Lo más sorprendente, inexplicable y auto destructivo diría yo, es que el gobierno y la candidata hayan optado por perseverar en la política de la “encerrona” de los hechos consumados; especialmente ahora que hay un presidente electo cuyo concurso es absolutamente fundamental y que se había reunido con ella para tratar el tema. Me refiero a las gestiones secretas para obtener el apoyo de Brasil y México.
Con el pie izquierdo. El lanzamiento de la postulación de Michelle Bachelet a secretaria general de Naciones Unidas partió con el pie izquierdo cuando el Presidente Gabriel Boric la proclamó en la última Asamblea General, sin diálogo previo con la oposición ni una estrategia concertada.
- La transformó, de facto, en la candidata oficial de su gobierno y de su sector; en circunstancias que a lo que se debía aspirar es que se proyectara como una figura de conceso amplio, avalada por su trayectoria y desempeño dentro de la misma organización.
- Así, quedó instalada en el ambiente internacional como una candidatura “progresista” que toma distancia de la administración norteamericana. Lamentablemente, la candidata tampoco ayudó mucho al participar como invitada estelar en un encuentro sobre la “defensa de la democracia”, similar al que se celebró en Santiago hace unos meses, junto a mandatarios de izquierda, tales como Petro, Lula y Sánchez.
- La estrategia implementada en Nueva York fue ampliamente debatida y objeto de críticas transversales, descrita como un traspié fruto de la ansiedad del presidente, por la premura de “clavar una pica en Flandes” antes de la elección presidencial.
- En el intertanto, la “candidata” no solo mantuvo, sino que aumentó su protagonismo en la política nacional, haciendo gestiones en pro de la unidad de la izquierda sin exclusiones y apoyando públicamente a la candidata oficialista.
- Lo que ha tenido un efecto negativo sobre su postulación es que la expresidenta, lamentablemente, no genera un consenso amplio; no porque carezca de méritos, sino porque ha sido una actora principal en la lucha política contingente, como líder indiscutida de la izquierda. Hoy el 43% rechaza la postulación y un 16% no sabe o no responde.
La encerrona. Pero, lo más sorprendente, inexplicable y auto destructivo diría yo, es que el gobierno y la candidata hayan optado por perseverar en la política de la “encerrona” de los hechos consumados; especialmente ahora que hay un presidente electo cuyo concurso es absolutamente fundamental y que se había reunido con ella para tratar el tema.
- Me refiero a las gestiones secretas para obtener el apoyo de Brasil y México cuyos embajadores aparecieron por sorpresa en La Moneda el día que Boric ratificó oficialmente la postulación. Todo ello en medio de miradas cómplices de los protagonistas, llenas de satisfacción por lo que consideraban una “golpe a la cátedra” que pondría entre la espada y la pared al presidente electo.
- Desde un punto de vista estrictamente formal, Boric estaba en todo su derecho de hacer lo que hizo; pero desde un punto de vista político (y de sentido común) aparece como un “ninguneo”, un “portonazo” al presidente electo, que no fue informado y que había dejado para después del 11 de marzo el anuncio de su decisión.
- Con su conducta el gobierno, pero sobre todo la candidata, se hicieron un autogol de media cancha, lo que resulta del todo incomprensible; especialmente cuando sabemos que al final del camino, el beneplácito del presidente Kast le es indispensable para el éxito de la candidatura.
- No solo porque de él dependerá el apoyo financiero y el despliegue de nuestras embajadas, sino porque además es el único que tiene la afinidad ideológica, la empatía política y la credibilidad, para llegar a las altas esferas del gobierno norteamericano e intentar revertir el veto.
- Además, el episodio radicalizó a la derecha en su negativa a respaldar a Bachelet, incluyendo a sectores de Chile Vamos, como la UDI que ya lo solicitó formalmente.
El púlpito. La derecha también tiene otras razones para su frialdad. Se habla, con razón, de la decadencia de las Naciones Unidas, de su paupérrima situación económica, que ya no es lo que era, que el cargo carece de poder real y del desprecio de la administración norteamericana por la institución.
- Sin embargo, la secretaría general de la ONU viene acompañada de un “púlpito” desde el cual su titular le puede hablar al mundo, influenciando a la opinión pública mundial y sobre todo a la nacional.
- Dicen que ese era el temor de Trump, que no quería que el nuevo papa fuera norteamericano porque podría usar el púlpito de San Pedro para atacar o disentir de sus políticas.
- Algo parecido flota en los corrillos de la derecha, donde no ven con buenos ojos el protagonismo, sin precedentes, que el cargo le daría a Bachelet; que frente a un gobierno que está en las antípodas de sus convicciones se podría convertir, aún sin quererlo, en una especie de conciencia crítica del nuevo régimen.
“Obligación patriótica”. La ambición de Bachelet es enteramente legítima, la idea de que sería la primera mujer en ocupar el cargo significativa. Además de la culminación de una carrera política meteórica que la llevó en dos oportunidades a ser presidenta.
- Lo que no significa que exista una “obligación patriótica” de apoyarla, que su causa tenga que ser necesariamente la de todos los chilenos. Es perfectamente lícito disentir. Su candidatura no es un tema de “Estado”, salvo en cuanto que es, hasta ahora, la postura oficial del Gobierno de Chile; pero no hay absolutamente ningún interés estratégico en juego.
- En resumen, Bachelet tiene credenciales de sobra y un prestigio internacional indiscutible, pero sus posibilidades reales de resultar electa son bajas y sin el respaldo explícito de Kast nulas.
- Para que su candidatura pudiese prosperar se necesitaría, además de los recursos del Estado, una operación diplomática de alto nivel, capaz de tender puentes con EE.UU. y reducir la percepción de sesgo ideológico; algo que dudo será una prioridad para Kast, que lo lleve a invertir parte de su capital político con Washington, incluso si decidiera ratificar la decisión de Boric.
Para más columnas en Ex-Ante, clic aquí.