Literatura e Historia: el maridaje de Éric Vuillard. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Aun cuando para muchos la Historia no sea más que una ficción, la combinación que hace este novelista francés entre hechos históricos e inspiración literaria no siempre es muy afortunada. Es la sensación, al menos, que queda luego de leer tres libros suyos.


Escritor y también cineasta, francés nacido en Lyon en 1968, doctorado en filosofía y antropología con una tesis dirigida nada menos que por Jacques Derrida, a Éric Vuillard muchos críticos le reconocen la instalación de un nuevo género literario que, por caminos distintos a los de la novela histórica tradicional, se vale de los mecanismos de la literatura para recrear hechos históricos.

Aunque sus trabajos se editan, se imprimen y se venden como novelas, lo cierto es que amplían el concepto clásico de novela, pero posiblemente no más de lo que ya hicieron Capote con A sangre fría, Cercas con Anatomía de un instante o Carrère con Limonov, El reino o Koljós.

El más aplaudido de los libros de Vuillard es La orden del día (2017, Premio Goncourt), y tiene básicamente dos ejes:  el primero apunta a la complicidad de los grandes empresarios alemanes en el ascenso y en las barbaridades del Tercer Reich; el segundo se enfoca en la cadena de torpezas, debilidades, incompetencias y traiciones que se encadenaron en el llamado Anschluss, a través del cual Hitler, cinco años después de su ascenso al poder en Alemania, anexó la que efectivamente era su patria, Austria.

Viullard rescata escenas históricas efectivas y documentadas, muchas de ellas consideradas un tanto irrelevantes en la historia oficial, y las carga de una enorme significación psicológica, política, cultural y ética, en términos que convierten en fatalidad, en sentencia, en ley, todo lo que vino después.

¿Es lícito el procedimiento? Por supuesto que lo es: todo escritor es libre que armar como quiera sus relatos. El problema es que es relativamente sencillo jugar a la fatalidad con el diario del lunes. Es casi una ganga. El orden del día, por ejemplo, rasga vestiduras y trasunta indignación moral a raíz del entusiasta apoyo que entregaron los Krupp, los Siemens, los Opel, los IG Farben, los Bayer, y otros grandes barones del empresariado alemán a Hermann Göring, futuro jefe de la aviación alemana y presidente del Reichstag, en el encuentro secreto al que los convocó en febrero de 1933 con el fin de pasar el platillo para reunir los fondos que el partido nazi requería para la elección que llevó a Hitler al poder.

Por supuesto todos se cuadraron. Por supuesto que fue un acto de vasallaje. Pero habría sido interesante indagar un poco, más allá de los lugares comunes, por qué lo hicieron. Más interesante, sin duda, que simplemente tirarles la cadena. No eran tontos. Pueden haber sido oportunistas y miserables, pero no tontos.

Como quiera que sea, en ese episodio y en el de la anexión de Austria -que puso contra las cuerdas a la elite católica y conservadora que gobernaba el país, partiendo por el canciller Dollfus, que fue asesinado, siguiendo con Schuschnigg que lo sucedió y con el presidente Wilhelm Miklas, que intentó mantener la independencia hasta el final- la agonía de Austria tuvo lugar ante la más completa indolencia de Inglaterra y Francia y este fue el factor verdaderamente decisivo. Toda la comedia restante, el tira y afloja entre Viena y Berlín, fue efectivamente patético y estuvo de más.

Obviamente que la historia también puede mirarse como una comedia más o menos ridícula, con la arrogancia de un intelectual francés biempensante y la comodidad de un escritor que acude a los hechos históricos con el conocimiento de hoy, No queda eso sí muy claro qué de nuevo pueda salir de ahí. Dicho eso, hay que reconocer, sí, que Vuillard tiene prosa. Más que eso, tiene una retórica envolvente que, por lo menos entre los críticos, causa furor. Pero, por bien que suene, no es más que eso: bulla, voladores de luces, palabras más o menos huecas.

En el caso de 14 julio (2016), su libro anterior, el escritor estuvo algo más controlado. En rigor, es una crónica de los distintos momentos que París vivió ese día y en algunas jornadas previas que indicaban que la caldera estaba a punto de estallar. En el relato, más que protagonistas, lo que manda es el pueblo, el colectivo. Efectivamente la revolución francesa en sus orígenes fue popular. Pocos después -sabemos, lo que ocurre siempre en las revoluciones- dejaría de serlo, capturada por una elite que la conduce por cauces imprevistos.

¿Funciona como relato de un momento que cambió para siempre la Historia, no solo de Francia sino de toda Europa? Sí, funciona. ¿Convence? No tanto. Es obvio que el novelista le gana al historiador. La revolución -dice él- abrió algunas ventanas: “Deberíamos abrir más a menudo las ventanas. De cuando en cuando, así como así, de improviso, mandarlo todo a hacer puñetas. Sería un alivio. Deberíamos, cuando se nos encoge el corazón, cuando el orden nos envenena, cuando el desasosiego nos asfixia, forzar las puertas de nuestros Eliseos irrisorios, donde los últimos vínculos terminan por pudrirse, y birlas las carteras, camelar a los alguaciles, morder las patas de las sillas y buscar por la noche, bajo las corazas, la luz como un recuerdo”. Si alguien se siente interpretado por estas leseras, no queda otra cosa que decir ¡qué suerte!

La retórica ampulosa está mucho menos contenida en otro de los libros de Vuillard, La batalla de Occidente (2012). Quiere ser una crónica del estallido de la Primera Guerra Mundial, de los “genios” militares que la planificaron, de los políticos que la vieron como oportunidad, de los reyes que la auspiciaron, de los soldados que la alimentaron con sus cadáveres, de los civiles que la padecieron y de la lógica que convirtió toda la experiencia en uno de los peores horrores en la historia de la humanidad. Qué duda cabe: lo fue. Pero, como crónica, el libro es un fracaso. Aburre, informa poco, clarifica menos. Es poco, poquísimo, lo que se puede rescatar. Es el peor momento del pacto entre literatura e Historia acuñado por Vuillard.

Otros libros del autor se refieren a la conquista colonial del Africa (Congo, 2012 ), a las guerras campesinas alemanas del siglo XVI lideradas por el predicador Thomas Muntzer (La guerra de los pobres, 2020), al fracaso bélico tanto de Francia como de Estados Unidos en el sudeste asiático (Una salida honrosa, 2023) y a la caída del Imperio Inca (Conquistadores, 2024). No sé si vaya a leerlos.

 

 

El orden del día. Éric Vuillard. Ed. Tusquest, 2018. 144 pp.

 

 

14 de julio. Éric Vuillard. Ed. Tusquest, 2019. 185 pp.

 

 

La batalla de Occidente. Éric Vuillard. Ed. Tusquest. 2020. 188 pp.

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