Mientras Santiago todavía duerme y las luces de la ciudad apenas titilan en la madrugada, el equipo del Ministerio ya va rumbo al aeropuerto. Son las 3:00 de la mañana y comienza otra jornada que mezcla cansancio, convicción y sentido de urgencia. A las 6:45 estamos sentados en el mercado de Puerto Montt compartiendo desayuno con la directiva de los locatarios.
Conversamos con quienes se levantan todos los días antes del amanecer para trabajar, producir y sacar adelante a sus familias. Ahí, entre el café caliente y las historias de esfuerzo cotidiano, uno vuelve a entender por qué estamos aquí. Gobernar no es administrar estadísticas desde una oficina en Santiago. Gobernar es recorrer Chile, escuchar a su gente y actuar con la velocidad que el país necesita.
Han pasado solo 60 días desde que asumimos la responsabilidad de encabezar los ministerios de Economía y Minería, pero la sensación es que llevamos meses trabajando sin pausa. Porque Chile no podía esperar más. Durante demasiado tiempo el país se acostumbró al estancamiento y a la idea de que crecer era imposible.
Nosotros llegamos con una convicción distinta: Chile puede volver a crecer al 4%, puede recuperar la esperanza y transformar ese crecimiento en bienestar concreto para millones de familias. Ese ha sido el sello de estos primeros 60 días: poner al Estado en movimiento y volver a conectar el desarrollo económico con la vida real de las personas. No se trata solo de cifras macroeconómicas. Se trata de empleo, salarios, seguridad para emprender y oportunidades para las regiones.
En estas semanas hemos recorrido faenas mineras, puertos, mercados y pequeñas empresas. Hemos conversado con grandes inversionistas internacionales, pero también con pescadores artesanales y emprendedores que nos transmiten el mismo mensaje: Chile tiene potencial, pero necesita decisión y certezas.
Por eso decidimos cambiar el ritmo de la gestión. El Comité de Ministros ha revisado más proyectos que en períodos equivalentes de años anteriores, destrabando el 40% de los proyectos sometidos a su estudio y acelerando decisiones que llevaban demasiado tiempo esperando. El Consejo de Monumentos Nacionales comenzó también una nueva dinámica, más ágil y consciente de que proteger el patrimonio no puede significar paralizar indefinidamente el desarrollo.
Al mismo tiempo, el Sistema de Evaluación Ambiental registró un récord de proyectos ingresados durante el primer trimestre, reflejando una renovada confianza en Chile, y que representan más 20 mil millones de dólares de la mano de alrededor de 50 iniciativas que generarán decenas de miles de nuevos empleos entre construcción y operación. Por su lado, la inversión extranjera volvió a mostrar un cambio de tendencia positivo, con capitales que nuevamente miran a nuestro país como un lugar serio, estable y con futuro.
Pero esto no ha sido solo el esfuerzo de un ministerio. Esta dinámica la ha tenido todo el gabinete y sus equipos. Es la forma de trabajar que nos ha pedido el Presidente Kast desde el primer día: funcionar como un solo equipo, cercano a las personas, conectado con los dolores reales de los chilenos y obsesionado con ejecutar soluciones. Menos excusas, menos burocracia y más terreno. Más capacidad de escuchar y más sentido de urgencia para actuar.
La minería vuelve a ocupar un lugar estratégico en este desafío. El mundo demanda cobre y minerales críticos como nunca antes, y Chile tiene una oportunidad histórica de liderar la transición energética global. Pero esa oportunidad no puede perderse entre burocracia y señales contradictorias. Hemos comenzado a destrabar inversiones y recuperar la confianza. Porque cada proyecto que avanza significa empleo, desarrollo regional y mejores oportunidades para miles de familias.
Recuperar el crecimiento no es un capricho ideológico; es una necesidad moral. Un país que no crece termina condenando a sus ciudadanos a vivir peor que la generación anterior. Y nosotros no estamos dispuestos a aceptar eso. Queremos que Chile vuelva a ser un país donde valga la pena esforzarse, emprender, innovar y soñar.
Por eso hemos puesto especial urgencia en avanzar con el proyecto de ley de reconstrucción. No es simplemente una discusión legislativa más. Es una decisión de país. Es demostrar si somos capaces de unirnos para recuperar las zonas afectadas, acelerar inversión y devolver esperanza a miles de familias que sienten que el Estado llega tarde o no llega nunca.
Quiero invitar a todos quienes crean sinceramente en la necesidad de cambiarle la vida a los chilenos a aprobar esta ley. La reconstrucción no puede transformarse en un campo de batalla ideológico. Tiene que ser un punto de encuentro para quienes entienden que el desarrollo económico y el progreso social van de la mano.
En cada región que visitamos encontramos una mezcla de cansancio y esperanza. Hay frustración acumulada, sin duda. Pero también hay ganas de volver a creer en Chile. Y esa esperanza es quizás el motor más poderoso que hemos visto en estos primeros 60 días.
Gobernar exige tomar decisiones difíciles y enfrentar resistencias. Pero también exige coraje para decirle al país que sí es posible volver a crecer, volver a invertir y volver a generar oportunidades. Nosotros no llegamos a administrar inercias. Llegamos a mover al país. Estos primeros 60 días son solo el inicio.
El desafío es enorme, pero también lo es la convicción que nos mueve. Porque cuando un país vuelve a crecer, no solo crece la economía. Crece la esperanza. Y cuando crece la esperanza, cambia la vida de las personas. Chile puede más, y para eso estamos trabajando.
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