En el mundo anglosajón, el 1 de abril es equivalente a nuestro día de los inocentes. Llamado april fools, es una jornada en la cual se pueden hacer bromas inocentes a personas desprevenidas. Este año, el 2 de abril, la administración de Trump anunciará los llamados aranceles recíprocos en donde se daría a conocer una batería de aranceles a un conjunto de países que, en la práctica, representan el grueso del comercio exterior de EE.UU.
El presidente Trump ha declarado que ése será el día de la liberación, en donde se colocarán estos aranceles compensatorios a aquellos países que le cobran a productos norteamericanos aranceles superiores a los que cobra EE.UU. A ello, se sumarían más adelante aranceles específicos sectoriales a autos, productos farmacéuticos y semiconductores. Cabe señalar que también se ha amenazado a países que usan IVA, en especial si es diferenciado y ello va en contra de productos norteamericanos.
Claramente, para muchos aliados y socios de Estados Unidos, esta política no parecerá una broma inocente. Y a pesar de que los rumores dicen que la andanada será menor a la esperada hace un tiempo, y que los aranceles a sectores vendrán después, los llamados “dirty 15”, los 15 países que tienen los mayores superávits comerciales con USA, deben estar temblando y preparándose para un potencial duro golpe a sus economías. En nuestra región, Brasil y México, están sin duda en la mira. Pero también lo están Australia, Canadá, China, la comunidad europea, India, Vietnam, Japón y Corea del Sur.
Luego de 30 años de globalización y de 80 años de apertura negociada multilateral (vía los acuerdos del GATT), éste puede ser un giro copernicano en la economía global, que nos lleve a un nuevo equilibrio con menos crecimiento y más pobreza en numerosos países. De ahí el espectacular cambio de relato que los mercados bursátiles están enfrentando en las últimas semanas: desde el excepcionalismo norteamericano, compuesto por las magnificent 7, la revolución tecnológica y el liderazgo global, hacia la rotación fuera de EE.UU. Pocas veces habíamos visto un cambio de percepción tan grande en tan poco tiempo y muchos se preguntan cómo tantos se equivocaron tanto sobre el programa económico del líder MAGA. De pensar que primarían las bajas de impuestos y la desregulación (liderada por Musk), a darse cuenta de que la prioridad es construir una “fortress America” que cierra parcialmente sus fronteras a flujos migratorios, comerciales y eventualmente financieros.
En ese sentido, es bueno releer mi columna del 28 de julio de 2024 en donde describo la emergencia del nuevo conservadurismo norteamericano, que tiene más de social cristianismo (sin decirlo) que de liberalismo económico, y con un rol relevante del Think Tank American Compass liderado por Oren Cass. Este centro está muy ligado a JD Vance y tiene una creciente influencia. Ellos son los primeros en señalar que la apertura unilateral de Estados Unidos, en especial desde la entrada de China al acuerdo del WTO (ex GATT), fue un error que debe ser corregido cuanto antes. Que esa apertura sacrificó en el altar del libre comercio a una parte de la clase media trabajadora norteamericana, que ahogó su angustia y sus bajos sueldos en las drogas (fentanilo y tramadol), y que ha provocado una sorprendente caída en la esperanza de vida de EE.UU. por el alza de suicidios y sobredosis.
Es probable que la andanada de aranceles a ser anunciada sea el monto máximo esperado, desde donde se iniciarán conversaciones bilaterales con los diferentes países. Ése es el estilo negociador de Trump, máxima presión inicial. Sin embargo, ello redundará en más incertidumbre global y seguramente en más volatilidad en los mercados. No es raro que las expectativas de consumidores norteamericanos, canadienses y mexicanos se estén derrumbando. Veremos cómo reaccionan los países europeos, los que ya han reaccionado con el gigantesco paquete fiscal (armas e infraestructura) alemán. China también está tratando de impulsar su economía vía mayor gasto fiscal. En los últimos años, el gran impulsor de la demanda global ha sido el excepcionalismo norteamericano, sus consumidores y empresas. Está por verse si la economía global puede prescindir de ellos en caso de un enfriamiento de la economía norteamericana. Ésta sin duda se verá frenada por expectativas a la baja y recorte en el gasto fiscal.
Dicen que parte del “deal” negociador que quiere impulsar la Casa Blanca es un acuerdo global (el acuerdo Mar-a-Lago) que baje el dólar frente a otras monedas consideradas como artificialmente devaluadas, baje el petróleo y reequilibre las obligaciones globales de defensa con sus aliados. Está por verse cómo se logra ello. Se habla de obligarlos a comprar bonos del tesoro cero cupón a 50 años. No queda claro cómo devaluarían el dólar frente a otras monedas. Esto se asemejaría a lo que hizo la administración Reagan en 1985 con el acuerdo Plaza. Sin embargo, ese acuerdo incluía solo aliados. En el actual es poco probable que se logre algo sin la concurrencia de China. Es por ello que la estrategia de máximo golpe vía aranceles para luego sentarse a negociar parece lógica.
Pero la lógica política no es la de los mercados, los que han olfateado una creciente probabilidad de recesión global como consecuencia del cambio copernicano en el entramado del comercio mundial. Nuevas cadenas de suministros deberán establecerse y nuevos sistemas de financiamiento, y, en el intertanto, la inversión probablemente se paralice en numerosos sectores.
Dado todo lo anterior es claro que el panorama de los próximos trimestres es desafiante para carteras de inversión balanceadas. Es aconsejable bajar riesgo si el horizonte de inversión no es muy largo. En acciones sobreponderaría el mundo value, tanto en EE.UU. como en el resto del mundo. Subiría duración (bonos más largos) dado que el FED tiene municiones para bajar tasas en caso de frenazo mayor al ya esperado. Seguiría con posiciones en oro y mineras de oro, y en otros activos antifrágiles como el franco suizo, el yen y la UF. Volvería a entrar a acciones latinoamericanas, europeas y chilenas, excesivamente castigadas frente a las acciones de Estados Unidos y mantendría la posición en activos nobles que dan retornos por dividendos o por intereses, en especial carteras bien diversificadas de bonos latinoamericanos en dólares.
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