejores prospectivas de ganar la nominación de Unidad Constituyente para la elección presidencial de 2021. A pesar de no haber marcado ninguna sola vez en las encuestas de opinión pública, hoy es quien concita mayor atención y reúne más apoyo entre los principales tomadores de decisión de la coalición. Hay varios factores que explican el salto.
La más parecida entre los más parecidos. Lo anterior le da una ventaja relativa sobre los otros, que a todas luces parecen ser y ofrecer más de lo mismo. Y a pesar de que Narváez, al igual que ellos, ha sido una militante disciplinada a lo largo de toda su vida política, su ascendencia bacheletista es lo que le permite escapar de cualquier simplificación inoportuna. Ser la más parecida a Bachelet, entre los más parecidos a Bachelet, es lo que hasta el momento más le ha servido para instalarse en la carrera.
Primer dilema: el dedazo. Todo eso no implica que tiene el camino despejado. Por lo pronto, deberá justificar su nominación. Haber saltado de la cola a la cabeza de la carrera presidencial entre gallos y medianoche tiene poco que ver con su mérito personal y mucho con el endoso de Bachelet. Es ingenuo pensar en un ascenso sin la intervención de la expresidenta.
Segundo dilema: la continuidad. Narváez ha manifestado su intención de competir en las primarias legales del sector, lo que debiese resolver parte de lo anterior. Pero si gana esa primaria, seguirá siendo la elegida de Bachelet. Haber sido nombrada a dedo es un fantasma que la perseguirá por el resto del ciclo electoral. Aquello representa un segundo dilema: cómo despegarse del legado de la expresidenta.
Tercer dilema: la ambigüedad. Si Narváez no se traslada suficientemente a la izquierda, arriesga perder terreno contra Daniel Jadue, el candidato de la oposición hasta ahora más competitivo. Si no se traslada suficientemente al centro, arriesga perder el apoyo de la DC, que, pese a su mal momento, aún tiene la capacidad de movilizar a un electorado relevante. Si hace ambos, arriesga ser ambigua.
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