Las primarias del oficialismo tuvieron como principales ganadores a dos candidatos de la oposición, José Antonio Kast y Evelyn Matthei. Los candidatos de la derecha fueron beneficiados tanto por la escuálida participación electoral -muy por debajo las predicciones más pesimistas- como por la militancia comunista de Jeannette Jara. Los que acudieron a votar no pasaron de 1,4 millones, un 20% menos que en la que se midieron Gabriel Boric y Daniel Jadue, el 2021.
Todo sumado, las primarias abren una crisis en el oficialismo y en particular en la centro izquierda. Por su profundidad, no se va a aplacar con simples declaraciones de apoyo a la ex ministra del Trabajo. Las palabras de Carolina Tohá en la campaña sirven de ejemplo. “Donde han gobernado (los comunistas) los países se han estancado socialmente y ha cundido la pobreza”, señaló la ahora ex candidata. “No soy partidaria de que el Partido Comunista gobierne el país”.
Lo anterior no implica negar los méritos de la campaña de la abanderada del PC. Jeannette Jara optó por disimular al máximo su militancia PC e inspirarse en Michelle Bachelet apostando a la simpatía y la conexión emocional con su público. El electorado oficialista la compensó con una victoria por más de 30 puntos sobre Tohá, la segunda colocada.
Pero, como escribió Karl Marx, “la manera como se presentan las cosas no es como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia sobraría”. La crítica de Jara al régimen cubano, por ejemplo, se contradice con lo que dijo en sus primeros meses de campaña. El 10 de abril, en entrevista a CNN, declaró: “Creo que Cuba tiene un sistema democrático distinto del nuestro”. Sus propuestas económicas, expuestas sumariamente en su programa, son de un estatismo que no tiene por qué incomodar a su colectividad.
También vale la pena detenerse en sus conflictos con la directiva del partido, más de poder que de doctrina. En las últimas elecciones del PC, el gran ganador fue Daniel Jadue, cuya alianza con Lautaro Carmona le permitió a éste último conservar el cargo de presidente. El sector de Jara, que también justificó la violencia del 18-0 y se jugó por el Apruebo, fue el gran perdedor de esa elección.
En su campaña, Jara aprovechó de pasar cuentas. Marginó a Daniel Jadue (en gran medida también a Carmona), se ausentó del homenaje impulsado por la directiva al natalicio de Salvador Allende (26 de junio). Su núcleo de confianza lo formó con críticos de la corriente que domina el PC. También reivindicó a su mentor, Marcos Barraza, articulador de la colectividad en el primer proceso constituyente y que fue marginado del Comité Central tras las elecciones internas.
La victoria de Jara representa también un golpe demoledor para el Socialismo Democrático (SD), que no fue capaz de revertir su pérdida de hegemonía en la izquierda ocurrida en las presidenciales anteriores, pese a que salvó al gobierno de Boric de su crisis existencial al incorporarse al gabinete tras la derrota del Apruebo.
En el monumental fracaso del SD influyó la deficiente campaña de Carolina Tohá, cuya escasa conexión emocional con el electorado la relegó al segundo lugar. Pero todo apunta a que la explicación de fondo se remonta al comportamiento camaleónico en el estallido del 18-0, donde exhibió un sorprendente oportunismo y deslealtad con el ideario democrático. Tohá fue vocera del Apruebo, pese a que buscó relativizarlo, igual que otros dirigentes, bajo el paraguas de “aprobar para reformar”.
Su conglomerado se desdibujó al posicionarse a remolque del PC y FA, y sumarse al intento de esas colectividades de equiparar al ex presidente Piñera con Augusto Pinochet y buscar destituirlo por la vía de una acusación constitucional.
Todo indica que tanto el PS, como el PPD y los demás partidos del SD no tienen muchos estímulos para sumarse a la campaña de Jara. Tendría que ocurrir algo muy excepcional para que la candidata PC obtenga un buen resultado y, como se sabe, en política no hay mucha compasión por los perdedores, sobre todo si son de otro conglomerado. Es posible que la directiva del PS se comprometa a mojar la camiseta por la candidata PC, pero eso no se va a replicar en el PPD.
Otro punto importante es cómo golpea el resultado al presidente Boric. Hay quienes señalan que la victoria de Jara acarrea agua para su molino. Las posibilidades de Jara son exiguas y eso facilitaría mantener su liderazgo en la izquierda para buscar la reelección en el 2029. Pero los eventuales deseos del presidente no pueden cambiar la realidad.
Un elemento que sí coincide con esa visión es el papel que jugó disimuladamente Camila Vallejo en la campaña. La ministra – oficialmente en posnatal durante la campaña- es la persona más cercana a Boric en el gabinete y cuesta mucho creer que el presidente no estuviera al tanto de su rol.
Sin embargo, lo anterior no puede esconder que Gabriel Boric es uno de los grandes derrotados. Primero porque Jara y Tohá tomaron distancia del gobierno, cuya desaprobación supera el 60%, pese a haberse desempeñado como ministras. Además, su colectividad fue demolida cuándo se abrieron los resultados. En esa demolición influyó la voracidad de varios de los jóvenes dirigentes del Frente Amplio para desviar fondos públicos, agravada por sus alardes previos de “superioridad moral”.
Todo lo anterior configura un escenario muy favorable para la oposición de derecha. Tal vez demasiado favorable. Ninguna elección está ganada antes de que se abran las urnas, sobre todo en una derecha marcada por su vocación atávica a entablar guerras civiles en contiendas en las cuáles está en juego la hegemonía del sector.
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