Por qué importa: Está el avión, las alas, los pasajeros. El problema, dicen desde el oficialismo y reconocen en La Moneda, es que los motores no están encendidos y hay dudas si se encenderán de cara a la votación del 4 de septiembre. Los partidos tienen la maquinaria política para movilizar votos. El tema es si esos motores estarán prendidos para una campaña activa en favor del apruebo.
Los números sobre la mesa: Son dos meses previos al plebiscito en que los bloques oficialistas –Apruebo Dignidad y la Social democracia- deberán mostrar sus cartas a la opinión pública. Y con un rechazo cercano al 45% y un apruebo al 37%, solo queda buscar votos en los indecisos. En este punto, los motores encendidos son clave para acercarlos al apruebo. Pero en la última encuesta Cadem, el 34% cree que es mejor para Chile que se apruebe y después se reforme; un 20% que se rechace y se mantenga la actual, y un 30% que se rechace para que se proponga un nuevo proceso. Es decir, el apruebo a secas solo es respaldado por un 11% que lo considera mejor para Chile.
La noche de las máscaras: Apruebo Dignidad está por un Apruebo a secas. Pero en la social democracia, han manifestado un apruebo con “legítimas diferencias” o con “reservas”. También se ha propuesto darle más plazo al trabajo de los convencionales. Esta última idea recibió un portazo transversal.
El capital político del presidente. Boric ha transmitido que está dispuesto a poner sobre la mesa su capital político –un escaso 36% que respalda a su gobierno- para concretar reformas constitucionales sobre materias que afecten su programa de transformaciones. Porque tal cual está el borrador –y probablemente la propuesta constitucional-, tanto el ejecutivo como el parlamento intentarán moderar las iniciativas de los 154 convencionales.
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