-Churchill tiene esta rara condición de ser un gran líder político, pero a la vez un gran escritor que ganó el Premio Nobel de Literatura. ¿Cuál es su aporte como historiador?
-En la historia contemporánea su aporte es importante. Lo del Premio Nobel puede ser discutible. Yo creo que se lo dieron por razones políticas, como muchas veces sucede. Pero eso no quita que es un gran escritor, que sus libros son valiosos y que desde joven empezó a destacar por sus escritos. Por un momento parecía que en su vida iba a ser conocido más por sus escritos que por su acción pública.
-De hecho, en 1906 escribió una biografía del padre, que fue exitosa.
-Así es. Un aspecto interesante es que en la década del 30 sufre una depresión, los conservadores son derrotados por el laborismo. Siempre tuvo la sombra de ser el niño maravilla de la política británica. Era un hombre de acción, que no soportaba estar lejos del poder. Había combatido en la guerra. Fue el primer lord del Almirantazgo en la Primera Guerra Mundial. Tuvo derrotas, tomó malas decisiones y todo eso lo ayudó a convertirse en el líder que fue.
-Una cosa particular de su carrera política es que fue conservador, pero en la juventud se acercó a posiciones liberales. El 31 de mayo de 1904, cruzó la sala de la Cámara de los Comunes para unirse al Partido Liberal, hasta marzo de 1924.
-En el plano económico era muy liberal. Cuando los conservadores se pusieron proteccionistas, él dio un paso al frente, lo que no era usual en esos días. Se cambió al Partido Liberal. Influyeron también razones personales, peleas internas. No solamente fue una decisión teórica. Pero en general, fue muy antisocialista.
-Pero, por ejemplo, apoyó las ocho horas al día de trabajo para los mineros y el reforzamiento de los sindicatos.
-Sucede que en muchas partes, no solamente en Inglaterra, fueron las fuerzas conservadoras las que empezaron a crear el Estado de bienestar. Así como los socialistas pueden ser partidarios de la libre empresa, también las derechas pueden ser partidarias de ciertos niveles de estado de bienestar.
-Es considerado un gran estadista, pero en la Primera Guerra Mundial fue degradado de su cargo. Se armó un gobierno de coalición, pero la única condición de los conservadores era que Churchill debía ser destituido del Almirantazgo.
-Perdió el cargo a raíz de la expedición a Dardanelos que fracasó sonoramente. Él siempre dijo que no lo habían apoyado con la suficiente fuerza. Eso se sigue discutiendo. Ahí perdió un poco de perfil. Y después vuelve al frente como coronel del ejército a luchar en las trincheras. En la década del 20 fue ministro secretario del Tesoro. Era un líder. Era considerada una persona un poco extravagante. El niño terrible de la política inglesa.
-Es conocido que su liderazgo en la Segunda Guerra Mundial cambió el curso de la historia. ¿Ese fue su momento de grandeza?
-Eso es fundamental. El se va transformando poco a poco desde la década del 30. Primero el anti nazismo es una minoría de conservadores, algunos laboristas y diputados de derecha que quieren tener una posición más firme ante Hitler. Churchill es de los más destacados. Y al principio son derrotados, nadie quiere ir a la guerra. Él sigue en ese empeño. Pero después, poco a poco, empieza a tener credibilidad en el gobierno.
-Entonces estalla la guerra.
-Mal que mal, es Chamberlain el que declara la guerra a Alemania y el primer país que le declara la guerra a Hitler es Inglaterra. Chamberlain nombra a Churchill nuevamente primer Lord del Almirantazgo, como en la Primera Guerra Mundial. Porque lo necesitaba en el gabinete. Churchill fue uno de los responsables de la expedición a Noruega, que no resultó muy bien. Y cae Chamberlain. Y ahí es nombrado Churchill. Y justo en ese momento viene la batalla de Francia y la derrota. Inglaterra se ve en el peligro de ser invadida. Ese es el momento estelar de Churchill. Y por eso va a ser recordado siempre.
-Él tiene discursos muy famosos, por ejemplo, cuando habla sobre “their finest hour”, es decir el momento de mayor grandeza de los combatientes.
–Era un gran orador. No se compara con algunos oradores contemporáneos, como Castro, Chávez, que pueden ser convincentes, pero violentos: una versión mussoliniana o hitleriana. Churchill está a años luz de ellos, porque además es culto y las cosas que decía tenían sentido y tienen sentido todavía en nuestros días.
-Dijo que “no tengo nada que ofrecer, sino sangre, trabajo, lágrimas y sudor”. ¿El rol de Churchill en la Segunda Guerra Mundial es crucial?
-Más que nada como líder político. Entre 1940 y 1941 fue fundamental. Después va perdiendo un poco de perfil, porque los que adquieren el poder real son rusos y norteamericanos. En especial Stalin. Aunque Churchill aparece en la foto el 44 o 45, ya no tiene la misma influencia. Pero en los años 40-41, quién se levanta ante Hitler es él.
-¿Cuáles serían los principales valores de Churchill como político?
-Primero su oratoria. Su comprensión del equilibrio de fuerzas en Europa. Haber detectado que el caso del régimen nazi no se iba a detener ante nada. En el caso del comunismo soviético había también discusiones de este tipo sobre cómo enfrentarlo. Pero muchos pensaron que los comunistas no eran suicidas. En los nazis había elementos suicidas. O sea, no les importaba nada. Él era uno de los pocos líderes que no mentía. Nunca se dice toda la verdad, no se puede decir siempre la verdad. Pero él era franco sobre la situación en que estaba.
-Sin Churchill, ¿los aliados no hubieran ganado?
-Eso no lo sabemos. Si Inglaterra se hubiera rendido, hubiera sido ocupada. Pero Alemania no hubiera podido conquistar Estados Unidos. Es lo que se llama la hipótesis contrafactual. Al final es un terreno de pura conjetura. Pero la acción de Churchill fue fundamental para que Inglaterra resistiera y mantuviera un tiempo ocupado a Hitler. Churchill resistió y convenció a los ingleses. Inglaterra se puso detrás de él por entero, el 90% del pueblo. Después fue cansándose la gente de él.
-Perdió las elecciones.
-Se suponía que las tenía que ganar como jefe victorioso. Pero perdió. Porque en la paz los ingleses pensaban otra cosa. Y después, nuevamente fue el Primer Ministro del año 51 al 55. Sin ningún perfil especial. Salvo que era Churchill, estaba su oratoria y todo eso. Pero nada épico.
-¿Su etapa de mayor lucidez fue 1940?
-Tiene una carrera bien extraordinaria, pero su gran momento, por el que va a pasar a la historia es el año 40 y 41. Comete errores también. Era medio aficionado a los asuntos militares y algunas de sus medidas fueron un poco temerarias y arbitrarias. Y no resultaron. Pero le dio energía, le dio dirección y sentido a Inglaterra. No era sólo resistir, sino que había una finalidad. Es uno de los dos grandes líderes del siglo XX junto a De Gaulle.
-¿Era odiado por parte de la izquierda?
-Sí. Pero en general, hoy día hay unanimidad en torno a él. Siempre hay minorías, que lo acusan de imperialista. No es menor que haya un barco de EEUU, un destructor, que se llama Winston Churchill. Creo que eso habla de su fama.
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