En streaming: el estremecedor thriller Incontrolables y la premiada película El Brutalista, que le valió su segundo Oscar a Adrien Brody.
Las dos horas 40 de esta película no solo mantienen al espectador atrapado en su laberíntica e intensa historia: cada minuto, escena y secuencia no tienen desperdicio. Así como sus numerosos personajes, la mayoría delirantes, extraviados o muy limitados.
Paul Thomas Anderson se inspiró en una novela que Thomas Pynchon escribiera en 1990 (“Vineland”). Pero esta vez el cineasta puso más de su cosecha que en la compleja Vicio Propio (estrenada en 2014).
Situada en EE.UU. en una fecha imprecisa, esta tragicomedia político policial, sarcástica y paródica, comienza con el ataque de un grupo de extrema izquierda, llamado French 75 (¡!), a un centro de detención de inmigrantes en la frontera EE.UU.-México. La líder, la erotizada y muy narcisista Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), una muy atractiva mujer afroamericana, es secundada por su pareja, Bob Ferguson (Leo DiCaprio), experto en artillería y bombas. Allí, Perfidia aprovecha de humillar, de una especial manera, al Coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), con quien luego tendrá intensos encuentros sexuales.
Perfidia queda embarazada y cuando nace su hija es el bueno de Bob quien le presta atención y luego se hace cargo de ella.
Los ataques con explosivos continúan. Hasta que en un asalto a un banco, Perfidia mata a un guardia (afroamericano). Ella y buena parte del grupo son detenidos. Lockjaw le ofrece insertarla en el Programa de Protección de Testigos a cambio de delatar a sus compañeros, lo que ella acepta de inmediato. Cuando Lockjaw se hace a la idea que formarán una pareja en aquella linda casita (¡!) ella simplemente desaparece, con rumbo desconocido (¿Cuba? especularán algunos).
Quizás por eso, o porque sí —Lockjaw no es un sujeto de muchas luces— es que decide integrarse a un grupo ultra, una versión sofisticada y actualizada del KuKluxKlan, que se hace llamar Club de Aventureros de Navidad (¡!): supremacistas raciales, antisemitas y homofóbicos.
Han pasado 16 años y Willa (Chase Infiniti, la misma de la serie Se Presume Inocente), la hija de Perfidia, es una adolescente que ha tomado clases de karate con Sergio St. Carlos (Benicio Del Toro). La “cuida” su padre, el torpe de Bob, que en realidad se dedica a las drogas y el alcohol. Viven en una casa en Baktan Cross, un pueblo lleno de inmigrantes latinos, siempre con el temor que llegue la ley a buscarlo. (Luego Sergio será clave para ayudarlo a escapar, aunque Bob se esmere en hacer el ridículo). Él le ha transmitido a la chica la leyenda de que su madre fue una heroína en ese movimiento setentero que llamaron French 75 y que se ha fraccionado en variopintos grupos de izquierda radical.
Entre conspiraciones que van y vienen, monjas en un convento perdido donde entrenan guerrilleros, “coyotes” con sentido de humanidad, y una espectacular y múltiple persecución en una carretera desértica la historia continúa con sus vericuetos, incluso derivando en una historia paterno filial.
DiCaprio, Sean Penn y Del Toro en las más brillantes actuaciones de su carrera.
La música (genial y tan mix como todo en la película) por momentos llega a ser invasiva (porque así tiene que ser).
Abundan las citas explícitas al cine.
El director de fotografía Michael Bauman filmó en VistaVision y en 35 mm.
La banda sonora, otra vez a cargo del guitarrista y tecladista de Radiohead, Jonny Greenwood. A ella se suman canciones de The Jacskon Five, Tom Petty y Los Panchos (“Perfidia”, 1974), entre muchos otros. Tan ecléctica como el filme mismo.
ONE BATTLE AFTER ANOTHER
One Battle After Another
Dirección y guion: Paul Thomas Anderson
EE.UU., 2025
Duración: 161 min
Un muy inquietante thriller dramático que a medida que avanza se pone más oscuro.
En Incontrolables está de fondo una muy crítica observación sobre la forma en que los adultos enfrentamos las complejidades que viven nuestros adolescentes.
Esta miniserie canadiense transcurre principalmente en un aparentemente idílico y bucólico pueblo, Tall Pines, de donde, como en Twin Peaks, no es muy fácil salir.
Pero Incontrolables es puro realismo donde, eso sí, se mezclan retorcidos manejos de la psiquiatría y la psicología con ciertas prácticas neohippies que bordean la brujería.
Abbie (Sydney Topliffe) y Leila (Alyvia Alyn Lind) son dos amigas inseparables que van juntas al colegio en Toronto. En realidad, se dedican más a conseguirse drogas y pasarlo bien. La vida de Leila es un desastre: vive en una pequeña casa desvencijada, con una madre sumida en una profunda depresión, causada por la trágica muerte de su otra hija. En cambio la de Abbie es una familia acomodada, de padres muy rígidos que no toleran lo que está ocurriendo con su hija. Para “enderezarla”, deciden enviarla a la Academia Tall Pines. Por cierto, no solo no le preguntan: de noche, mientras ella duerme, unos sujetos virtualmente la secuestran en connivencia con sus progenitores: le ponen una capucha, la amarran y la suben a una van.
