Chile y la incertidumbre, ¿un camino sin retorno? Por Carolina Godoy

Managing Director and Founder of CG Economics

En este escenario, la clave no está solo en reaccionar a los eventos, sino en anticiparlos, gestionarlos y convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica.


Cuando comenzó la crisis social y posteriormente la pandemia, los índices de incertidumbre cobraron especial relevancia. Al ser algunos de alta frecuencia y en un contexto donde acceder a pronósticos confiables era complejo, estos indicadores se convirtieron en herramientas clave para los economistas, ayudando a mejorar el poder predictivo de nuestras estimaciones. También fueron monitoreados de cerca durante el fallido proceso constitucional.

Sin embargo, con el paso del tiempo, estos índices comenzaron a descender, alcanzando sus niveles más bajos en cinco años hacia mediados de 2024. Esto trajo cierta tranquilidad a los mercados y a la población, generando la sensación de que Chile avanzaba hacia un escenario con mayores certezas. En consecuencia, la incertidumbre dejó de estar en el foco de atención.

Pero la calma fue temporal. Desde el segundo semestre de 2024, los índices de incertidumbre han mostrado un repunte sostenido (EPU, IEC, DEPU), reflejando un deterioro en la percepción de estabilidad económica y política. ¿Qué factores explican este fenómeno?

  • Aumento del estrés financiero. El índice de estrés local que proporciona el Banco Central ha registrado un aumento desde octubre 2024. Este índice incluye el estrés cambiario, actualmente en niveles comparables a los de 2012 (excluyendo la pandemia) reflejando tensiones y volatilidad en el CLP, y el índice de tasas soberanas, que apunta preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y el riesgo país.
  • Reforma de pensiones a días de promulgarse: Ha sido una de las principales fuentes de incertidumbre en los últimos meses. La falta de consensos políticos y la posibilidad de que existieran cambios profundos en el sistema de pensiones generaron preocupación en los mercados y hoy aún quedan dudas sobre la sostenibilidad fiscal ante los cuestionamientos sobre su financiamiento.
  • Factores Externos: La volatilidad en los mercados globales, el impacto de las políticas del presidente Trump (incluyendo aranceles y efectos en el precio del cobre) y la incertidumbre sobre el crecimiento mundial han contribuido a un mayor estrés financiero global.
  • “Permisología” y reformas estructurales: La inversión privada sigue enfrentando obstáculos debido a la burocracia y a la falta de claridad en el rumbo de algunas reformas clave. Esta situación afecta la confianza de los inversionistas y contribuye al estancamiento del crecimiento.
  • Seguridad y gobernanza en deterioro: La percepción de que Chile enfrenta mayores riesgos en términos de seguridad y gobernabilidad ha elevado la cautela en la toma de decisiones económicas. Esto se traduce en menor inversión en un entorno financiero más volátil. La caída en los indicadores de gobernanza entregados por el Banco Mundial (WGI) subraya la urgencia de recuperar un entorno seguro y confiable para los negocios.
  • Crecimiento económico y empleo estancados: Con un desempleo que no logra bajar del 8% y expectativas de crecimiento limitadas, la capacidad del país para generar un ciclo de expansión sostenido sigue debilitada. Esto reduce la disposición de las empresas a asumir riesgos en inversiones de largo plazo.

¿Qué impacto podríamos esperar en las variables económicas? En este contexto, la incertidumbre seguirá influyendo en el desempeño de diversas variables. Algunas de sus principales consecuencias incluyen:

  • Inversión privada sin signos de recuperación: La incertidumbre desalienta nuevos proyectos y lleva a las empresas a postergar decisiones clave, por lo que es difícil esperar un crecimiento genuino de la inversión privada mayor al 2% en los próximos años.
  • Mayor volatilidad en los mercados financieros: El aumento en la percepción de riesgo genera correcciones abruptas en los precios de los activos, y no siempre respondiendo a fundamentales.
  • Presión sobre el tipo de Cambio: Un entorno de mayor incertidumbre presiona hacia la depreciación las monedas. En el caso del CLP, no es la variable con mayor relevancia para su evolución, pero debe ser considerada.
  • Tasas de interés con mayor prima por riesgo: El aumento en la percepción de riesgo eleva las primas de los bonos soberanos. En este contexto, la estrategia en tasas soberanas debe considerar que, aunque la tendencia global es hacia la normalización monetaria, la incertidumbre local podría generar oportunidades tácticas en la curva de rendimientos.

Perspectivas y Oportunidades. A pesar del complejo escenario actual, existen caminos ampliamente conocidos para reducir la incertidumbre y mejorar el entorno económico, entre ellos son avanzar en políticas con consensos transversales, reducir la burocracia en permisos y regulaciones, fortalecer la institucionalidad y la seguridad para recuperar la confianza en el largo plazo, entre otros. Sin embargo, todos estos cambios requieren tiempo, voluntad política y un enfoque de largo plazo.

En el corto plazo, ¿qué nos queda por hacer? En este entorno desafiante, la clave estará en combinar una buena visión macroeconómica con estrategias tácticas de inversión bien fundamentadas. Aunque el camino hacia menores niveles de incertidumbre tomará tiempo, la menor presencia de reformas radicales en la agenda y el debilitamiento de algunas propuestas que generaban incertidumbre han ayudado a reducir parcialmente la percepción de riesgo, donde los ciclos de mercado pueden ofrecer oportunidades para ajustar portafolios de manera eficiente.

En tiempos de incertidumbre, la prudencia es clave, pero también lo es la capacidad de adaptación. Los ciclos de mercado generan oportunidades para quienes saben leer el contexto y ajustar su estrategia. Más que temer a la volatilidad, el desafío es integrarla en la toma de decisiones, aprovechando ciertos momentos para posicionarse con visión de largo plazo. En este escenario, la clave no está solo en reaccionar a los eventos, sino en anticiparlos, gestionarlos y convertir la incertidumbre en una ventaja estratégica.

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