Mayo 29, 2021

Ampuero y su novela sobre el 18/10: “Todo lo que el libro ubica en Chile ha ocurrido o ha sido abortado en la región”

Ex-ante

El ex canciller y actual embajador de Chile en España, el escritor Roberto Ampuero, acaba de lanzar la octava novela protagonizada por su detective Cayetano Brulé (DEMONIO, Editorial Sudamericana, 425 páginas), que esta vez investiga un extraño asesinato en el metro de Santiago, cuya trama gira en torno al estallido social del 18/10. En el libro, Ampuero aborda la crisis de octubre de 2019 desde varias perspectivas y, como siempre, se sumerge desde la ficción en la actualidad y la conecta con los mundos y submundos de la política nacional e internacional. En la siguiente entrevista, vía correo electrónico, el escritor aborda en qué se basó para escribir la novela y da su punto de vista sobre las causas del estallido social y sus consecuencias.

¿Fue muy complejo abordar, aunque desde la óptica de Cayetano Brulé, el tema del estallido social siendo embajador del actual gobierno?

La nueva entrega de Cayetano Brulé tiene lugar en el estallido del 2019. Como en sus novelas anteriores, el detective opera en una coyuntura riesgosa. DEMONIO se sustenta en dos elementos clave: a) un panorama que comprende todas las voces nacionales, desde la gubernamental hasta el anarquismo; b) y traza una división tajante entre las manifestaciones pacíficas ciudadanas y la violencia terrorista.

¿Aunque es una novela, ¿hubo algún proceso de investigación o más bien trabajó con supuestos, comentarios de conocidos y con lo que leyó en la prensa?

Me basé en versiones de analistas que viven en Chile, de periodistas nacionales y extranjeros; y de profesionales activos durante la Guerra Fría. En esta novela se funden ficción y realidad, y como chilenos vimos que la realidad supera a la ficción en situaciones extremas. Me interesa explorar los mismos senderos de escritores como Don Winslow, Alberto Vásquez-Figueroa, Elmer Mendoza, Manuel Vásquez Montalbán, Javier Cercas, Emmanuelle Carrere o Henning Mankell. Para mí lo verosímil es clave.

¿En su opinión la protesta social fue tomada por las organizaciones criminales o las organizaciones criminales actuaron en forma paralela a la protesta social?

La experiencia reciente en la región muestra que una vertiente la constituye el descontento ciudadano que se va a la calle ya sea porque desconfía de los partidos políticos tradicionales o bien porque son guiados por partidos de corte radical. Es gente que no recurre necesariamente a la violencia. Y la otra vertiente viene de sectores violentos vinculados con el extremismo político o el crimen organizado (anarquistas, narcotraficantes, delincuencia tradicional y vándalos ocasionales). La segunda aprovecha el río revuelto para actuar y usualmente termina desplazando a los indignados de los espacios públicos.

¿Cuánto de las conspiraciones de la novela estima que podrían ser reales – basada en la experiencia en otros países- y cuanto es totalmente producto de la imaginación del autor?

En nuestro continente tanto las guerrillas políticas (rurales y urbanas) como la narcoguerrilla han operado durante decenios. Algunas de las primeras tomaron el poder (Cuba y Nicaragua; y otras desaparecieron (Guatemala, México, El Salvador, Uruguay, esta última urbana). Las acciones de narcoguerrillas las ven hoy analistas operando en Colombia, Venezuela y México. Cubren la acción delincuencial con un relato de demandas sociales. Quien lea DEMONIO comprobará que todo lo que ubica en Chile ha ocurrido o ha sido abortado en la región. Todo lo que escalofriante que se narra en Demonio se nutre de la realidad histórica regional, y la imaginación lo que hace es situar esa realidad en un escenario chileno caracterizado por las protestas ciudadanas y la acciones extremas y terroristas. No se deben confundir, la primera es legítima, la segunda no.

¿Tal como le ocurrió a Brulé, usted desconoció al Chile, que creía conocer, tras el 18 de octubre de 2019?

Nadie podía imaginar, salvo los que ejercieron coordinadamente la violencia extrema y destruyeron la infraestructura y testimonios de la identidad y cultura nacional, que sufriríamos ese grado de nihilismo y aniquilación. Un político de la región aseveró: nosotros podemos estar muy descontentos con nuestros gobernantes, pero jamás llegaríamos a arrasar e incendiar nuestra propia cultura nacional.

¿Qué opinaría Cayetano Brulé del resultado de las elecciones del 15 y 16 de mayo?

Que la mayoría del 43% del padrón electoral que fue a votar se manifestó por un cambio radical del país. Creo que si la mayoría del país no conversa ni llega a acuerdos que se reflejen en la constitución que desea la nación, el camino será frustrante y doloroso.

Cómo vería los próximos meses, con pesimismo u optimismo?

Lo observo con realismo: todo lo que somos y hemos construido está puesto sobre la mesa. Todo. Imagínese lo que eso significa.

