Junio 6, 2021

Opinión: La reconstrucción de la derecha y su disyuntiva entre dos caminos. Por Kenneth Bunker

Kenneth Bunker
Créditos: Presidencia

La derecha chilena atraviesa una crisis total, navega sin rumbo y tiene dos grandes caminos para resolver el tema. Insistir en lo que ha hecho o proponer un modelo alternativo que haya sido exitoso en otros lugares.  No es una dicotomía nueva. Pero la experiencia muestra que el Presidente se queda a mitad de camino. En el estallido social no hizo lo suficiente para defender a su sector ni para hacerse cargo de las demandas ciudadanas.

La crisis. Con menos de 1/3 de los constituyentes, y por debajo de los independientes en número de escaños, la derecha fue una de las fuerzas más dañadas de la elección de convencionales constituyentes. La coalición del gobierno quedó al borde del colapso, sin una explicación para la derrota, ni un plan para salir del hoyo.

  • La crisis es total no solo por la derrota, sino que también por el contexto en que se produce: con Piñera en su piso de aprobación presidencial y una coalición que no se logra ordenar para apoyar a su gobierno. Son pocos los elementos que se pueden rescatar para analizar la situación con optimismo. Incluso en el escenario más generoso, todo apunta a una profundización del desastre.
  • Por lo mismo, las posibilidades de hacer algo útil a corto plazo para rescatar a la coalición de un naufragio mayor son limitadas, y por la falta de voluntad de las partes para concordar en una salida coordinada de la debacle la reparación estructural es improbable. Hay mucho en juego y, al parecer, se definirá todo en la elección presidencial y legislativa de noviembre, que se acerca a pasos agigantados.

 

De algo a nada. En los últimos dos meses la derecha pasó de sumar más de la mitad de las preferencias en las encuestas presidenciales a tener una minoría relativa. Más específicamente, pasó de tener el candidato favorito para ganar la elección, Joaquín Lavín, a estar sometidos a la dominación de Daniel Jadue. La derecha pasó de tener la mejor posibilidad de ganar la presidencial, a depender de la coordinación de la oposición.

  • Si la tendencia se mantiene, y Lavín va de salida y otro viene al alza, las prospectivas no son mucho mejores. Por ejemplo, si el candidato finalmente es Sichel, Desbordes o Briones, la derrota para el establishment de la coalición sigue siendo solemne, pues ninguno de ellos viene del linaje tradicional de la alianza. Es decir, en el mejor de los escenarios alternativos, la señal sigue siendo una de castigo.
  • La pregunta no es solo cuánto puede hacer el presidente y el gobierno para maximizar la posibilidad de su continuidad, sino que también cuánto puede hacer para identificar y desarrollar el marco dentro del cual se desarrollara la derecha en los próximos años. Hoy, la administración titular, con todos sus defectos, está en una posición para manejar esos tiempos. La disyuntiva no es si debe hacerlo o no, es cómo y cuándo debe actuar.

Dos caminos. Para resumir un problema complejo de una forma simple, existen dos grandes caminos para resolver el tema. Uno es insistir en defender la agenda valóricamente conservadora y económicamente liberal que se ha custodiado desde al menos 1990, y otro, muy distinto, es ceder ante la presión y proponer un modelo alternativo, menos tradicional y más abierto a alinearse con la apertura que la ciudadanía hoy demanda.

  • Optar por la primera ruta no solo implica defender lo que hay, sino que también hacerlo con mayor fuerza y agresividad. Es una respuesta a quienes han reclamado que el gobierno no ha hecho lo suficiente para defender el modelo. Por el contrario, ceder ante la presión del momento constituyente significa entrar en un territorio desconocido. Pareciera ser el camino obvio a esta altura, pero es también el más difícil de recorrer.
  • Cuando Piñera encaró el estallido social de 2019 se enfrentó a un escenario similar. Y, si esa experiencia dice algo, es que ante disyuntivas del tipo el presidente queda a mitad de camino. En esa ocasión, por ejemplo, Piñera no optó por ninguna de las dos rutas: quedó en un espacio gris, donde no hizo lo suficiente para defender a su sector, ni lo suficiente para hacerse cargo del fondo de las demandas ciudadanas.

