Pérez Mackenna: “Sin coordinarnos con otros países estaremos muy limitados en el combate al crimen organizado”

El canciller Francisco Pérez Mackenna desglosa los resultados de la reciente cumbre contra el crimen organizado, realizada en Santiago el jueves 28, con la presencia de 5 cancilleres y 5 ministros de seguridad sudamericanos y explica por qué las bandas de la región tienen una gran ventaja al estar mucho más coordinadas. Un gran desafío es la coordinación de los servicios de inteligencia. “Compartir información es clave”, señala.


—¿Cómo se gestó la cumbre sobre el crimen organizado?

—Fue la culminación de conversaciones con los cancilleres de Perú, Bolivia y Chile. Como el tema de la seguridad es prioritario, pensé: “¿por qué no hacer un esfuerzo y juntarnos para tocar este tema y discutirlo en profundidad?”. Ya habíamos partido con la construcción de barreras en la frontera, y me había tocado hablar con ambos cancilleres.

—¿Cómo fue la reacción inicial y la incorporación de Argentina y Ecuador?

—Cuando lo planteé, la cooperación fue inmediata. Con el canciller de Bolivia habíamos partido conversando antes de mi nombramiento, y se formó una buena química, y eso generó confianzas. Después se sumó el canciller del Perú. Pero nos faltaba el país con el que tenemos 5.300 kilómetros de frontera. Argentina se sumó inmediatamente también, y Perú tuvo la idea de poder incorporar a Ecuador. Propuse que fuera en Santiago, y también hubo consenso inmediato.

—Uno de los problemas crónicos de este tipo de cumbres es que terminan en muchas palabras y poca acción.

—Las cancillerías trabajaron en generar una declaración conjunta que no solo tuviera las ideas, sino también propuestas específicas. Esto es una partida. Lo que tenemos que hacer es crear procesos. Creo que se logró construir confianza entre los cinco cancilleres, que permitirá seguir avanzando. Después de la reunión sobre la seguridad tuvimos otra reunión entre nosotros, después tuvimos bilaterales, y así aprovechamos de conversar otros temas.

—¿Qué surgió en términos de resultados o propuestas?

—Hubo presentaciones bastante sólidas. Una de nuestro fiscal nacional, que explicó con lujo de detalle lo que es el crimen organizado en la región, a partir de la experiencia chilena, pero abarcó la región completa. Lo que visualiza lo que está pasando: los problemas son comunes, y surgieron una serie de propuestas que tienen que ver principalmente con el intercambio de información. La delincuencia organizada opera en un mercado completamente libre, sin reguladores más que ellos mismos. En cambio, nosotros estamos más descoordinados como países, y sin coordinarnos con otros países estaremos muy limitados contra crimen organizado.

—¿Y qué prioridades definieron?

—Primero, intercambio de información. Segundo, coordinación. Tercero, trazabilidad de las personas, del lavado de dinero, el financiamiento. Después, cooperación entre los organismos técnicos. Algo de eso ya se hace, pero hay que profundizarlo. Lo más importante es fijarse metas y medirlas. Hablamos de juntarnos en 180 días más, en Argentina, para ver lo que hemos hecho concretamente y cuánto estamos avanzando. Lo otro que acordamos es presentar esto en la OEA, porque hay que sumar otros países.

—En la cumbre había cinco países con claras afinidades ideológicas y una visión de mundo. Es una fortaleza porque la coordinación es más fácil, pero también una debilidad porque países como Brasil o Colombia, cuyos gobiernos en este minuto tienen una visión de mundo diferente, quedan afuera.

—Esto es una política de Estado. Partimos por los países vecinos porque es prioritaria la seguridad fronteriza. Después, Perú invitó a Ecuador. Cuando uno piensa en grande, los que tienen que subirse al bote son muchos, lo que demanda mucho tiempo. Entonces, dijimos “vámonos con algo concreto que podamos lograr ahora, queremos partir ya”. Eso no significa que los demás queden fuera. La idea de la OEA es invitarlos a participar.

—Para Chile, sumar a Venezuela es clave, por la ola de migración y el crimen organizado. Pero Chile no ha logrado normalizar las relaciones con ese país, que tras un inicio auspicioso, luego de la caída de Maduro, se estancaron.

