Perú entra en 2026 con una paradoja que desconcierta: mientras la política vuelve a la inestabilidad, la economía se sostiene con solidez. Inflación en apenas 1,7% anual, desempleo en niveles previos a la pandemia, crecimiento del PIB en 3,4% para el 2025 (en torno al potencial) y una deuda pública estable en torno a 34% del PIB. A esto se suman reservas internacionales equivalentes al 30% del producto, un colchón que otorga seguridad frente a shocks externos y que coloca al país en una posición privilegiada en la región.
Son cifras que, en cualquier otro contexto, serían motivo de celebración nacional; en el Perú, sin embargo, conviven con la rutina de crisis políticas, cambios de gabinete y tensiones entre poderes del Estado. Esto ya casi es considerado como una “falla estructural” del sistema político peruano, que sale a la luz cada cierto tiempo.
El manejo de la inflación ha sido un logro crucial. Fue uno de los primeros países en el mundo en controlarla, con una Política Monetaria que reaccionó a tiempo y consiguió volver a la meta de inflación de 2% en la primera parte del 2024. De esta manera, en un mundo golpeado por la volatilidad, el Perú ha conseguido mantener los precios bajo control, protegiendo el poder adquisitivo de los hogares y reforzando la credibilidad del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Esta disciplina monetaria ha evitado que la incertidumbre política se traduzca en desequilibrios económicos.
La recuperación del empleo formal también es significativa: tras el golpe de la pandemia, los niveles de ocupación se han normalizado, reflejando tanto la reactivación de sectores tradicionales como la expansión de servicios y comercio. Aunque la informalidad (en torno al 70%) sigue siendo un desafío estructural, el repunte del empleo formal es una señal de que la economía está generando oportunidades sostenibles.
La deuda pública estable es otro pilar de confianza. En comparación con otros países de la región, Perú ha mantenido a raya el crecimiento de la deuda, permitiéndole conservar grados de inversión y acceso a financiamiento en condiciones favorables. En tiempos de turbulencia política, esta estabilidad es un recordatorio de que las instituciones económicas han sabido preservar orden y credibilidad.
A ello se suma el respaldo de reservas internacionales, que funcionan como un seguro frente a shocks externos y refuerzan la percepción de solidez. En un entorno global incierto, contar con reservas equivalentes al 30% del PIB es un activo estratégico que otorga margen de maniobra.
El contexto internacional también ha jugado a favor. Los precios de los metales, especialmente cobre y oro, se han mantenido altos, generando ingresos extraordinarios para el país.
La gran pregunta es cómo puede coexistir esta fortaleza macroeconómica con la inestabilidad política que caracteriza al país. La respuesta está en la institucionalidad económica. A pesar de los vaivenes en el Ejecutivo y el Legislativo, las entidades técnicas han mantenido independencia y disciplina.
El BCRP y el Ministerio de Economía y Finanzas han actuado como anclas de estabilidad, evitando que la turbulencia política se traduzca en crisis económicas. Es una paradoja que revela resiliencia institucional, pero también un recordatorio de que la estabilidad no puede darse por sentada. Si la política llegara a erosionar la confianza en estas instituciones, los resultados podrían cambiar de manera abrupta.
El reto ahora es transformar esta resiliencia en crecimiento sostenible. Aprovechar el contexto favorable de precios internacionales para invertir en infraestructura, educación y diversificación productiva será clave. Reducir la informalidad laboral y fortalecer la gobernanza son tareas pendientes que no pueden seguir postergándose. La resiliencia macroeconómica es un activo valioso, pero no sustituye la necesidad de estabilidad política, aun cuando el Perú ha demostrado que puede resistir y prosperar incluso en medio de la incertidumbre.
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Mérito, suerte y esfuerzo: la ecuación oculta del progreso. Por Felipe Balmaceda. https://t.co/5LiMbrsr8s
— Ex-Ante (@exantecl) February 24, 2026
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