El 11 de septiembre -a 50 años del quiebre de nuestra democracia y el inicio de una feroz dictadura que duró 17 años-nos encuentra divididos y con grandes diferencias.
Algunos políticos han marcado estos días un contraste entre las conmemoraciones a los 30 y 40 años -destacando que había mayor unidad- con respecto a esta que nos convoca a los 50 años.
¿Se preguntarán quienes lo afirman el porqué el ánimo de la gente se encuentra afectado?
¿Acaso no influye la violenta escalada del 18 de octubre de 2019? En dicho momento se solicitaba la renuncia del entonces presidente. La gran indiferencia frente a aquella violenta destrucción por parte de un gran sector de la clase política, con el consecuente incremento de la inseguridad, lúmpenes, y ataques a símbolos patrios no fue gratis. No lo fue. Ya desde mucho antes se venía gestando una crisis de representatividad.
La fracasada Convención Constitucional es otro factor que se sumó, cuyo intento refundacional y destructivo era claro. Se pasearon delante nuestro constituyentes que mintieron, dueños de una superioridad moral pocas veces vista, que por cierto no debe repetirse. ¿No tuvo acaso impacto este hecho en la polarización actual?
La suma de todo esto acumula incertidumbre, angustia y una gran tristeza. Las personas están con miedo y sin esperanza.
Era necesario que una fecha tan importante como el 11 de septiembre se conmemorara convocando profundamente a la unidad y sin violencia, con verdadera disposición al diálogo, reconocimiento al daño realizado, perdones y disculpas que deberían hacerse oír por aquellas épocas y las actuales -que no llegaron-, los indultos que sí llegaron, y tal vez, tal vez, hubiéramos podido conmemorar estos 50 años de la mano mirando juntos el futuro. Solo describirlo parece ficción.
En estos tiempos de polarización existen alarmantes señales de agotamiento de la ciudadanía con la clase política.
Nos hemos oscurecido en un baile desarticulado de situaciones de pretendidos homenajes o conmemoraciones sin la necesaria emoción y comprensión.
Una referencia histórica puede ser agresiva o constructiva. Y lamento sentir lo primero en nuestro país.
El desencanto político que atravesamos es consecuencia justamente de actitudes, declaraciones y desaciertos, partiendo por quien nos gobierna -de quien no dudo de su sensibilidad y buena intención- pero que está en medio de un tironeo ideológico del cual le cuesta salir. Y no sabemos hacia dónde vamos, y no sabemos dónde estamos.
Desencanto que se nutre además de la lejanía de una gran parte de la clase política de las necesidades y deseos manifestados por nuestros ciudadanos, que camina por una cornisa pavimentada de egos y deseos personales, dejando en un abandono frío y oscuro a los chilenos. ¿Todos ? No, no son todos y cada uno sabe a conciencia para qué hace lo que hace y si es el ciudadano el que está primero.
Esta fecha de conmemoración hubiera exigido una profunda, sentida y sencilla convocatoria a varios Nunca Más.
Destaco la carta compromiso firmada por los ex presidentes junto a nuestro actual presidente, como también muchas reflexiones y autocríticas acerca del antes y el después del 11, teniendo clara la magnitud de la diferencia.
Una marcha simbólica en paz, y, todos juntos y de la mano, no sólo lo necesitamos todos, sino que se lo merecen -más aún- quienes perdieron familiares, amigos, pedazos de vida y proyecciones de futuro.
La miseria política nos envuelve en un manto de desesperanza . Nunca es tarde .
Despejemos esa neblina elegida, que no nos deja ver el futuro, ni sortear los obstáculos que ya nos presenta el mundo, producto, además de todo en nuestro país, del mal uso de los fondos públicos, de la tremenda inseguridad reinante y la incertidumbre política, tal que vengan inversiones a esta tierra de promesas que debe dejar claro que su objetivo no es derrocar el capitalismo sino crecer con miras a un desarrollo más inclusivo y equitativo.
Es hora de salir a construir futuro para nuestros jóvenes, educación de excelencia para nuestros niños, pensiones dignas para la vejez y una salud de calidad y al alcance de todos, tanto pública como privada y con libertad de decisión y elección en todo lo antedicho.
Chile ofrece las oportunidades para hacerlo, pero el tiempo pasa y me pregunto si veremos el despegue que se requiere. Hace tiempo se cayó la antena y nos quedamos sin señal.
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