—Tenemos la idea de restablecer las relaciones consulares desde un principio. Creemos que es perfectamente alcanzable. Lo que más nos importa son los servicios consulares. Hay 700 mil venezolanos en Chile, 25 mil chilenos allá. Las conversaciones están abiertas, no nos han dicho que no. Pero creemos que es algo que se va a poder lograr.

—¿Este año?

—Hay que ser prudente en materia diplomática y no anticipar.

—Probablemente el problema más difícil es el intercambio de información entre servicios de inteligencia, incluso de un mismo país. ¿Cómo se aborda eso?

—No hay ninguna posibilidad de combatir el crimen organizado sin resolver el problema del manejo de la inteligencia en forma adecuada. Mire el tema de las fronteras. Si no podemos saber quién y qué entra, la batalla es muy compleja. Ni hablar del cibercrimen. En el mundo que se nos viene, de inteligencia artificial y de alta tecnología, compartir la información es clave.

—Usted estuvo en El Salvador, visitó la cárcel de Bukele. ¿Qué le llamó más la atención? ¿Se puede replicar algo en países como Chile?

—La cárcel que visitamos tenía unos 20 mil reclusos. Fue una experiencia interesante de conocer, pero las realidades en cada lugar son distintas. En la lucha contra el crimen organizado, la política carcelaria es fundamental, así como impedir que las cárceles se conviertan en el cuartel general del crimen organizado e impedir que los jefes se comuniquen con el exterior. Las cárceles de Bukele presentan una forma, no la única, de resolver ese problema. Lo que más me impresionó de la visita fue la convicción de enfrentar un problema y resolverlo a través de la estrategia de desconexión de la gente que está adentro con las bandas que están afuera.

—Usted tuvo una gran experiencia en tratativas de negocios a nivel mundial. ¿Cuál es la diferencia entre las negociaciones de Estado y las del mundo privado?

—Lo que tienen en común es la construcción de confianza personal. Un 80% o 90% de la comunicación es no verbal. Hay que estar con la persona y transmitirle confianza, que probablemente tiene menos que ver con lo que uno dice que con lo que expresa el rostro, la postura corporal, la voz y la expresión facial. También lo que pasa tras la conversación: un café, salir a comer. Eso es común a todas las negociaciones. Pero cuando uno tiene la responsabilidad de representar un país, el interés de todos los chilenos, el peso y la responsabilidad se sienten con más fuerza.

—¿Y en términos de códigos?

—La diferencia fundamental es que, cuando uno se planta frente a una autoridad, hay una relación más bidireccional. En el mundo de los negocios hay más alternativas: si una cosa no resulta, uno puede buscar por otro lado.

—¿A qué se debe?

—Tiene que ver con lo que la economista Nancy Stokey concluyó al analizar países como Chile. Primero, la tecnología, que viene con la inversión; segundo, el capital humano. El problema es que muchas veces se desincroniza la tecnología con la habilidad. No traigo una máquina si no tengo operador, y no me entreno si no existe la máquina. El valor agregado que surge al combinar operador y máquina genera un rendimiento creciente o externalidad positiva.

Cuando hay externalidades se necesita el apoyo del Estado. Ella dice que esto no es política industrial de los 60′, sino constatar que países como Chile, si quieren cerrar la brecha con los industrializados, deben atender este fenómeno. Si no, un sector se desarrollará, pero no empujará toda la economía. Hay que empujar a los 20 millones de habitantes.

Es parecido al problema de Antofagasta: tiene el ingreso per cápita más alto de Chile, pero la gente va a trabajar y se va. Aterrizan, toman un bus al campamento minero, se quedan unos días y luego vuelven a La Serena, Santiago o Puerto Montt.

—¿Cuál es la solución?

—Atraer no solo data centers, sino a quienes producen la nueva tecnología de inteligencia artificial, para que instalen técnicos y científicos acá y se cree un ecosistema. Puede ser en astrofísica, economía digital, minería o medicina. Hay una oportunidad: los países del norte ponen cada vez más restricciones a la migración, incluso de alto capital humano, y Chile tiene clima, calidad de vida y zona horaria compatible con Estados Unidos. India podría instalar aquí un hub que atienda al hemisferio norte con servicios. Esa es la oportunidad.

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