Patria, familia, gloria e infelicidad: el nuevo libro de Emmanuel Carrère. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Arrojada y sincera, inspirada y conmovedora. “Koljós” es una novela que desde la historia familiar a veces baja a la historia íntima y a veces sube a la Historia con mayúsculas de Europa en el último siglo. Si no es la mejor, está entre las obras más brillantes y sentidas del autor.


He aquí un libro revelador en dos grandes sentidos. El primero, que su autor, si es que alguien todavía lo ponía en duda, es un sujeto más atormentado, complejo, intenso y disociado que el promedio de los escritores. El dato no es menor, teniendo en cuenta que se inscribe en el contexto de una fauna que no es precisamente un convento de monjas.

El segundo es que su madre, que está en el centro de su último libro, aparte de ser una mujer dura, exigente, exitosa, intelectual y socialmente brillante, es -con todos esos atributos- posiblemente el mejor y más coherente de todos los personajes que hasta ahora pueblan los libros de Carrère.

Esto último -vaya- tampoco es poca cosa, atendido que en esa galería hay caracteres de enorme densidad, como san Pablo (El reino), como el destemplado político nacionalista ruso Eduard Limónov o, para llevar las cosas más lejos, como el supuesto médico que protagoniza su novela-crónica El adversario, quien durante largos años engañó a su familia con un título que no tenía y un trabajo que nunca desempeñó y que, al sentirse descubierto en sus imposturas, terminó masacrando a sus padres, a su esposa e hijos sin piedad alguna.

Koljós (palabra que tiene que ver con granja colectiva, con la “ruca” donde mamá Carrère congregaba por las noches a sus hijos) es un libro muy singular. En principio, todo indica que se trata de un tributo a la madre, de un rendido acto de reconocimiento y de un hermoso testimonio de amor filial. Pero es asimismo una apasionada reivindicación del padre, a quien su mujer eclipsó siempre, y como también tiene mucho de ajuste de cuentas, forzoso es reconocer que hay en él cuotas de rencor, de divergencias, de recriminaciones que no se resolvieron a tiempo, de ninguneos de los cuales a lo mejor la madre ni siquiera fue muy consciente porque tenía un carácter atropellador.

Era el modelo de mujer tanque, hija de la autoexigencia, del esfuerzo, del deber, en ningún caso del deseo o de la felicidad. En consecuencia, es tanto un reconocimiento como una “parada de carro” a la madre. Y en importantísima medida, es la instancia que el hijo asume como liberadora ante una madre en muchos sentidos meritoria, pero cuyo magisterio, sin embargo, le fue asfixiante.

Más allá de esta dimensión terapéutica, por así llamarla, Koljós es del mismo modo un viaje por experiencias que son fascinantes. La más absorbente, la más dramática, desde luego, es la del exilio ruso -el de los rusos blancos- en París tras la revolución bolchevique de 1917. Tal vez cueste encontrar un fenómeno -en términos de volumen, de sufrimiento, de violencia, sangre y ferocidad- de parangones análogos en la historia de los últimos siglos.

Por el lado materno Carrère proviene de un linaje aristocrático que nunca fue otra cosa que ruso, por más que su padre de ella haya nacido en Georgia. El padre del escritor, por su parte, provenía de un tronco familiar también georgiano, que se mantuvo siempre identificado con esta etnia, pero bastante más plebeyo. Las primeras ochenta o cien páginas del libro son un laborioso repaso genealógico por la historia de ambas familias.

Los cuentos son increíbles y cada uno es más novelesco que el anterior. La acumulación, sin embargo, es una trampa porque entre bisabuelos, abuelos, padres, hijos y nietos de una rama y de otra llega un momento en cuesta saber dónde y en qué nivel estamos. Un croquis de ese intrincado árbol genealógico habría hecho en estos pasajes la lectura bastante más feliz. Es uno de los pocos problemas de Koljós.

Pero el libro también transita por otros frentes. Transita por la historia de Francia, desde la invasión nazi a Mayo del 68 y a Macron, el presidente que preside las honras fúnebres de la mamá, madame Hélène Carrère d’Encausse -su nombre verdadero- puesto que era nada menos que la secretaria perpetua de la Academie Francaise.

Transita además por la memoria europea del último siglo, de la Primera Guerra Mundial a la guerra de Ucrania, con la cual Carrère tiene una conexión no solo profesional sino también genética y visceral. Más que esto, transita por líneas de indagación psicoanalítica que, al cruzarse y en función de experiencias familiares semejantes, convirtieron -por transferencias, por negaciones, por miedos- a la madre en una historiadora de fuste, en una intelectual de convicciones de acero y de derechas, y al hermano de ella (tío del autor), en un un músico poco reconocido, de contextura perdedora pero muy leal con las banderas de la izquierda, mientras que el hijo, a Enmanuel Carrère, iba evolucionando a la figura de un escritor lleno de dudas, inseguro, sensible tanto a la luz de las verdades mesiánicas como a la oscuridad de los impulsos autodestructivos, aunque dotado de una prosa inteligente e incomparable, que lo coloca muy, muy arriba en la pirámide de las letras francesas.

Como tiene alcances que son muy autobiográficos, como es la obra de un maestro de la autoficción, y como a Carrère le cuesta no meterse, no incluirse, en las historias que cuenta, Koljós se topa tangencialmente con varios libros que él mismo ha escrito. Se topa con Una novela rusa (que es la historia del padre filonazi y colaboracionista de su madre), con El reino (que es la historia de su conversión y deserción del catolicismo), con Limonov (que es el libro que lo devolvió a Rusia), con Yoga (obra bastante más floja, pero interesante porque da cuenta de los demonios que lo llevaron a una severa depresión), y también con V13 (el soberbio reportaje que compuso a partir del juicio a los terroristas islámicos que sobrevivieron a la masacre del Bataclan y otros lugares).

Koljós no desmerece en absoluto frente a estos títulos. Si es que no es el mejor, está dentro de los mejores. Tiene páginas (entre muchas otras, sobre la debacle matrimonial de sus padres, cuando ella deja de querer a su esposo, sobre el proceso de envejecimiento de ambos, sobre el tío Nicolás, sobre la dimensión entre heroica y trágica con que su madre enfrenta la muerte) que no es exagerado calificar de excepcionales e inspiradísimas.

En momentos en que muchos lectores han desertado de la novela, a veces fastidiados por narraciones irrelevantes o por el agotamiento de fórmulas archisocorridas, es un placer dar con un libro como este: potente y conmovedor, introspectivo y también histórico-cultural. Nada muy distinto de lo que siempre hicieron los grandes novelistas.

 

Koljós. Emmanuel Carrère. Ed. Anagrama, 2026. 440 pp.

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