El fondo marino ya no es un rincón olvidado de la globalización; se ha convertido en un componente esencial del sistema operativo global. Los gobiernos deben ser conscientes de esto, incluido el próximo de Chile, dado la actual tensión con Estados Unidos, que revocó visas a altos funcionarios de la administración de Gabriel Boric por abrir las puertas a un eventual cable de fibra óptica chino.
Esto es especialmente relevante ahora que existen proyectos en marcha para mejorar significativamente nuestra conectividad digital con el mundo, como el cable submarino de fibra óptica “Humboldt”, que conectará al país con Asia, vía Australia, a partir del primer semestre de 2027.
Junto al cable “Humboldt” que será tendido por la empresa estadounidense Google, actualmente se realiza un estudio para explorar un posible cable entre Chile continental y el Territorio Antártico Chileno. Estos proyectos se suman, por supuesto, a los cables existentes que nos conectan con Estados Unidos.
Para tener en cuenta, por estas tuberías digitales se transmite el 97% de las comunicaciones globales y se registran transacciones financieras diarias por un valor de 10 billones de dólares. Por el volumen de datos que pueden transportar, los satélites no una alternativa
Todo esto refuerza la posibilidad real de que el país se convierta en un centro digital para Sudamérica, incluyendo futuros centros de datos. Sin embargo, también subraya la necesidad vital de comprender mejor la importancia de esta infraestructura clave del siglo XXI, con sus ventajas y amenazas inherentes.
Es cierto que Chile posee ventajas comparativas para la seguridad de sus cables, como la profundidad de sus mares y su distancia relativa de las zonas de guerra. Hoy parece más probable que un tsunami o una explosión volcánica afecten las líneas de comunicación submarinas, antes que un acto humano deliberado.
No obstante, existe una paradoja: un mayor número de conexiones proporciona más resiliencia, pero al mismo tiempo aumenta la probabilidad de acciones hostiles, ya que el impacto de su interrupción es mayor.
El hecho de que actualmente estemos conectados al mundo a través de Estados Unidos, y pronto a Asia vía Australia y -algún día- a la Antártica, no ha disminuido el interés de China. Empresas de ese país han vuelto con la idea de crear una conexión adicional y directa.
Según informes de prensa, un grupo de empresas chinas, incluidas China Mobile y HMN Technologies, busca tender un cable entre Valparaíso y Hong Kong. Este fue el concepto original que precedió el proyecto “Humboldt” y que fue descartado en su momento por preocupaciones de seguridad nacional y tras presiones explícitas de Estados Unidos.
Las motivaciones detrás de esta inversión multimillonaria podrían ir más allá del retorno económico, dado que el cable “Humboldt” debería ser suficiente para cubrir el tráfico de datos estimado entre Chile y Asia.
¿Por qué un cable directo China-Sudamérica?
Lo que he descrito no es intrínsecamente negativo. Pero en los tiempos que corren, donde las grandes potencias redibujan las esferas de influencia, no existe tal cosa como la neutralidad tecnológica. De hecho, la tecnología es una herramienta probada de influencia geopolítica, como ejemplifican las medidas erigidas por Washington para impedir que Beijing acceda a semiconductores avanzados.
La Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU., publicada a fines de año, fue suficientemente clara al advertir que el gobierno del Presidente Donald Trump quiere limitar la presencia de potencias extracontinentales en el Hemisferio Occidental, mencionado puertos y corredores oceánicos. En tal sentido, un eventual cable submarino directo entre China y Sudamérica, sería un desafío directo a este enfoque de seguridad continental.
Por lo demás, existen grupos chinos maliciosos que podrían infiltrarse en la infraestructura crítica de Chile y la región de manera más directa si contaran con una “autopista digital” expedita y una puerta abierta, tales como Salt Typhoon y Volt Typhoon.
Las agencias occidentales sostienen que estos grupos operan con el apoyo del régimen chino, una acusación que China niega.
La existencia de una regulación sobre inversiones extranjeras en sectores estratégicos de la economía local hubiera ayudado a evitar este escenario que hoy sitúa a Chile en medio de una confrontación geopolítica entre Estados Unidos y China.
La ausencia de un Consejo de Seguridad Nacional o estructura similar permanente implica que hoy nadie evalúa proyectos extranjeros en infraestructuras críticas más allá de las consecuencias sectoriales inmediatas. Por eso, Chile va deteniendo inversiones chinas caso a caso (pasaportes y observatorio astronómico), lo cual genera un alto costo diplomático y riesgos de represalias comerciales.
Por lo tanto, urge una Estrategia de Seguridad Nacional, que identifique amenazas y oportunidades para el interés nacional. Gran tarea para José Antonio Kast y su equipo. Y en cuanto a cables submarinos, ya era hora de intentar “ver bajo la superficie”.
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