Agosto 19, 2025

Cómo el barrio Lastarria se convierte en tierra de nadie cuando cae la noche

Marcelo Soto

El comercio ilegal se extiende sobre todo tras las 8 de la tarde y los fines de semana. Se ven a grupos de jóvenes con enormes maletas llenas de productos piratas que esperan que los guardias municipales, que trabajan de 10 a 20 horas, se retiren. Ahí la calle se llena de frazadas en las veredas que ofrecen ropa, productos esotéricos, supuestas antigüedades y también droga. Son pocos los lugares que se salvan.


A la salida del metro de la Universidad Católica, a las 6.30 de la tarde, lo primero que encuentra el visitante son tres o cuatro puestos de galletas y alfajores. Los primeros están hechos con marihuana y se venden dos por 5 mil pesos. Cada galleta es una dosis, dice el vendedor.

Al otro lado, otro joven vende una especie de pequeños alfajores con hongos alucinógenos. Cuestan tres mil pesos.

Al entrar a Lastarria, el famoso barrio que en 2018 fue elegido por el diario “La Vanguardia”, de Barcelona, uno de los 10 más cool del mundo, empieza a olerse un persistente olor a marihuana.

En el último tiempo, han surgido críticas por el aumento del comercio ilegal. De hecho, una carta a El Mercurio dice que una tarde de cine agradable se convirtió en una especie de aventura ingrata por la abundante y atosigante oferta pirata. “Antes de 2019, el barrio Lastarria era un referente cultural, gastronómico y patrimonial, uno de los más valiosos de Santiago. Pasear por sus calles, visitar un centro cultural o comer en alguno de sus restaurantes era una experiencia única, propia de uno de los mejores sectores de la ciudad”, escribió la diseñadora Marta Ríos.

Después de ver una buena película en El Biógrafo, Ríos cuenta que al caminar por el sector “todo se vino abajo”. “Eran las ocho de la tarde de un sábado de agosto de 2025 y el barrio estaba desbordado por el comercio ambulante: mantas en las veredas con ropa, venta de productos con marihuana, música estridente tratando de captar la atención”.

El lunes en la tarde varias de sus reflexiones se hacen realidad: en algunas calles se hace casi imposible avanzar sin tropezar con puestos ilegales de variada índole.

Pero hay contrastes en este barrio. Sigue siendo un lugar atractivo, con algunos restaurantes recomendables, como  el excelente Le Bistrot Lastarria. Y una buena noticia es la apertura de la iglesia de Veracruz, que fue incendiada durante el estallido social. Hoy está renovada.

Se hizo una interesante recuperación, que dejó como testigos de la barbarie algunas paredes con rastros del incendio. Además, se incluyó un espacio de arte. En estos momentos, por ejemplo, hay una exposición lumínica que hace que la hermosa iglesia parezca una instalación de arte. Los oficios religiosos continúan y va mucha gente, cuentan feligreses. También se hacen conciertos.

El comercio ilegal se extiende sobre todo después de las 8 de la tarde. Antes de eso, se ven a grupos de jóvenes con enormes maletas de mano llenas de productos piratas que esperan que los guardias municipales, que trabajan de 10 a 20 horas, se retiren.

Es el momento en que la calle se llena de frazadas en las veredas que ofrecen ropa de todo tipo, productos esotéricos, supuestas antigüedades, vinilos en mal estado y también droga, como aseguran varios vecinos. “Desde marihuana hasta cocaína”, dice el mesero de un conocido restaurante.

De hecho, un empleado del Hotel Cumbres, que tiene cinco estrellas, cuenta que efectivamente ha subido el nivel del comercio ilegal. “El problema es que empieza en la noche, cuando no hay guardas municipales. Varios clientes se han quejado del olor a marihuana”, confiesa.

Un guardia municipal afirma que acaban de sacar a 30 vendedores de sus puestos. “Pero vuelven en la noche”, lamenta. Y comenta que el problema es que hay dos tipos de documentos: uno que establece la calidad de artesano y otro que permite vender en la calle. “Muchos creen que basta con acreditar ser artesano, pero no es así”.

El alcalde Santiago, Mario Desbordes (RN), dice que “vamos a ir recuperando estos barrios a medida que el municipio tenga la capacidad. No hay más carabineros, eso es un dato ya de la causa. Llegaron menos carabineros a la comuna este año de los que se fueron y por lo tanto las dotaciones van bajando”.

Comenta: “Lastarria antes estaba tomado completamente desde la una de la tarde. Actualmente hay varios días que está limpio el día completo y hay otros días que en la tarde noche se nos han instalado los comerciantes informales, producto de que tenemos que ir rotando las dotaciones en otros barrios. Tenemos graves problemas de comercio ilegal en Franklin, en Meiggs, en Bulnes, Casco Histórico, sector Mapocho, San Pablo, Lastarria, París Londres, San Isidro, Santa Rosa y así sucesivamente”.

“No puedo privilegiar un barrio por sobre otro. Yo sé que para algún sector es más importante pensar en el barrio A o el barrio B, sobre todo a nivel nacional. Pero yo tengo que preocuparme de los 26 barrios donde están los vecinos que habitan la comuna de Santiago, no solamente la población flotante a la que estamos atendiendo con este trabajo”, reconoce.

En el restaurante Mulato, que acaba de ser adquirido por los dueños del concurrido bar “La Junta”, se observa la parte vibrante de la vida del barrio. En una mesa llegan seis amigos, la mayoría estadounidenses y un par de chilenos. Los hombres piden cerveza y las mujeres pisco sour. Se ven varios grupos de brasileños.

En otra mesa una pareja de jóvenes en su primera cita empiezan a conocerse. Él es venezolano y lleva 5 años en Chile. Es un deportista profesional. La muchacha le dice “no me gusta Maduro, pero soy de izquierda y voto por Jara”. “Yo creo en el libre mercado”, dice él. Cuando la joven comenta “entonces eres de centro”, él responde “mejor no hablemos de política”. Los contrastes de Lastarria.

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