Mayo 29, 2024

Daniel Jadue: El peor de los héroes. Por Rafael Gumucio

Escritor y columnista
Crédito: Agencia Uno.

Jadue es cualquier cosa menos una víctima: Colegio privado, universidad de elite, es cierto, su familia inmigró a Chile y durante algunas décadas infames su colectividad recibió el desprecio del racismo. Pero eso ya no era cierto cuando Jadue pudo bailar un baile típico de su tierra en pleno festival de Viña de la dictadura.


Se supone que todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario, menos Daniel Jadue que lo sigue siendo siempre pruébese o no los numerosos cargos que pesan en su contra. Ésta ha sido al menos su invariable defensa hasta ahora: Todos hemos pecado, todos nos hemos equivocado alguna vez en la vida menos Daniel Jadue, cuestionado solo por la pura mala intención de los poderes fácticos, esos que no pudieron salvar a su alcalde favorito, el Tronco Torrealba.

Por los tribunales han desfilado políticos de todos los colores. Por malas o buenas razones ningún sector se ha salvado de los jueces. Pero es a Daniel Jadue al único que persiguen porque sí. Porque el más inmoral de los argumentos que Oscar Daniel Jadue Jadue esgrime en su defensa es decir que sería una suerte de perseguido político. Acusación que ha llevado a su partido, un partido de gobierno, vale la pena recordarlo, a inmolarse sin sombra de duda por un alcalde que no lleva en la sangre ni una sola gota de sangre proletaria y que no está acusado de nada que tenga que ver con sus opiniones o convicciones políticas.

Jadue es cualquier cosa menos una víctima: Colegio privado, universidad de elite, es cierto, su familia inmigró a Chile y durante algunas décadas infames su colectividad recibió el desprecio del racismo. Pero eso ya no era cierto cuando Jadue pudo bailar un baile típico de su tierra en pleno festival de Viña de la dictadura. Que se sepa que esa dictadura que persiguió de manera infame a los comunistas por el solo hecho de serlo, no tuvo efectos en su vida ni pública, ni privada. No era comunista cuando era peligroso serlo. Que insinúe siquiera que es eso lo que se le reprocha, ser comunista, es un insulto en la cara de los que, si fueron exiliados, torturados, y arrastrados a los tribunales por serlo.

Su otro enemigo pertinaz sería la prensa, pero a Jadue no le ha faltado nunca tribuna, ni halagos, ni periodistas fans, ni fans periodistas, algunos de ellos que gozan de la exclusiva permanente de entrevistarlo todas las semanas. Los mismos medios que acusa ahora de perseguirlo lo ayudaron a hacerlo suficientemente famoso como para ser precandidato a presidente de Chile. Si no llegó a ser candidato, ni menos presidente, no es porque nadie se lo haya prohibido sino porque hastió a sus propios partidarios con su soberbia infinita, su falta de mínima empatía, y el desprecio total por sus adversarios que hizo que el aparentemente más inofensivo de ellos le ganara la batalla.

La mezquindad con que nunca aceptó su derrota volvió a darle la razón a los que no votaron por él. Nunca se le ha escuchado decir nada bueno de su contrincante de entonces, porque la culpa de su derrota, por supuesto, la tuvo el gran capital, los poderes hegemónicos, los duopolios de todo tipo, cualquiera menos él.

Jadue espera así de los demás, un respeto que no ha tenido con nadie. Para que decir de quienes no han cometido otro pecado, para el suficientemente grave, de nacer judíos. Estos, sean o no sionistas, han recibido la amplitud de su desprecio más evidente. Claro que como todo antisemita que se respeta, a veces reconoce tener un amigo judío, pero generalmente todos ellos y cualquiera de ellos son culpables del drama inapelable que viven los palestinos. Los atentados de Hamas por cierto no recibieron de él ni una sola palabra de recriminación de su parte.

Nada de eso tiene que ver con la ideología de imputado. Se puede ser perfectamente comunista y amable, comunista y humilde, comunista y buen perdedor, comunista y no antisemita. Se puede incluso, aunque Jadue niegue la posibilidad, ser comunista y judío. Hay miles de ellos. Se puede, en definitiva, ser comunista y decente, de hecho, estas dos cosas solían venir juntas en la vieja república. Gladys Marín era alguien con la que no estuve nunca de acuerdo en casi nada. Y mucho menos estaba de acuerdo con su manera de administrar el partido, pero era una persona con que se podía conversar de todo y cualquier cosa. Una mujer entera, valiente, con una densidad humana que la hacía perfectamente entrañable.

Me acuerdo como si fuera ayer de la sonrisa con que nos recibió, a los amigos con que trabajaba en la televisión entonces, en la cárcel para mujeres de San Joaquín. Estaba presa en democracia por desafiar a Pinochet y llamarlo psicópata. Ese sí que era un acto de desafío, eso sí que era estar preso por tus ideas. Nada que se parezca a la picaresca municipal lleno de “corre vele y dile” y luminarias opacas. Una decadencia que no esta de más recordar.

Lea también.

Caso Jadue: La amenazante carta del PC para presionar a la Fiscalía y al Poder Judicial (Lea el texto completo)

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