Hace poco leí una interesante investigación de Rachel Théodore (2025, ¿Del arraigo local a la transnacionalización? Las elites empresariales chilenas frente al estallido social de 2019). El estudio empírico analiza las salidas de capitales y los movimientos migratorios de las élites empresariales chilenas desde el estallido social de 2019.
El estudio señala que, históricamente, estas élites han presentado un sesgo de concentración en inversiones nacionales, a pesar de los beneficios de la diversificación. Este arraigo estaba vinculado a factores sociohistóricos y a la percepción de Chile como un mercado sólido.
No obstante, tras el estallido social, esta dinámica cambió abruptamente. A diferencia de eventos anteriores, la salida de capitales fue impulsada por dineros de hogares con alta capacidad económica e instituciones no financieras. De hecho, el SII reporta que el monto de las inversiones internacionales declaradas por el segmento de Personas de Altos Patrimonios entre los años tributarios 2017 y 2022 se incrementó en un 57%. De acuerdo con la autora, este proceso evidencia una creciente transnacionalización de las estrategias económicas y una ruptura entre las élites y la ciudadanía.
Finalmente, la doctora Théodore concluye después de su investigación que esta situación exige no solo una adecuación de las estructuras de fiscalización y monitoreo a las nuevas dinámicas del capital transnacional, sino también el desarrollo de mecanismos eficaces para mitigar los efectos negativos que estas operaciones internacionales generan sobre la recaudación tributaria.
En este punto recordé la fábula de Esopo, “El Sol y el Viento”, la cual describe una contienda para determinar cuál de los dos es más poderoso. En un desafío, el Viento intenta infructuosamente obligar a un viajero a quitarse la capa soplando con fuerza, lo que provoca que este se aferre a ella. Por el contrario, el Sol logra que el viajero se la retire voluntariamente simplemente al irradiar su calor, demostrando la superioridad de la persuasión sobre la coerción. Es por esto, que pese a considerar la investigación un gran aporte, no coincido con su conclusión.
El objetivo debe ser que los capitales vuelvan a concentrarse en inversiones nacionales, un fenómeno clave para nuestro desarrollo económico, y esto, depende intrínsecamente de la restitución de la confianza en las instituciones y la percepción de seriedad del país.
La implementación de un marco tributario y laboral atractivo se presenta como un facilitador esencial para este propósito. Aludiendo a la metáfora del Sol y el Viento, la estrategia más efectiva no reside en la coerción, que genera resistencia, sino en la persuasión. La creación de un entorno seguro y propicio motiva a la inversión a retornar voluntariamente, demostrando que un ambiente favorable y atractivo constituye un incentivo superior a la fuerza o la imposición.
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Es lo que hay. Por Felipe Jaque. https://t.co/0XhSO0s5du
— Ex-Ante (@exantecl) September 2, 2025
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