En las políticas adoptadas para enfrentar la pandemia se han instalado una serie de falacias que al país le están costando caro y que ya nadie cuestiona. Decisiones tomadas respecto de las ayudas sociales, el IFE y de la llamada “fatiga pandémica” son parte de un conjunto de medidas cuya explicación se encuentra más en la lucha por el poder que en el combate al coronavirus.
La plaga de las falacias. De un tiempo a esta parte casi toda la actividad pública está plagada de falacias, es decir afirmaciones que parecen ser válidas, pero no lo son. La falacia se diferencia de un error lógico común porque oculta, intencionalmente, su invalidez. Es pariente cercana de las “fake news”. Aquí van algunos ejemplos.
La pandemia y la política. El combate a la pandemia se ha transformado en parte clave de la lucha por política y del poder. La oposición ha instalado la falacia de que el gobierno lo ha hecho pésimo, que es directamente culpable de los muertos que no supo evitar, que el consejo asesor no existe, que la gobernanza de la crisis sanitaria está manos de unos pocos políticos sin la participación de expertos y que urge cambiarla radicalmente.
El IFE y sus enigmas. Así llegamos al IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) que aportará $500.000 mensuales a casi toda la población del país, con un costo de U$20.000 millones solo considerando los meses de junio, julio, agosto y parte de septiembre.
“La fatiga pándemica”. Sabemos que las cuarentenas no funcionan porque un gran número de personas simplemente no cumple las reglas. Son los mismos que no se vacunan, que rompen los cordones sanitarios, no respetan el toque de queda y hacen fiestas clandestinas. Ante esta realidad totalmente fuera de control y para justificar el fracaso colectivo -que no tiene nada que ver con la falta de ingresos- la autoridad acuñó un nuevo término: “La Fatiga Pandémica”.
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