 

El pecado original. La experiencia del estallido social explica por qué los dos caminos no son una falsa dicotomía. Lo que lo que faltó a Piñera y su gobierno fue avanzar con decisión en una sola línea. Cuando tuvo la oportunidad de reaccionar de forma dura o de forma blanda, no hizo ninguna de las dos. Quedó a medio camino, profundizando la crisis en su sector, y deslegitimándose ante la oposición y la ciudadanía.

  • La redención de la derecha pasa por su capacidad de entender lo que no se hizo y lo que se hizo mal. Si la derecha, hoy comandada débilmente por el presidente y su gobierno, decide una vez más actuar con parsimonia ante el proceso de profundas transformaciones estructurales por las cuales pasa el país, quedará incluso más arrinconada de lo que ya está. Le pasará la batuta a la oposición sin ninguna resistencia.
  • Si Piñera y el gobierno no hacen más para definir una hoja de ruta para su sector, quedará sin representación ni en el gobierno, ni en la legislatura, ni en el proceso constituyente. Hoy, la derecha está total y absolutamente deslegitimada ante la ciudadanía. Está a contrapié con lo que pasa en el país, y su incapacidad de definirse oportunamente ante todas las coyunturas del pasado hacen bastante para explicar su fracaso.

 

Una ruta hacia adelante. La derecha debe tomar cuenta de la derrota y comenzar el proceso de reconstrucción antes que sea demasiado tarde. Una derrota más y quedará marginada de todos los espacios de decisión. Ya es un sector prescindible en el proceso constitucional, y si repite su rendimiento  en la elección de senadores y diputados, podría quedar sin siquiera poder influir en el rumbo legislativo del próximo cuatrienio.

  • Escoger una ruta no es fácil, sobre todo cuando quien está llamado a hacerlo está deslegitimado y cuestionado políticamente. Pero no por eso se debe postergar la decisión. El futuro de la derecha está en juego en estos meses, no el próximo año. La señal que mande la coalición en las próximas semanas, en particular después de las primarias presidenciales, serán claves para definir el futuro del sector.
  • Considerando que la ruta de defensa irrestricta de lo que existe ha fracasado, con un 80% votando en contra de aquello en el plebiscito, y solo un 20% votando a favor de sus defensores en la elección de constituyentes, parece ser claro que insistir en el atrincheramiento es una receta de autodestrucción. Por lo mismo, la derecha necesariamente tendrá que optar por la segunda ruta si es que quiere tener alguna posibilidad de sobrevivir lo que viene.

 

El modelo. La derecha debe desanclarse por completo del legado de la dictadura y debe estar dispuesta a hacer concesiones que hasta ahora los poderes fácticos le han implícitamente prohibido. Sus principales partidos pueden mantener la centralidad de la tradición como hilo conductor, pero deben estar dispuestos a abrirse a nuevos paradigmas. Deben estar dispuestos a renovarse por completo si es necesario.

  • La reconstrucción de la derecha debe realizarse con base en algún modelo que ha mostrado ser exitoso en otros lugares. Considerando los resultados de las dos últimas elecciones (2020 y 2021), un modelo posible es el que forjó el Partido Conservador de Reino Unido previo al Brexit, cuando logró proponer una vía en que conservadores y liberales pueden coexistir y trabajar en conjunto para mejorar el rol del Estado en la entrega de servicios públicos.
  • Lo único claro es que hoy la derecha chilena navega sin rumbo. Si nada cambia, el presidente y su coalición seguirán enemistados, mientras que la oposición (con todos sus defectos) avanzará a pasos agigantados hacia la hegemonía. Si todo se mantiene igual, la derecha llegará sin una propuesta a la elección de noviembre, y perderá esa elección como las dos anteriores. Las consecuencias acumulativas serían catastróficamente irreparables.

 

 

 

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