Chile es una república democrática. Esta breve frase implica y significa muchas cosas. Una de ellas es que nuestras autoridades deben rendir cuentas a la ciudadanía de su actuar. Lo que se entiende y exige por rendición de cuentas ha ido evolucionando con el tiempo. Hace décadas atrás, las conferencias de prensa y cuentas públicas ante el Congreso se consideraban suficiente, a lo que se sumaba mecanismos de controles cruzados institucionales. Sin embargo, hoy la ciudadanía y el sentido de la democracia exigen bastante más. Por eso, se ha ido avanzando en establecer deberes de transparencia y publicación de información, de modo que los medios, la sociedad civil y cualquier persona interesada, pueda acceder a ella y realizar el ejercicio de control social o accountability vertical. Esto también es clave para contar con una ciudadanía crítica y participativa. Sin información es imposible participar adecuadamente en los asuntos públicos.
Pero para que la rendición de cuentas sea real, es clave entender el por qué las autoridades adoptan ciertas decisiones. Qué antecedentes se tuvieron a la vista, qué opciones se barajaron, qué implicancias se consideraron y finalmente los motivos y razones por las cuales se adoptó tal o cual decisión y no otra. Esto no significa que nuestras autoridades no tengan las facultades de adoptarlas por su cuenta ni que deban estar consultando de manera previa constantemente a las personas, esto impediría adoptar decisiones al ritmo que hoy se exige que se resuelvan ciertos problemas públicos.
Lamentablemente esto último dista de ser una práctica común de nuestros gobernantes. Constantemente personas expertas, analistas, periodistas y personas de a pie estamos preguntándonos porqué se escogió una vía en vez de otras que parecían más adecuadas o menos lesivas. Pondré dos claros ejemplos de esto. Año 2020, la pandemia nos golpeaba fuertemente. El entonces Presidente de la República y su gobierno tomaron la decisión de ir en ayuda de las personas más afectadas a través de cajas de alimentos ¿Por qué se acudió a esa vía y no a transferencias directas o “vouchers”? Hasta hoy no tenemos certeza absoluta ni explicaciones más detalladas de cuáles fueron los análisis y variables que hicieron descartar las alternativas.
Año 2022, los virus respiratorios que afectan a la primera infancia nos golpean junto a la pandemia. El ahora Presidente de la Republica y su gobierno tomaron la decisión de adelantar y extender las vacaciones de invierno de prácticamente todo el país ¿Por qué se adoptó esta decisión en vez de solo adelantar y luego evaluar su extensión; suspender clases solo a ciertos cursos o comunas; mutar a clases telemáticas u otras? A casi una semana de adoptada la decisión, cada día hay más confusión y menos certezas y no hemos tenido a la vista los diversos antecedentes y razones por las cuáles se tomó esta determinación.
Lo anterior no significa que esas decisiones sean malas opciones. Significa que no sabemos si lo son o no porque no se ha rendido cuentas adecuadamente de cómo y por qué se adoptaron, lo que no hace sino aumentar las críticas y desconfianza de la ciudadanía en estás y quiénes las toman.
Estas dos escenas son muy distintas a lo que vimos en la presentación de los resultados de los diálogos tributarios por parte del Presiente, el Ministro Marcel y la Subsecretaria Sanhueza, donde realmente hubo un adecuado ejercicio que probablemente sume a luego comprender por qué el gobierno propondrá al Congreso una política pública concreta. Es cierto que en los casos anteriores la premura llevó a adoptar decisiones de una manera exprés, sin embargo eso no obsta a que haya un mínimo proceso de evaluación de pros y contras, costos y beneficios y balance de distintas opciones, las cuales luego debieran hacerse públicas.
Sin duda nos queda mucho por avanzar para fortalecer nuestras democracias, particularmente en rendición de cuentas. No olvidemos que la democracia representativa se encuentra altamente cuestionada y la búsqueda de mejores liderazgos ha llevado, contradictoriamente, a autoritarios populistas al poder. Ejercer el poder en nuestra representación y nombre implica bastante más que someterse a elecciones periódicamente.
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