¡Ahora se preocupa don Mario! Por Natalia González

Abogada y académica

El mismo don Mario, que declaró sus dudas despejadas respecto del proyecto constitucional refundacional y que incumplió sostenidamente las metas de reducción del déficit estructural, hoy se muestra preocupado por las finanzas públicas.


Hace pocos años atrás, y a propósito de la propuesta constitucional refundacional de la Convención Constitucional, don Mario Marcel dijo que los problemas económicos de ese proyecto estaban “despejados”.

Así, don Mario, con su trayectoria y amplios votos de confianza con los que contaba en esa época, había bendecido el texto liderado por Loncón y Bassa, señalando:

– que el “derecho de propiedad estaba quedando claramente establecido” (aun cuando se cambiaba el “daño patrimonial efectivamente causado” -a pagar en una expropiación- por el “precio justo” y se priorizaban los derechos de la naturaleza por sobre los de las personas);

– “que el Banco Central contaba con autonomía constitucional “declarada”” (como si ello bastare), y que

– “todas esas cosas, respecto de las que había temores, se habían ido resolviendo”.

Añadió: “De lo que se conoce como Constitución económica, según entienden los especialistas, no se encuentran en el texto ya aprobado normas que pongan en riesgo proyectos o inversiones”.

Algunos meses después, la propuesta sería contundente y rotundamente rechazada por la población.

Así le fue a don Mario con sus proyecciones constitucionales. Y no solo con esas proyecciones.

El exministro -que estuvo tres años y medio al mando de las finanzas públicas y que dejó su cargo a don Nicolás Grau- sobreestimó, esta vez, persistentemente las proyecciones de los ingresos públicos.

Tanto es así que el Informe de Finanzas Públicas del cuarto trimestre de 2025, de la Dirección de Presupuestos, reveló un déficit fiscal estructural de 3,6% del PIB en el año (aprox. US$13.200 millones), muy superior al saldo negativo de 1,1% con que se diseñó el Presupuesto de la nación 2025. Por tercera vez consecutiva se incumplía la meta fiscal, dejando una pesada mochila y herencia a la actual administración.

Pero no solo fue un problema de ingresos, también se descontroló el gasto.

Las reiteradas advertencias del Consejo Fiscal Autónomo (CFA) fueron desoídas y el titular de Teatinos 120 estimó, además, que el tono del CFA era “inusualmente severo“. A mayor abundamiento, don Mario les recalcó que su mandato legal “se orientaba a comentar documentos, informes y datos proporcionados por el Ejecutivo, a través del Ministerio de Hacienda y la Dirección de Presupuestos (Dipres)”, pero que la política fiscal la determinaba él.

En esa determinación y responsabilidad, sin embargo y mientras caían los ingresos, se privilegió que el gasto creciera en el corto plazo. Es cierto que, a comienzos de 2024, don Mario propuso metas de reducción del déficit estructural, pero también es verdad que, a juicio de los expertos, ellas resultaban inverosímiles y que el CFA advirtió reiteradamente que no era posible cumplir con los ingresos que se proyectaban. El CFA pidió recortar una y otra vez el gasto para cumplir con las ambiciosas metas del balance, pero el techo del gasto nunca bajó, y se continuaron presentando a discusión leyes de presupuesto con ingresos muy sobrestimados.

Y así terminó el gobierno anterior, con un 3,6% del PIB de déficit estructural 2025, varios puntos más de deuda neta, un severo deterioro de los ahorros (para financiar gasto corriente en desmedro del gasto de capital) y más deuda flotante.

Alguien dirá que se impulsaron medidas correctivas, pero los hechos muestran que aun cuando todas ellas se hubieran cumplido (que no ocurrió), de igual forma no se iba a poder cumplir con la meta, de manera que no cumplirla fue una decisión. Y de esa decisión no se le vio tan preocupado a don Mario, entonces responsable de las finanzas públicas.

Pero hoy, tras la presentación de la iniciativa de ley para la Reconstrucción Nacional ¡Se preocupa don Mario! Tanto, que hasta ha regresado con una columna en un medio escrito de circulación nacional, con críticas al mencionado proyecto de ley.

El mismo don Mario, que declaró sus dudas despejadas respecto del proyecto constitucional refundacional y que incumplió sostenidamente las metas de reducción del déficit estructural, hoy se muestra preocupado por las finanzas públicas. Es crítico de la iniciativa legal por su impacto fiscal y porque discrepa del efecto que en materia de crecimiento puedan tener normas como la invariabilidad tributaria (que también critica), el que, a su juicio, estaría sobre dimensionado, generando aún más problemas en las arcas fiscales. ¿Ahora le preocupa la sobredimensión?

Es como para exigirle una explicación ¿o no?

Tal vez un juez resolvería de la siguiente manera:

Vistos y considerando:

– Que el desempeño fiscal de don Mario dejó muchísimo que desear;

– Que, en los últimos 16 años, Chile ha aprobado sustantivas reformas tributarias que han aumentado la carga tributaria más allá de lo razonable y redibujado las reglas del juego para inversionistas nacionales y extranjeras;

– Que, a lo anterior, se sumaron no uno, sino dos procesos constitucionales, tras un estallido de violencia que prácticamente arrasó con un gobierno democráticamente electo, a vista y paciencia de una izquierda extremadamente tolerante con lo que acaecía; y

– Que, hace tan solo algunos años vivimos una euforia parlamentaria mediante la cual se introducían reformas constitucionales para “reformar” la Constitución en materias que, no obstante, jamás estuvieron regladas en la Constitución, para así mañosamente desmantelar la iniciativa exclusiva del presidente de la República, el mercado de capitales -a través del retiro de fondos de pensiones-, y establecer impuestos al patrimonio a las personas de más altos ingresos.

Se resuelve, con todo respeto: Que a don Mario le es aplicable aquel dicho de “too little, too late” y que, tras lo acaecido en Chile, no hace un siglo, sino hace tan solo cinco años, a ningún chileno, y por ende a don Mario, nos queda bien andar haciendo gárgaras sobre la estabilidad y certeza jurídica del país. Todo ello, a menos, que se trate de una hipérbole, tan de moda por estos días, pero en tal caso valga señalar que esa figura le sienta mejor a los políticos que a los técnicos, y se supone que don Mario es un técnico, o ¿no?

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