La aprobación de la Reforma Previsional ha dejado una fisura en la oposición, que probablemente sea más profunda de lo que muchos creen.
No deja de llamar la atención que a inicios de un año en el cual es precisamente este sector el que tiene la mayor chance de imponerse en la elección parlamentaria y presidencial, la derecha sea hoy un campo de batalla a fuego cruzado tras las estridentes y ásperas sesiones de sala de esta semana en el Congreso Nacional.
Cualquier observador imparcial habrá notado que el affectio societatis del sector se encuentra, a lo menos, craquelado.
La apuesta de Chile Vamos de diferenciarse de Republicanos y lo que se articula con una energía visceral a la derecha de José Antonio Kast, bajo el compás de Johannes Kaiser, no es una cuestión azarosa ni propia de los simples avatares de cualquier negociación política compleja. Es parte de un diseño estratégico más amplio. ¿Cuál es este?
Chile Vamos, mirando fundamentalmente la experiencia del Partido Popular (PP) español -agrupación que ha logrado resistir dignamente los embates de Vox, partido a la derecha del PP, de raigambre nacional y soberanista- definió como forma de diferenciación de Republicanos y Kaiser dos ejes: gobernabilidad y responsabilidad. La máxima es: somos una oposición con capacidad de gobernar, y aquello exige mostrar credenciales en clave de acuerdos en los temas que son más prioritarios para la ciudadanía.
El problema de este diseño es que la causa escogida para operativizar la diferenciación es probablemente una de las más emblemáticas para el sector como un todo: la cuestión previsional.
No son muchos los temas en los que la derecha logra, sin mayor esfuerzo, alinear sus principios con el sentir mayoritario de la opinión pública. El debate de pensiones es uno de ellos.
La máxima de que todo aumento en la cotización previsional debía ir íntegramente a las cuentas individuales de los trabajadores fue parte de las bases programáticas de la campaña por el Rechazo 2022 y también una de las principales razones que permitió que los electores visualizaran que había algo muy concreto bajo amenaza de aprobarse el proyecto constitucional maximalista y refundacional de la izquierda: sus ahorros previsionales.
#ConMiPlataNo no fue un simple slogan, fue un concepto que sintetizó la idea de propiedad privada, de esfuerzo individual y de un sano escepticismo respecto de las intenciones de la clase política cuando ésta logra acceder a la llave maestra que abre el gigante y ansiado cofre de los fondos de pensiones de los trabajadores.
Además, paradójicamente, el verbo se hizo carne con los retiros de los sucesivos 10%. La plata no solo estaba, sino que fue fácilmente retirable y hasta con rentabilidades a la vista de todos los cotizantes. En consecuencia, la comprensión de propiedad individual de los fondos se consolidaba.
Pretender que, en cosa de semanas o incluso días, los votantes de derecha serían capaces de matizar la premisa #ConMiPlataNo, hasta llegar a un #ConElPréstamoSí, puede haber sido una forma creativa de solucionar un problema técnico de estrechez fiscal para financiar la reforma, pero una estratagema ilusa desde una óptica política.
Bastaron días para que las encuestas comienzan a mostrar un rechazo mayoritario a la reforma previsional dentro de los encuestados identificados con la derecha. Quedando abierta la interrogante sobre el potencial costo electoral de este acuerdo para la oposición.
Por más esfuerzos que algunos sectores pongan en intentar demostrar lo contrario, la reforma ha fracturado a la oposición y, al mismo tiempo, ha cohesionado a la izquierda, aunque estos últimos tampoco hayan quedado completamente satisfechos con el resultado final de la negociación.
Pese a aquello, el oficialismo tiene, políticamente, más aspectos que capitalizar. Porque, en lo global, la reforma no sólo llena el legado del Presidente Boric, que hasta la fecha era prácticamente un conjunto vacío, sino que también pavimenta el camino para futuras propuestas más ambiciosas en la línea de extender el componente del 1% de reparto puro y duro en el nuevo sistema o del 1,5% del préstamo, que convengamos, se asemeja bastante a un reparto.
Así las cosas, la izquierda no sólo logró fragmentar a la oposición y pulverizar la idea de una primaria amplia de este sector, porque tanto Republicanos como Kaiser, post discordia previsional, consideran más necesaria que nunca su presencia en una primera vuelta presidencial, sino que además logró introducir una “pequeña” perforación en el sistema previsional, cuya hendidura no satisface cabalmente su expectativa original, pero que, con una nueva correlación de fuerzas, un nuevo gobierno y un clima de opinión más adverso a las ideas de derecha, será un surco fácil de explotar, expandir y profundizar.
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