¿Está en peligro la democracia, la que buscó Cayetano Brulé en Chile?

Cuando escucho a numerosos constituyentes de la mayoría victoriosa enfatizar que no negociarán con la minoría derrotada pues ésta debe plegarse a lo que los primeros aprueben, concluyo que no se planea construir precisamente “la casa de todos” que se prometió.

¿Como ex canciller y escritor familiarizado con temas de inteligencia, cree que el estallido social dejó al desnudo falencias en esa área?

Un país tan abierto al mundo y sensible al mercado mundial debe contar -como numerosos países de tamaño medio- con un sistema especializado que le permita anticipar y afrontar riesgos, amenazas y escenarios. Si no dispone de ello, tiene que atenerse a las consecuencias, aunque sean funestas.

¿Cree que lo ocurrido durante el gobierno de Sebastián Piñera era inevitable -en el sentido de que había un malestar acumulado, según algunos – o estima que con un gobierno de centroizquierda habría sido más manejable?

El Chile de los últimos 31 años -con sus lados de luz y sombras, y modelo inspirador para muchos- se basó en dos pilares que le brindaron estabilidad, dirección y proyección internacional: uno de corte socialdemócrata y social cristiano, que ha gobernado el país durante 24 años, y otro de corte conservador y liberal, que lleva 7 años en el poder.  Uno de esos pilares renegó de su rol durante los 24 años, y el otro perdió parte de su identidad. Cuando uno de los pilares sustentadores del modelo se desploma, la estabilidad se acaba, y cuando el otro pilar tambalea y se fractura, el modelo ya no se sostiene. Además, la ciudadanía que acudió a las urnas castigó a ambos pilares, y entregó su confianza a quienes ofrecieron una alternativa de país que no comparto, pero lo hicieron con decisión, coraje y convencidos de que es viable. Cuando joven viví y respaldé algo parecido, la panacea para todos los males. La cosecha fue magra no sólo en Chile sino también en todo el socialismo real de Occidente.

Usted ha seguido lo que está ocurriendo en Colombia. ¿Hasta qué punto cree que ese proceso tiene semejanzas con lo ocurrido en Chile?

Los desarrollos han sido semejantes en los siguientes países: Ecuador, Perú, Colombia, Chile. Se intentó también en Brasil y Paraguay. Las reacciones de los gobiernos, de derecha, fueron diferentes. Curioso: Sufrieron los países que en estos años recibieron en conjunto millones de migrantes. Nada de eso sufrieron, sin embargo, países exportadores netos de migración.

Una de las teorías -que nunca se han logrado comprobar-  es que si hubo interferencias de gobiernos como el venezolano en el estallido social fue en respuesta del viaje de Presidente a Cúcuta.  ¿Lo ve plausible?

La injerencia extranjera no deja huellas, está a cargo de profesionales. Buscar la bala de plata es una ingenuidad. Eso se aprende como tropas especiales. Además, la injerencia es parte de la política mundial desde siempre. Recuerde que la Alemania guillermina financió y transportó a Lenin vía Finlandia hasta Rusia para debilitar a su enemigo durante la I Guerra Mundial. Y vaya que lo logró. Pero plantear que regímenes revolucionarios intervienen en países vecinos por sentirse ofendidos por declaraciones es no conocer la historia. Las guerrillas latinoamericanas surgieron de la necesidad de regímenes revolucionarios por desestabilizar a países vecinos. Para eso reclutaron, financiaron y adiestraron a guerrilleros en campos de entrenamiento, e incluso se ufanaron de ello. No lo hicieron por sentirse ofendidos por alguna declaración de algún gobierno vecino sino para consolidar su propio proceso. Esto queda ya de manifiesto con las discrepancias entre Stalin y Trotzky. La estrategia desestabilizadora mediante guerrillas e infiltración insurreccional está en los libros, entrevistas y discursos de líderes revolucionarios, y se denomina internacionalismo proletario.

¿El viaje fue un error?

¿Qué hizo Chile en Cúcuta? Entregó, en territorio colombiano, adonde llegó invitado por el Presidente colombiano, víveres y medicinas al Presidente Juan Guaidó, reconocido por 60 gobiernos, entre ellos las democracias más avanzadas del mundo, para que él -no Chile- las distribuyera en una Venezuela sin alimentos ni medicinas, cerrada por su propio régimen. ¿Qué hay de ilegal o innoble en ello? Innoble es cruzarse de brazos ante hermanos latinoamericanos que padecen hambre y carecen de medicina. Se advertía que Chile estaba preparando la vía para una invasión de Estados Unidos. Nómbreme un sólo soldado de ese país que haya desembarcado en Venezuela entonces o después. Un país no debe avergonzarse de ser solidario sino de mirar para otro lado cuando el hambriento pide pan y el enfermo medicina. Hay que defender los principios humanistas y ser corajudo en su defensa, eso sí.


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