-Estuvo muy entretenido el lanzamiento de tu libro, no sé si tú lo pasaste bien. Porque hubo algunas críticas hacia la derecha liberal.
-Lo pasé súper bien. Comparado con la Convención, esto fue como un carrete. Me gusta que haya sido intenso. El título del libro tiene una cosa muy provocadora, lo importante es que esto sea una conversación.
-Angélica Bulnes dijo que generaba sospechas el hecho de que se junten estas dos palabras, derecha y liberal. ¿Por qué crees que pasa eso?
-Al final el lector va a decidir si el título se sostiene o no. Es la historia de un proyecto liberal en la centroderecha, Evópoli, desde un relato en primera persona. Ahora, tú tienes razón. Muchas personas reaccionan airadamente si digo que existe la derecha liberal y hacen un test de blancura de si los proyectos políticos que se dicen liberales lo son. Además, hay una competencia entre liberales, un deporte olímpico de definir quién es un verdadero liberal y quién es un impostado.
-Daniel Mansuy dijo que era clave definir “liberal” como un adjetivo o como un sustantivo. ¿Una parte del liberalismo chileno está en la izquierda?
-Sin lugar a dudas, hay liberales en la izquierda. Yo pienso en Andrés Velasco. El PPD, durante la transición, tuvo un perfil muy liberal. Liberales son Felipe Harboe, Javiera Parada, Carlos Peña o Agustín Squella. Y en la derecha, existen intelectuales como Lucía Santa Cruz, Leonidas Montes y Álvaro Fischer. Jaime Bellolio, que es de la UDI, representa un liberalismo clásico.
-En el libro dices que fue un riesgo que Blumel y Briones, ambos de Evópoli, hayan sido ministros importantes en pleno estallido. ¿Hay una crítica?
-No, no es una crítica. Es más bien una descripción. Evópoli asumió responsabilidades fundamentales en Interior, en Hacienda, pero lo volveríamos a hacer. Haber estado en esas circunstancias afectó nuestra identidad, hubo un costo asociado. Al igual que haber votado contra los retiros previsionales. Pero era lo correcto.
-Del mismo modo que otros libros de Selume, Blumel, el tuyo aborda el estallido social. Algunos, como Mansuy, plantean que el Gobierno y la derecha no tuvieron respuesta. ¿Se quedaron pasmados?
-Es cierto que en el Gobierno, en Chile Vamos, lo que hubo fue perplejidad, una cierta incapacidad de poder reaccionar e interpretar de buena manera lo que estaba pasando. Pero tampoco la izquierda ni los intelectuales hicieron una gran diferencia.
-Describes tu participación en la Convención como “ir a Vietnam”. ¿Por qué?
-Fuimos parte de una minoría muy impugnada por representar todos los males de Chile. Nosotros éramos la elite viciosa, frente a un pueblo oprimido y virtuoso que venía a hacer justicia por décadas de opresión. Aquellos que fuimos a dar esa pelea, cumplimos con nuestra responsabilidad democrática.
Pero las mayorías de izquierda que lideraban la convención hundieron ese proceso, como en el Titanic. Fue extraordinariamente duro llamar a votar Rechazo, pero yo creo que fue muy valioso. Y en términos personales, es la principal experiencia política que he tenido en mi vida.
-En el libro también analizas escenarios electorales, como cuando Evópoli llamó a votar a Kast para ganarle a Boric. Hoy por primera vez Kast empata con Matthei en Plaza Pública de Cadem.
-Faltan cinco meses y algo más para la elección. Matthei tiene todas las características y el liderazgo para poder sacar a Chile del estancamiento en el que estamos hoy. Y creo que tenemos que recordar una cosa súper práctica. En la última elección, José Antonio Kast pasó a segunda vuelta, y la que ganó fue la izquierda. Si Kast pasa a segunda vuelta, corremos el riesgo de que vuelva a ganar la izquierda.
Me pregunto si valdría la pena someterse a ese riesgo dos veces para que haya una continuidad del gobierno actual. El hecho de que Matthei sea la más competitiva frente a cualquier candidato de izquierda, y que además tenga la experiencia, el carácter, los equipos, el conocimiento del Estado, de manera muy superior al de José Antonio Kast, es algo que se requiere poner sobre la mesa, y manifestarlo con mucha fuerza.
-¿A qué atribuyes esta caída de Evelyn Matthei?
-El comando se está profesionalizando, acaba de nombrar a Diego Paulsen como jefe de campaña. Se está estructurando. Evelyn Matthei tiene mucha experiencia en campaña, tiene muchos equipos, y yo espero que eso vaya tomando fuerza, porque vamos a empezar ahora un periodo muy intenso de campaña.
-Aunque Johannes Kaiser ha bajado, ¿crees que Kaiser es un límite para ustedes? ¿No votarías por él?
-Yo veo que el fenómeno de Johannes Kaiser es un poquito como la espuma. Subió muy rápido y está bajando muy rápido. Tengo la impresión de que optará el parlamento. Mi impresión es que Chile Vamos tiene que enfrentar a la izquierda, generar el mejor proyecto político para poder invitar a un cambio en Chile.
-Se mencionó en el lanzamiento el tema de transformar a Chile Vamos en un partido. Y tú te mostraste favorable. ¿Eso no haría perder la identidad liberal de Evópoli?
-Yo creo que hoy en día Chile tiene un problema estructural de gobernabilidad y una crisis muy profunda en su sistema político. Hay más de 20 partidos en el Congreso y hasta ahora nada indica que esa expansión de partidos vaya a contenerse. Por lo tanto, yo creo que en el caso que se gane y se logre hacer coalición de gobierno, creo que Chile Vamos tiene que hacerse esa pregunta (de volverse un partido). Me parece que es una posibilidad en el futuro y que su sentido más profundo es la gobernabilidad.
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