Febrero 7, 2026

El mosquito del aeropuerto. Por Claudio Cabello

Director del Centro de Investigación de Resiliencia a Pandemias (CRP) de la Universidad Andrés Bello.

El hallazgo de un mosquito Aedes aegypti en el Aeropuerto de Santiago reabrió las preguntas sobre los riesgos sanitarios asociados a enfermedades como el dengue, Zika, Chikungunya y fiebre amarilla. Aunque su detección no implica la existencia de un brote, sí refuerza la importancia de la vigilancia sanitaria y de conocer los síntomas y medidas de prevención.


La detección de un mosquito en el Aeropuerto de Santiago generó inquietud y preguntas. No se trataba de un insecto cualquiera, sino del Aedes aegypti, conocido por transmitir Dengue, Zika, Chikungunya y fiebre amarilla. Sin embargo, conviene partir de una idea central: encontrar un mosquito no es lo mismo que enfrentar un brote de enfermedad. El mosquito debe ser portador de esos virus y transmitirlo al humano.

Chile lleva años siguiendo la expansión de este mosquito en la región. Los viajes, el comercio internacional y los cambios en el clima han facilitado que especies que antes estaban lejos hoy puedan desplazarse grandes distancias. El aeropuerto es una puerta de entrada natural.

Tras la detección, las autoridades sanitarias actuaron de inmediato. El Instituto de Salud Pública confirmó la especie y el Ministerio de Salud desplegó equipos para revisar el entorno.

Conocer las características de cada enfermedad resulta fundamental para que la población pueda identificar señales de alerta y actuar a tiempo. El dengue es la más conocida de estas infecciones. Tras un período de incubación de cuatro a diez días, suele comenzar con fiebre alta, que puede alcanzar los cuarenta grados, acompañada de dolor de cabeza intenso, especialmente detrás de los ojos, dolores musculares y articulares severos, náuseas y erupciones en la piel. En la mayoría de los casos, el cuadro mejora con los días, pero en un grupo menor puede agravarse si no se consulta a tiempo.

Uno de los aspectos más engañosos es que puede empeorar precisamente cuando la fiebre empieza a bajar. En ese momento, pueden aparecer dolores abdominales intensos, vómitos persistentes o sangrados leves, como en encías o nariz. Estos signos indican que se requiere atención médica inmediata, pues el dengue grave puede provocar hemorragias, dificultad respiratoria y falla de órganos, con una tasa de letalidad cercana al 2,5% cuando no se recibe tratamiento adecuado. No existe un medicamento específico, el manejo se basa en reposo, hidratación y control de la fiebre. 

El virus Zika suele pasar más desapercibido. Cerca del 80% de quienes se infectan no presentan síntomas o solo tienen molestias leves: sarpullido, fiebre baja, conjuntivitis o dolor muscular moderado. El período de incubación oscila entre tres y catorce días. El riesgo principal es para embarazadas, ya que puede afectar el desarrollo del feto, causando microcefalia y otras malformaciones congénitas. Por esta razón, el Zika ha sido una preocupación global en los últimos años. Además, se ha documentado su asociación con el síndrome de Guillain-Barré, una condición neurológica que puede causar debilidad muscular y parálisis temporal. Al igual que con el dengue, no existe vacuna ni tratamiento específico, solo manejo de los síntomas.

La fiebre Chikungunya presenta características particulares que la distinguen de las dos anteriores. Su nombre proviene del makonde, hablado en Tanzania, y significa “doblarse”, en referencia a la postura encorvada que adoptan los pacientes debido al intenso dolor articular que provoca. Con un período de incubación de tres a siete días, se manifiesta con fiebre alta de inicio súbito y dolor severo en las articulaciones, especialmente en manos y pies, acompañado de dolor muscular, cefalea, náuseas, fatiga y erupciones cutáneas. El dolor articular puede persistir durante meses o incluso años después de la infección inicial. El tratamiento se limita al manejo sintomático con analgésicos y antiinflamatorios.

De las cuatro enfermedades, la fiebre amarilla es la más grave y potencialmente mortal, pero también la única que cuenta con una vacuna. Tras un período de incubación de tres a seis días, comienza con fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolor de espalda y muscular, náuseas y vómitos. Esta fase dura hasta cuatro días, tras los cuales la mayoría de los pacientes mejora. Sin embargo, aproximadamente el 15% entra en una segunda fase tóxica caracterizada por ictericia, que da a la piel un tono amarillento, hemorragias y falla hepática y renal. La letalidad en esta fase grave alcanza el 50%. La buena noticia es que una sola dosis de la vacuna confiere protección de por vida.

La reacción ante la noticia del aeropuerto debe ser equilibrada. No se trata de generar miedo, pero tampoco de minimizar el hecho. Vivimos en un mundo donde los problemas de salud cruzan fronteras en horas. Un mosquito puede viajar oculto en un avión.

Este episodio también deja una enseñanza práctica: el mosquito Aedes aegypti no necesita grandes cantidades de agua para reproducirse. Por eso, el control no depende solo de acciones del Estado, sino también de conductas cotidianas. Eliminar recipientes que acumulen agua, cambiar frecuentemente el agua de floreros y bebederos de mascotas, y mantener tapados los contenedores son medidas sencillas pero efectivas.

Reconocer los síntomas de cada una de estas enfermedades, entender cómo se transmiten y actuar con responsabilidad permite enfrentar estas situaciones sin alarmismo, pero con la seriedad que merecen. 

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