Julio 2, 2024

Tarifas eléctricas y las realidades paralelas. Por Felipe Jaque

Economista jefe de Grupo Security
Ex-Ante.

Esta vez, aunque sea impopular, se va por buen camino y si se quiere ayudar, la premisa debe ser focalizar y no diluir los esfuerzos, ni enredar las señales. De hecho, sería mejor destinar mentes y recursos a lograr costos de energía estructuralmente más bajos.


Hace un par de semanas se anunció el comienzo de la normalización de las tarifas eléctricas, lo que implica aumentos que acumularán cerca de 60% en los próximos meses.

  • En simple, luego de tarifas congeladas por casi 5 años, la expectativa de que estas continuarían bajando hacia el largo el plazo no se ha dado.
  • Así es que la cuenta se ha ido abultando y ya no queda más opción que sincerar los precios y volver a la realidad. Una medida sin duda de escasa popularidad, pero que se basa en que los bienes y servicios deben reflejar su real costo.
  • Si eso no se da, terminamos con una demanda desatada y con una oferta (de las empresas públicas o privadas) desfinanciada y menor a la necesaria en algún minuto del tiempo.

Sin ir más lejos, a quien no le ha pasado que tiene que ir apagando luces de dormitorios vacíos, televisores sin nadie cerca, o calefactores entibiando espacios desocupados. Cuesta que el concepto de costo en las decisiones de uso de bienes y servicios esté bien anclado cuando existe una desconexión con el pago que realizamos cada mes.

  • Pero fuera de anécdotas, países muy cercanos han sufrido las consecuencias de la subinversión, racionamiento y cortes prolongados que una mala señal de precios ha provocado en el sistema eléctrico (y en otros mercados también).

Pero creo que la mayor lección que deja el episodio tarifas eléctricas es que una cosa son las proyecciones y otra la realidad (aunque los economistas se resistan a esto).

  • Las licitaciones eléctricas de mediados de los 2010s habían logrado reducciones significativas en los precios de energía y el cambio hacia energías renovables no convencionales parecía ser la solución mágica a años de elevados costos de energía. Pero todo se derrumbó.
  • Algunas inversiones no se han llevado a cabo bajos las condiciones anticipadas, tuvimos shocks globales y los precios de la energía (incluidas generación, transmisión y distribución) no continuaron cayendo.
  • El tipo de cambio, que se asumía estable en niveles bajo $700 por dólar, nos abandonó en medio de un mayor premio riesgo que los inversionistas asignaron a los activos financieros locales. Y cuando la realidad va divergiendo de la proyección, mejor corregir el rumbo.
  • De a poco es menos traumático, pero si se dejó escapar el problema, no queda opción.

El gobierno entendió el escenario en que nos encontramos y, en vez de ser el jugador que pide más cartas cuando las cosas no van bien, decidió hacer la pérdida (y lo correcto) y ajustar las tarifas con su real costo. Este punto es muy rescatable entre tanta propuesta que parece no ver los costos a largo plazo que generan y en vez de alinearse con la realidad, prefieren inventarse un mundo paralelo.

  • La discusión sobre un nuevo retiro de fondos de pensiones es un gran ejemplo de este vicio. Es mucho mejor sincerar los costos para que la economía asigne adecuadamente los recursos, que tratar de torcer la mano a los datos.

¿Quiere decir esto que no se deben buscar medidas que apoyen a los más vulnerables a estos costos? Por supuesto que no. Pero es ahí donde surge la muy atacada focalización de las políticas públicas, que apunte a entregar apoyo a los grupos que realmente lo requieren.

  • Exenciones al IVA a todo evento en las tarifas, volver a congelar tarifas para todos los usuarios, incrementar impuestos para compensar el alza a todos los grupos, en medio de una situación fiscal que merece todo el cuidado y atención, no solo son costosas, sino que caen una vez más en el defecto de la mirada parcial, que se debe evitar a toda costa en políticas públicas.
  • Como objetivo superior en todo esto subyace que amarrar promesas a recursos sostenibles asegura el éxito en que la deuda pública, que pagarán los que vienen más adelante, no nosotros, no se trasforme en una mochila demasiado pesada.
  • Esta vez, aunque sea impopular, se va por buen camino y si se quiere ayudar, la premisa debe ser focalizar y no diluir los esfuerzos, ni enredar las señales. De hecho, sería mejor destinar mentes y recursos a lograr costos de energía estructuralmente más bajos.

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