Llevamos solo unas pocas semanas de 2026 y la dinámica de los mercados tomó una fuerza inusitada. Las bolsas emergentes, el oro y el cobre acumulan saltos significativos, incluso luego de un extraordinario 2025; y como fenómeno curioso, para alegría de los permanentemente escépticos de estos activos, el bitcoin lleva un retorno casi plano desde inicios de 2025 (aunque con su ya conocida volatilidad de 80% anualizada).
Pero los focos están puestos en el dólar global -el índice DXY que compara la moneda americana contra otras monedas duras- y su incidencia en las monedas emergentes, luego que desde su peak a fines del 2024 cuando Donald Trump ganó las elecciones, ha perdido casi un 15% de su valor.
Un ejemplo muy familiar es el de nuestro peso que se ha revalorizado desde cerca de 990 por dólar a los actuales 860. ¿Mérito local? Puede ser, pero no estamos solos y las principales monedas de la región muestran una recuperación similar en los últimos doce meses.
Sin duda hay que reconocer el entusiasmo del mercado financiero local y el empuje que han anotado las encuestas de expectativas ante una agenda que ataca principalmente temas económicos. Además, las coincidencias en materia de agenda política y económica en América Latina podrían estar detrás de esta sincronía.
Pero es muy gravitante lo que está ocurriendo con el dólar global y su rol en los mercados internacionales. Vale la pena preguntarse si está siendo cuestionado como activo refugio y protagonista de la economía global, real y financiera.
Potenciales factores hay varios: una institucionalidad que está sufriendo embates en el último tiempo en EE. UU., cierto nerviosismo en torno a las expectativas de retorno relativo entre la bolsa americana y el resto del mundo (sobre todo de las economías emergentes) y las tradicionales tensiones fiscales de largo plazo en EE.UU. estarían detrás de este comportamiento. Esto a nivel más bien cualitativo.
Desde el punto de vista cuantitativo, un barrido a los fundamentales clásicos del tipo de cambio real (el dólar versus una canasta de monedas) apunta usualmente a los diferenciales de crecimiento entre economías, su posición fiscal relativa, balance de cuenta corriente y diferenciales de tasas de interés. Por su parte, la incertidumbre política y económica ha explicado buena parte de los episodios de apreciación del dólar global, pero en esta ocasión, ese canal está bajo duda.
Un pequeño y acotado ejercicio entre perspectivas para Chile y EE. UU. indicaría que Chile mejora sus proyecciones relativo a la economía americana en crecimiento (luego de años de aletargada expansión) y la agenda fiscal promete una mejor foto para este y los próximos años respecto de la dinámica que mostraría EE.UU. Si sumamos el viento a favor en términos de intercambio (precio del cobre versus precio del petróleo) y una incipiente ganancia en productividad de la economía chilena, pareciera que cerramos brechas con EE.UU. y un peso más fuerte hace sentido. Pero no somos competencia para el dólar en el mundo.
¿El resto de las economías desarrolladas y emergentes relevantes que sí podrían competir logran cerrar brechas? Una mirada rápida a cómo se compara EE.UU. versus Europa o China pone una razonable cuota de duda sobre esto. Para qué mencionar Japón que en las últimas semanas ha mostrado una volatilidad y peligrosa similitud a lo que padeció la primera ministra de Reino Unido Liz Truss en 2022, cuando enfrentó una fuerte sacudida en los mercados de bonos de su economía por un fallido paquete económico. Todo apunta a niveles al menos 5% por sobre el actual valor para el dólar global.
Siempre es posible que los flujos generen desvíos por un tiempo y, parafraseando a un destacado economista, el mercado puede estar equivocado más tiempo de lo tolerable.
Los flujos hacia emergentes, las apuestas que involucran tasas en yenes y dólares y también la probabilidad de algún “accidente” en la independencia de la Reserva Federal, pueden estar de detrás de esto. De hecho, algunos dan al oro como ganador neto en esta batalla por la búsqueda de refugio. Pero como en la famosa cita, las noticias sobre la muerte del dólar podrían ser exageradas, junto al hecho que su sucesor no es para nada obvio, por lo que no descartamos que recupere valor más temprano que tarde.
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IA en Chile: quiénes sentirán el golpe primero y quiénes no tanto. Por Luis Hernán Paul.https://t.co/iBgjFkG9g8
— Ex-Ante (@exantecl) January 31, 2026
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