En el último par de años, las empresas que operan en Chile han debido enfrentar cambios radicales en su entorno regulatorio. La entrada en vigencia de la Ley de Delitos Económicos, la nueva Circular 62 de la Unidad de Análisis Financiero (UAF) y los estándares cada vez más exigentes en materia de cumplimiento normativo, están generando un verdadero punto de inflexión en la manera en que se entienden, diseñan, implementan y supervisan los sistemas de Compliance.
Estos cambios son necesarios y positivos: buscan fortalecer las buenas prácticas y la ética corporativa, aumentar la trazabilidad de las decisiones y generar entornos más confiables para el desarrollo de negocios. Sin embargo, también han dejado en evidencia una brecha estructural: muchas empresas no cuentan con las capacidades, herramientas ni recursos para implementar y supervisar de forma eficaz los nuevos modelos preventivos que hoy exige la ley. Esa distancia entre la norma y la realidad —entre el deber ser y lo posible— puede volverse un factor de riesgo si no es abordado con una mirada estratégica.
Desde el mundo jurídico, solemos pensar en soluciones normativas o procedimentales. Pero el desafío actual va más allá: requiere que seamos capaces de integrar disciplinas, pensar de forma proactiva y asumir que el derecho debe conversar en forma cada vez más intensa con la tecnología. Porque hoy más que nunca, el cumplimiento no puede depender de una planilla de Excel ni de sistemas manuales poco sostenibles. Necesitamos dar un salto cualitativo.
La tecnología no es un fin en sí mismo, sino un habilitador. Puede ayudarnos a diseñar sistemas de prevención más eficaces, monitoreables, escalables y ajustados al perfil de riesgo de cada organización. Nos permite pasar del “papel cumple” a una cultura preventiva real, con modelos de Compliance vivos, que funcionen y evolucionen de manera conjunta con la operación.
El rol del abogado en este escenario es doble: interpretar el cambio regulatorio con sentido estratégico, y ser capaz de acompañar a sus clientes en la implementación práctica de ese cambio. Eso exige creatividad, innovación y disposición a salir del molde. No basta con conocer la norma: hay que facilitar su cumplimiento, anticipando riesgos y proponiendo soluciones concretas para su monitoreo, acercando así el derecho a la gestión misma de la empresa.
Hoy, cumplir no sólo es una exigencia legal. Es una oportunidad para construir mejores empresas y, en ese proceso, repensar también el rol del abogado como un aliado real en la toma de decisiones.
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Reformas laborales y empleo: ¿mejoras o salvavidas de plomo? Por María Cristina Fernández. https://t.co/SWC4lriofO
— Ex-Ante (@exantecl) October 1, 2025
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