En los últimos meses se ha percibido el impulso de recuperar el crecimiento económico en nuestro país, pero al mismo tiempo la pregunta incómoda que nos debemos hacer es: ¿estamos haciendo lo suficiente o nos encontramos en un estado de inercia?
La estrategia actual se ha centrado en seducir al sector privado, creando condiciones atractivas y contextos estables para que vuelvan a invertir. Es cierto: hay proyectos en carpeta que podrían activarse hoy mismo si se concretan los cambios anunciados. Sin embargo, el crecimiento no puede depender solo de “esperar” a que las empresas se sientan cómodas. Necesitamos ir a buscar a los nuevos inversionistas y recordarles que Chile posee ventajas competitivas que podrían darnos -de una vez por todas-, el salto definitivo al desarrollo.
En ese contexto, el Estado debe actuar como un faro, señalando con claridad cuáles son los sectores de mayor dinamismo para que las compañías sepan dónde mirar a largo plazo. Para lograrlo, es imperativo recuperar una visión compartida de nuestro rol en una economía global fracturada y bajo tensión.
Por tamaño, seremos siempre un país cuyo futuro depende de los mercados internacionales, pero el valor de nuestras exportaciones no puede ser estático. El desafío es inyectar valor agregado mediante tecnología, talento local y desarrollos profesionales de vanguardia.
Aquí es donde la retórica choca con la realidad. Sin infraestructura habilitante, el crecimiento es un deseo, no un plan. Los recursos públicos, aunque escasos, deben asegurarse para este propósito. Los ajustes que se visualizan no deben hacerse a costa de la inversión pública. Y dada las mayores exigencias, la Asociación Público-Privada deja de ser una simple opción y pasa a ser una obligación que ya ha demostrado su éxito en nuestra historia.
Desde el CPI, hemos planteado que esta es una discusión del más alto nivel del Estado. Es por ello que proponemos la creación de una “Unidad Asesora Presidencial para proyectos de Infraestructura Estratégica”. Sus objetivos serían disruptivos: mirar a largo plazo, superando el ciclo electoral de cuatro años; identificar proyectos críticos que realmente desplieguen nuevas actividades productivas y facilitar la ejecución, eliminando el bloqueo entre agencias públicas que, con sus intereses específicos, suelen asfixiar las iniciativas estratégicas, entre otros.
El crecimiento no llegará por generación espontánea por muy expectante que sean las condiciones para el sector empresarial. O dejamos de lado las visiones parceladas y los intereses de corto plazo, o seguiremos viendo cómo el desarrollo se queda en una promesa de campaña. Es hora de decidir si queremos recuperar el liderazgo que alguna vez tuvimos en la región o simplemente mirar cómo otros lo hacen.
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La modernización pendiente del Estado. Por Alfonso Salinas.https://t.co/NOB0niMPHP
— Ex-Ante (@exantecl) May 14, 2026
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