El Gobierno ha insistido en su proyecto de ley para crear un nuevo sistema de Financiamiento a la Educación Superior (FES). La ideología al parecer, impide reconocer el enorme daño que la iniciativa produce y lo simple que sería separar el proyecto de ley, eliminando el componente FES y reformando el sistema CAE estableciendo un sistema nuevo de crédito contingente al ingreso, que tenga una nueva institucionalidad de cobranza sin Bancos y condiciones financieras más razonables. La esperanza es que el Ministro Cataldo valoró esta parte de la iniciativa.
¿Cuáles son las consecuencias de la propuesta?
1-Impacto en la calidad. Se reduce el aporte de las familias al financiamiento de la educación al limitar los mecanismos de copago en la educación superior. La reducción de recursos a las universidades será significativa, afectando con ello la calidad de sus servicios y la producción de conocimiento, aspecto clave para el progreso, especialmente hoy con el desafío de la Inteligencia Artificial.
2-Se crea un nuevo impuesto, al establecer que la retribución del estudiante se debe concretar pagando tras completar sus estudios. Es decir, no es un crédito sino más bien un financiamiento de la gratuidad durante sus estudios con pago de impuestos futuros. En este aspecto no se hace ningún cuidado de la heterogeneidad de carreras: el impuesto puede llegar a ser del 8% y dura, aproximadamente, 4 veces la cantidad de tiempo que se ocupó en estudiar.
3-Amenaza a la autonomía universitaria. La eliminación del copago, sumado al financiamiento sólo del arancel de referencia plantea un dilema en la relación de las universidades con el Estado. Las casas de estudio serán ahora mucho más dependientes de la autoridad política para poder solventarse financieramente. Esto es una amenaza para la autonomía universitaria y la investigación. Para un país como Chile que lleva casi 20 años con un gasto en I+D estancado en el 0,35% del PIB (muy por debajo del promedio de 3% en la OCDE) esto es un obstáculo adicional.
4-Daño a Finanzas Publicas. En efecto, el FES, como lo ha planteado el Consejo Fiscal Autónomo y diversos expertos, de todos los colores políticos, tanto en la Cámara de Diputados como en los medios de comunicación, produce un riesgo aun mayor a las ya deterioradas cuentas fiscales. Hay que tener presente que, con la propuesta, el financiamiento de la Educación Superior pasa a ser de principal responsabilidad del Fisco. Es un sistema, por lo tanto, de enorme riesgo para la estabilidad del sistema universitario.
La responsabilidad del Ministerio de Hacienda en esta reforma es inmensa, especialmente dada la estrechez fiscal actual. Esta realidad es un argumento más que suficiente para dividir el proyecto, avanzando en el crédito y olvidando el FES.
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