Que tres senadores del PPD hayan comprometido su voto a favor de la fórmula de invariabilidad tributaria acordada con el ministro Quiroz constituye la decisión política más relevante qPaulue ha tomado el socialismo democrático, al menos parte de ella, desde el comienzo del gobierno actual. Ricardo Celis, Loreto Carvajal y Pedro Araya se abrieron a respaldar una medida pro crecimiento en la votación en particular del próximo miércoles, y lo hicieron al margen de su mesa directiva. La reacción interna que gatilló ese compromiso dejó a la vista con más claridad que en cualquier momento anterior el estado en que se encuentra la centroizquierda.
El asunto es que el acuerdo no es trivial. Los tres senadores lograron bajar el plazo de la fórmula original desde 25 años a un mecanismo escalonado que va de 10 a 20 años según el monto invertido, y consiguieron mantener el royalty a la minería. Es exactamente lo que la vieja Concertación, desde la vereda opuesta, hacía durante los años noventa y buena parte de los dos mil. Agregaba valor legislativo destrabando diferencias con su oposición, dándole funcionalidad a la política para que el país avanzara.
Lo que sí hace distintivo al episodio actual es la envergadura de la materia sobre la cual se negoció. Las medidas sobre la mesa son, en el fondo, canónicas de la derecha, y considerando que es exactamente lo que la izquierda viene combatiendo desde la trinchera hace una década y dos años, darle la razón es un agravante. Para la izquierda, que tres senadores del socialismo democrático estén dispuestos a votar a favor de la invariabilidad tributaria, aunque sea en una versión moderada respecto a la originalmente propuesta, es por lo bajo conceder que el diagnóstico económico que sostiene la megareforma es correcto.
Como sea, la reacción del propio sector ante el anuncio del voto de los senadores revela que el problema más que coyuntural es estructural. La base del PPD y del PS que rechazó la negociación operó con la lógica que instaló el Frente Amplio y el Partido Comunista en el sector durante el cuatrienio de Boric. Para ellos, negociar cualquier cosa con la derecha es una traición ideológica. Por lo mismo es solo natural que un vicepresidente del PPD haya calificado el acuerdo como un latigazo a la clase media y que otros militantes exigieran pasar a los senadores al Tribunal Supremo o pedirles irse al Partido Republicano.
Si nada más, esto explica por qué la presidenta del PS Paulina Vodanovic quedó fuera de juego. Cuando trató de posicionar al PS como un centro crítico dialogante, con capacidad de disentir del gobierno anterior pero de sumar al actual cuando el proyecto lo amerita, fue rechazada, excluida y humillada públicamente. Lo mismo pasó con los senadores PPD, a los cuales se les trató de disciplinar internamente.
La centroizquierda está atrapada. Si negocia, pierde a la base. Si no negocia, pierde la próxima elección. Los tres senadores eligieron lo primero, y la reacción interna castigó esa decisión porque el mecanismo de disciplina se activa antes que cualquier razonamiento electoral. La distinción entre la oposición que negocia y la que estorba, que hasta ahora se manifestaba entre partidos distintos de la oposición, se materializó ahora pero dentro de la centroizquierda.
Es la navaja Cicardini-Manouchehri, que como regla cardinal busca priorizar coyuntura inmediata sobre los proyectos de mediano plazo, y usar la disciplina partidaria como herramienta de veto sobre la dirigencia formal. Es una forma de operar que renuncia a construir proyectos y se concentra en administrar identidades, y que se blande indiscriminadamente, con más torpeza que cálculo, contra todos los que se resisten a la lógica de la pureza ideológica.
Ahora bien, es importante constatar que no es una desviación circunstancial ni una etapa que la centroizquierda vaya a superar con el recambio generacional que viene. Es, en la práctica, lo único que le queda al PS y al PPD después de la toma hostil que le hizo el Frente Amplio.
Ahora, cualquier parlamentario que intente construir un proyecto de mediano plazo, articular una posición razonable frente a un gobierno de derecha, o proponer una salida programática coherente, va a chocar contra la misma lógica interna que castigó a Vodanovic y a los tres senadores del PPD.
Simplemente no hay margen estructural para reconstruir una centroizquierda funcional mientras la base esté ordenada bajo los códigos que heredó del Frente Amplio. Cualquier intento serio va a ser torpedeado desde dentro por operadores que ya entendieron que la sobrevivencia dentro del sector se juega en el ruido de la semana, no en la construcción de un proyecto viable.
Los tres senadores del PPD hicieron algo razonable al negociar con Hacienda. La fórmula escalonada que acordaron es un compromiso defendible considerando la versión original y entrega certidumbre a la inversión sin comprometer plazos excesivos. Cuando el gobierno intentó estirar la cuerda con una indicación que bajaba el impuesto corporativo del 23% al 22%, los mismos senadores fueron los que defendieron la integridad de lo pactado, forzando a Alvarado a instruir a Quiroz retirar la propuesta y devolver la tasa al 23% acordado.
Es decir, no son operadores blandos ni parlamentarios entregados, son negociadores que están defendiendo un piso técnico. Y aun así, para su base son traidores. Que esos dos cálculos, hacer política útil y sobrevivir dentro del sector, ya no se puedan alinear en el mismo partido es la definición operativa de por qué el socialismo democrático no existe en la práctica.
El exministro Vidal tiene razón. Kast es el primer gran beneficiario de la trifulca. Un sector que se desangra en disputas internas por cada gesto de sus propios parlamentarios no puede coordinar una respuesta legislativa coherente frente a un gobierno que entiende perfectamente bien lo que quiere.
Así, la desorganización opositora se está traduciendo en avances concretos para el oficialismo. Pero opera con un techo. Los tres votos del PPD que Quiroz consiguió esta semana podrían terminar siendo los últimos tres votos opositores que consiga en el resto de la tramitación, no porque falten senadores dispuestos a negociar, sino porque el mecanismo interno acaba de subir el precio de la próxima negociación.
Para más columnas en Ex-Ante, clic aquí.
Publicaciones relacionadas
No todo es culpa de las fake news o de quienes promueven engaños y quimeras. A veces somos nosotros mismos quienes preferimos no ver la realidad y terminamos inmunizándonos -por miedo, por vergüenza o por falta de coraje- contra verdades que nos son incómodas. En su último libro, Mark Lilla analiza el fenómeno.
El exministro del Trabajo y expresidente del PS aborda el deterioro del clima interno del partido a raíz de la polémica entre la timonel Paulina Vodanovic -a quien apoya- y la dupla conformada por la senadora Daniella Cicardini y el diputado Daniel Manouchehri. “La mejor manera de no volver a ser gobierno es hacer las […]
Las economías que liderarán el futuro no serán únicamente las que construyan más carreteras, puertos o centros de datos. Serán aquellas que comprendan que la infraestructura más estratégica ya no es la que mueve bienes, sino la que desarrolla capacidades para crear conocimiento, adaptarse al cambio y transformar la innovación en crecimiento sostenible.
Pasadas las 17:20, el ministro Alvarado le pidió a Quiroz retirar la indicación que rebajaba a 22% el impuesto corporativo y así contener la crisis con los tres senadores PPD que habían respaldado el día anterior la invariabilidad tributaria propuesta por el Ejecutivo, y que ahora decidían poner marcha atrás el acuerdo. Los parlamentarios enfrentan […]
Esta dupla descubrió que en la política chilena no se necesita asaltar bancos. Solo pararse siempre al lado correcto del lente, con la frase lista, el gesto ensayado y el ángulo que más favorece. Su fórmula para legislar también es simple. Se les ocurre eliminar la UF. Si la frase suena bien, y cabe en […]