Cuando Leila se entera, decide ir a rescatar a su amiga, una ocurrencia que solo a ella y su arrojo y vocación suicida se le ocurre que puede hacer.
Mientras, a Tall Pines, ubicado en Vermont, han llegado a instalarse a una bella casa en un bosque Alex (Mae Martin) y su esposa embarazada, Laura (Sarah Gadon), oriunda del lugar. Alex se integra al Departamento de Policía del pueblo, cuando le toca buscar entre los bosques a un chico que se ha escapado de la Academia.
La directora del lugar, Evelyn Wade (Toni Colette), es conocida y respetada por todo el pueblo. Encantadora y de trato afable es muy difícil sacarla de esa máscara.
La cámara se mueve entre el interior enrejado de la Academia rodeada de grandes jardines, la casa del matrimonio, el pueblo y la estación de Policía. En raccontos vamos conociendo el pasado de varios personajes que enhebran esta historia fascinante y compleja. Nada ni nadie sobra. Y ninguno es del todo inocente, aunque ciertamente hay seres muy siniestros y otros tantos víctimas-victimarios, algunos pocos con posibilidades de redención.
Quienes parecían fuertes y decididos finalmente pueden sucumbir a las siniestras redes que ayudan a Evelyn a ejercer el control mental sobre quienes caen en sus manos.
Es Alex quien empieza a tirar del hilo que nos va develando sorprendentes y dolorosos hallazgos, algo que iremos conociendo episodio tras episodio. (El quinto es de infarto).
WAYWARD
Dirección: Mae Martin (Creador), Euros Lyn, John Fawcett, Renuka Jeyapalan.
Canadá, 2025
Miniserie de ocho episodios, de 44 minutos aprox.
Premiada en Venecia y nominada a diez Oscar 2025, la desgarradora película de Brady Corbet finalmente se quedó con tres estatuillas: mejor actor para Adrien Brody, banda sonora, fotografía.
Como el otro lado del espejo de aquel doloroso personaje que interpretara en El Pianista (2002, R. Polanski), Adrien Brody (que obtuvo su primer Oscar por ese rol) lleva sobre sus hombros una historia humana más trágica aún y de una rica e intensa complejidad. Un filme monumental que sabe hilvanar lo social y lo íntimo para hacerse trascendente.
Si el músico judío polaco vivió la Segunda Guerra oculto en Varsovia entre sobresaltos y la más angustiosa incertidumbre, el arquitecto húngaro László Toth (A. Brody) llega a Nueva York en 1947, junto a muchos otros refugiados judíos que han logrado huir del nazismo (y luego del stanilismo).
Los daños que acarrea László son externos e internos. De los maltratos físicos le ha quedado una trizadura en la nariz, cuyo intenso dolor subsana con heroína.
De NY viaja a encontrarse con su primo Attila, un hombre que se ha instalado con un próspero negocio. En ese abrazo de esperanza László llora a lágrima viva. Pero es solo el comienzo de un camino áspero, injusto y pedregoso.
No es banal que la película se llame El Brutalista. Porque el hombre y su obra comparten características, orígenes y razones. La corriente arquitectónica conocida como “brutalismo” precisamente surge post Segunda Guerra y está determinada por la necesidad de construir estructuras duras, resistentes. László es así: duro e irreductible, pero como el concreto, el hormigón armado, también se asoman en él sus grietas y ciertas marcas.
La crudeza y el realismo dominan un relato donde no hay espacio para sentimentalismos.
El trauma, la pérdida, la traición y el daño que aún le puede ser infligido marcan una vida trágica. El hombre dañado y la gloria del artista conviven en él.
En EE.UU., tras verse obligado a dejar la empresa de su primo, trabaja como obrero de la construcción. Allí lo encuentra Harry, el hijo de un acaudalado industrial de Pennsylvania, quien lo contacta para un trabajo en su mansión. Luego será el patriarca de la familia, Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), quien le encargará aquel asombroso conjunto arquitectónico, que diseña y construye a su modo, muy inspirado en sus vivencias. László logró imponer su sello, no sin dificultades y cortapisas.
La película alterna las imágenes en construcción con las cartas que van y vienen entre él y su mujer (Felicity Jones), quien no ha logrado salir de Europa. E intercala ciertos momentos “documentales” sobre la prosperidad del “sueño americano” con la vida que irá armando el protagonista, la que nunca será un jardín de rosas.
Nada sobra en esta filosamente bien construida tragedia. Ni menos aquel viaje a Italia, para comprar mármol.
El personaje de László Toth está inspirado en arquitectos como Marcel Breuer, Louis Kahn y Paul Rudolph, entre otros.
THE BRUTALIST
Dirección: Brady Corbet
Guion: Brady Corbet, Mona Fastvold
EE.UU., 2024
Duración: 215 min.
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Cine: Camina o Muere y Amores Compartidos, dos películas ¡imperdibles! para este fin de semana. Por Ana Josefa Silva (@ana_josefa).https://t.co/czjaJOluvc
— Ex-Ante (@exantecl) September 19, 2025
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