Junio 30, 2026

El desalojo por dentro: las historias, los personajes y la droga detrás de la toma de San Antonio

Marcelo Soto

Fuimos al sector clausurado donde se realiza la parte más dura del desalojo de la toma de San Antonio. Grandes grúas destrozan las casas mientras sus ex habitantes miran con asombro. En la ciudad la gente está cansada del asunto y solo quiere que la delincuencia ligada al terreno usurpado termine.


Qué observar. José Cáceres tiene una botillería hace 20 años y dice que están cabreados con la toma porque llegó mucha gente con plata, narcotraficantes, delincuentes que tenían hasta piscinas. Y como ellos están justo en el borde con la toma, se vieron afectados porque se llenó de “choros”, de gente vendiendo droga.

  • “Esta calle era súper tranquila y limpia y ahora está toda llena de basura. La droga corre como el agua”, dice José Cáceres. “Yo puedo entender a la gente que no tiene dónde vivir, pero acá llegaron muchos santiaguinos a construir su segunda vivienda, de veraneo. Y narcos. Eso es verdad”.

La expulsión. Es lunes a las 3 de la tarde y el desalojo de la toma de San Antonio lleva varias horas. Hay muchos carabineros: no dejan entrar, pero gracias a una persona que vive en la toma podemos conocer el otro lado de la toma. El lado de verdad.

  • Toneladas de casas convertidas en basura se ven por todas partes. El barro hace desastres en el camino. Alguna gente llora. Hay niños haitianos que no entienden qué sucede.
  • “Tenemos rabia”, dice una mujer frente a su casa destruida. “Porque esto debería haber parado al año. Yo vine acá a construir un sueño”.
  • “Aquí hay plata invertida. No todo el mundo es traficante. No todo el mundo vende drogas. No todo el mundo hace el mal aquí. Hay gente que gastó sus 10% en las casas. ¿Por qué no pararon antes?”, dice estupefacta.
  • “No deberían haber dejado que esto creciera. Mi esposo invirtió sus tres retiros en esta casa. Mi mamá me apoyó. Hermanos de la iglesia, todos me ayudaron a levantar esta casa y a mí me rompe el alma desarmarla”.
  • Se llama Rosa Flores y dice que tienen un arriendo de una casa donde vivir. “De ahí salimos y ahí volvemos. ¡Cuánto tiempo no postulé a una casa! Pero para postular a una casa te pedían tener un minusválido, que hubiese un apellido indígena. Solo así ganabas. Hace ocho años atrás yo postulé dos veces con 300 lucas y con 800 lucas y ninguna de las dos veces conseguí. Somos una familia de siete personas”.
  • Aunque reconoce que tomarse un terreno no es lo corrrecto, sostiene que “es terrible que gente que se sacó la mugre para levantar su casa, lo pierda todo. No todo el mundo es traficante aquí. Deberían haber hecho un colador gigante porque hay miles de personas que trataron de hacer la fila. Y tengo 33 años. Mi mamá, 64, murió. Nunca logró una casa. Nunca”.

Primeriza. Otra mujer cuenta que fue de las primeras en llegar a la toma, que le avisaron durante el estallido que había terrenos disponibles. “En octubre de este año cumplíamos 7 años viviendo acá. Yo arrendaba, pero me pidieron la casa porque se iba a venir a vivir el hijo de la dueña. Y llegó una vecina, y me dijo: mira se están tomando al frente. Y me tomé un sitio de 10 por 20, teniendo 3 hijos, en ese entonces eran menores de edad. El más chico tenía 5 años, la niña tenía 7 años y el muchacho tenía 10 años”.

  • Recuerda: “Yo llegué aquí por una necesidad, yo no llegué a robarle nada a nadie, ni a pedirle nada a nadie. Después llegó el asunto de que nos iban a vender, estábamos todos felices, todos contentos. Pero no fue verdad”.
  • Dice que no tiene donde ir. “Para mí un albergue es un chiste, no me sirve. ¿Dónde dejo a mis animales? Tengo tres perritos, un gato y una gatita. ¿Dónde vamos a dormir esta noche? No lo sé”.
  • El sector del desalojo, donde no entra la prensa, está rodeado de barriales. En una parte hay tres o cuatro adultos fumando. Son agresivos y afirman que sus terrenos son expropiados, es decir, pertenecen al sector que no será desalojado. “No tenemos nada que ver con lo que pasa al frente”, señalan y un intenso olor a marihuana se expande.

 

 

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