Junio 5, 2021

Opinión. Más allá del pesimismo: el vaso medio lleno de la crisis. Por Camilo Feres

Ex-Ante
Agencia Uno.

Las élites han perdido el consenso y con él su capacidad de dirigir en la esfera de lo público. Dado que las premisas anteriores han sido demolidas, es natural que esta inestabilidad derive en temores y ansiedades. Nadie puede asegurar que aquello que está naciendo o por nacer será mejor. Sin embargo, no es necesario ser un optimista esotérico o metafísico para ver brotes verdes.

La crisis de la transición. Gramsci sitúa la crisis en el momento en que las clases dirigentes pierden el consenso y dejan de ser dirigentes y pasan a ser sólo dominantes y las masas se alejan de las ideologías tradicionales y dejan de creer en lo que creían. La crisis, entonces, se ubica en el momento en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer y “es en ese interregno en el que se verifican los fenómenos morbosos más variados”.

  • La situación política y social de Chile en la última década ha transitado por el tortuoso camino de la demolición de un consenso (la transición), en el cual las élites operaban con un marco común sobre temas relevantes de lo público, como una concepción de justicia distributiva (la focalización); un régimen político (presidencial, mayoritario, partidocéntrico) y una suerte de deferencia ritual en el trato institucional.

¿Cómo evaluar la salud de una democracia? Si tomamos las investigaciones de Acemoğlu y Robinson (Por qué fracasan los países) o las de Ziblatt y Levitsky (Cómo mueren las democracias),  un buen predictor de éxito para los países y  sus democracias es el funcionamiento de las instituciones. Además de una serie de normas no escritas que permiten dirimir los conflictos de manera pacífica y generativa.

  • La experiencia reciente podría ser vista como un indicador de lo contrario: el principio de autoridad y de orden se ha diluido; las instituciones no han dado el ancho, se desploman y son puestas en jaque por grupos que no buscan ninguna resolución pacífica. Pero la invitación es a ver estas fuerzas emergentes, de naturaleza destituyente y de carácter violento, como solo una de las múltiples expresiones de la crisis.

¿Dónde está el vaso medio lleno? En la revisión de hitos de este proceso de crisis existen tres movimientos sociales cuya entidad, profundidad y efectos performativos son los más relevantes: movimiento estudiantil, movimiento feminista y estallido social. Pues bien, los tres movimientos están siendo procesados por la institucionalidad de forma pacífica.

  • Todos han tenido episodios de violencia, algunos de mayor crudeza, pero, hasta ahora, tanto los temas emergentes como muchos de los liderazgos surgidos al alero de estos movimientos han sido canalizados a un diálogo institucional y reglado… No es poco.
  • Este camino no ha sido lineal y ha requerido cada vez de mayores apoyos externos. El primer movimiento estudiantil (2006) fue tomado por el sistema político tradicional y derivó en un acuerdo “transversal” para superar el conflicto, pero en 2011 volvió con mayor fuerza y menos paciencia.
  • El movimiento estudiantil logró poner a la educación en el primer lugar de la agenda; puso en jaque el status quo; desafió a la autoridad y borró una parte angular del consenso de la transición: la focalización.
  • Las instituciones se vieron desafiadas y debieron adaptarse. Pero lograron abrigar tanto la nueva demanda por educación pública, gratuita y de calidad (vía reformas) como a los nuevos actores nacidos del movimiento, que formaron colectivos; partidos; una identidad parlamentaria (bancada estudiantil) y posteriormente una coalición (Frente Amplio).
  • El movimiento feminista ha seguido una ruta de integración algo diferente y aún inconclusa. A nivel de reformas, sus rendimientos se ven desde la incorporación de nuevos tipos penales hasta cambios de regulación en materia de empleo, filiación y otros. También en debates sobre género e identidad y en un avance significativo con la paridad como regla para la elección y conformación de la convención constituyente.
  • Bastante más conflictivo ha sido el denominado Estallido de Octubre. Pero hitos más o menos, desde octubre 2019 -pandemia mediante- buena parte de la demanda susceptible de ser politizada ha comenzado a encausarse.
  • El estallido derivó en un cronograma constituyente, del cual ya llevamos realizados dos hitos relevantes: puso en jaque no solo a la autoridad sino la presencia territorial del Estado (en materia de orden y seguridad, pero también su capacidad para acceder a las personas, como lo reflejan las dificultades para distribuir las políticas sociales en pandemia).
  • De octubre 2019 quedan también instaladas las demanda de inclusión (dignidad) y de reconocimientos identitarios y nacen por cierto un conjunto de liderazgos y colectivos que politizan esas demandas al punto de convertirlas en agenda.

Se necesitan refuerzos. Ni las instituciones, desgastadas por cansancio y por impugnación; ni las leyes; ni el sistema político han podido encausar el estallido. Pero se desplegaron otros actores para aspirar a un encausamiento pacífico del conflicto: organizaciones de la sociedad civil; mundo académico -universidades y centros de estudio-; organizaciones barriales; movimientos temáticos, entre otros; han operado como puente entre una sociedad hastiada y un sistema político que no la vio venir y carecía de instrumental y experiencia para comprenderla.

  • Como el movimiento estudiantil, el estallido ingresó sus demandas y liderazgos a la institucionalidad. No todos los de la marcha del millón tendrán un escaño en la Convención Constituyente, pero su fuerza de impugnación y sus discursos más altisonantes, se hicieron presentes en la elección tanto como repudio a los partidos tradicionales, como a través de escaños que serán ocupados por independientes de distinto cuño. En simple, hasta los que no respaldaron el acuerdo que dio forma al proceso constituyente estarán dentro de la convención: los que llamaron a rodearla ahora están dentro de ella.
  • Pero también los nuevos actores no institucionales del proceso son parte de éste. Una porción de las agrupaciones que se dieron cita para fomentar un diálogo, ahí donde solo primaba el enfrentamiento, son parte de los elegidos en la lista de independientes no neutrales; mientras que las organizaciones de las que provienen se mantienen en actividad para contribuir al encuentro de este nuevo país que chocó en las calles.
  • Organizaciones como Nuevo Pacto Social; Espacio Público; Tenemos que hablar de Chile; Fundación para la superación de la pobreza; la Comunidad de Organizaciones Solidarias, entre otras miles menos reconocidas, construyeron un tejido que vino a llenar los vacíos de ese Estado que se develó ausente y de las instituciones que resultaron incompetentes.
  • Cuando la perplejidad ante el resultado de la elección de convencionales dio paso a la anticipación de escenarios de catástrofe, las dos principales universidades del país congregaron a 107 de los electos a un diálogo. Así, esta vez son las prácticas sociales, alojadas ahora no en las instituciones sino fuera de ellas, las que está devolviendo pulso y bajando la temperatura de este proyecto colectivo llamado Chile.
  • Ahí donde la política y las instituciones no han funcionado, la sociedad organizada en diverso grado si ha estado a la altura. Y aun cuando el resultado sigue siendo noticia en desarrollo, hoy sabemos que ese desenlace no depende única y exclusivamente de esa élite que extravió el consenso y, con él, su posibilidad de ser “dirigente”.

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