El 8 de septiembre pasado, el primer ministro francés tuvo que renunciar a su puesto. Ya es el cuarto ministro que pasa por el mandato actual del Presidente Emmanuel Macron. La principal causa detrás de esta rotación de ministros se debe a la imposibilidad de llegar a un acuerdo fiscal con el resto de los partidos. La deuda del país ha alcanzado niveles muy altos y se aproxima a alrededor de un 114% del PIB francés según la Comisión Europea.
El gobierno ha hecho esfuerzos para mejorar las cuentas del Estado, pero la ausencia de mayoría en la Asamblea Nacional pone un freno a sus iniciativas. Si Francia sigue por este camino, no podemos descartar un posible default a futuro: otros países se apoyarían en la inflación para reducir la deuda del Estado, pero Francia no controla su política monetaria y no puede usar esta herramienta tradicional para reducir su deuda, por lo que podría dejar de pagar si no logra mantener la trayectoria de su deuda bajo control.
Desafortunadamente, Francia no es el único país de la OCDE cuya situación fiscal nos preocupa. El aumento del populismo en Estados Unidos podría llevar a un deterioro fiscal allá también, y varios países siguen aún con niveles de deuda altos como Italia (138% del PIB), Bélgica (107%), España (104%), o Grecia (153%).
En Chile, estamos por discutir el Presupuesto de este año. Estamos lejos aún de los límites de deuda mencionados anteriormente, pero estamos cerca del límite crítico del 45% de deuda establecido por el gobierno.
Tenemos la necesidad de reducir la deuda, pero nos deberíamos preguntar si el empeoramiento del panorama fiscal internacional podría volver esta tarea más difícil. En efecto, existe un riesgo de aumento de las tasas de interés reales de los bonos en el mundo.
El riesgo no es inmediato, pero podría potencialmente perjudicar a Chile en unos años si el aumento en las tasas se generaliza y hace que el precio al cual se podrá endeudar Chile sea más alto. En tal caso, deberíamos ser conscientes que cualquier deterioro del déficit este año podría ser más difícil de pagar en unos años.
Ahora, estos fenómenos no son fáciles de prever. Se podría perfectamente dar una situación en que a Chile se le otorgue tasas de interés menores si el mercado internacional ve al país como un deudor seguro. En tal caso, el flight to quality (la acción de inversionistas de mover su capital a inversiones de mayor seguridad) del que se beneficiaban algunos gobiernos de la OCDE podría trasladarse a las economías emergentes que mandan una señal de austeridad fiscal. Sin embargo, esto va a depender de cómo evolucione la calidad de nuestras instituciones en los próximos años. Este es el trabajo de los próximos dirigentes.
Ojalá la rigurosidad fiscal sea una prioridad. No queremos que Chile caiga en la misma trampa que Francia.
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