Septiembre 24, 2025

Quedan 53 días. Por Ignacio Imas

Ex-Ante

Kast se encuentra en una posición cómoda, pero no del todo segura. Ha logrado encarnar mejor que Evelyn Matthei ese ánimo opositor al gobierno de Boric. Pero ya aprendió que pequeños errores pueden costar caro, y que hay temas que no se deben abordar. Su estrategia hoy parece ser moverse lo menos posible y asegurarse de estar en la foto.


En 53 días más sabremos qué rumbo queremos seguir. El 16 de noviembre conoceremos los nombres que pasarán a la segunda vuelta presidencial y, con ello, tendremos una idea más clara de por dónde caminaremos los próximos cuatro años. Dos meses son un parpadeo. Y es que la velocidad de la vida y la forma en que se ha configurado este proceso electoral hacen que parezca que queda nada para saber quién será la próxima persona en llegar a La Moneda.

¿Cómo ha sido el proceso hasta ahora? Con dificultad. No ha sido, ni parece que será, un camino sano. Aún no hemos visto una campaña en el barro, pero eso podría cambiar en cualquier momento. Lo que sí está claro es que el debate no ha estado a la altura de lo que el país necesita.

Los programas de gobierno, han pasado a ser un listado de ideas sobre temas meramente contingentes: seguridad, migración y economía. Y aunque es cierto que esos son temas prioritarios y que cuatro años es poco tiempo para implementar programas extensos, también lo es que reducir todo a esos tres tópicos es simplificar en exceso la complejidad del planeta que habitamos. Ahora bien, tampoco estamos tan lejos de lo que ocurre en otras democracias modernas. En varios países, las campañas también se han centrado en los mismos ejes.

Miremos ahora a las tres principales candidaturas. Partamos por José Antonio Kast, quien —según las encuestas— sería el próximo presidente.

Se encuentra en una posición cómoda, pero no del todo segura. Ha logrado encarnar mejor que Evelyn Matthei ese ánimo opositor al gobierno de Boric. Pero ya aprendió que pequeños errores pueden costar caro, y que hay temas que no se deben abordar. Su estrategia hoy parece ser moverse lo menos posible y asegurarse de estar en la foto.

Jeannette Jara, por su parte, salió fortalecida de la primaria de las izquierdas, pero su impulso se quedó ahí. No ha logrado atraer al electorado moderado, y el peso de ser la candidata oficialista parece ser una carga difícil de llevar. Su desafío ahora es salir de esa caja y mostrarse como algo más que la continuidad del gobierno.

En tercer lugar está Evelyn Matthei. En un momento ocupó el mismo espacio que hoy tiene Kast, posicionándose como la figura opositora más competitiva. Pero ha perdido fuerza. Su reto es claro: ver si todavía tiene tiempo y espacio para volver a ser competitiva. Dos meses es poco tiempo, sí, pero en política nada está completamente escrito. Kast estuvo fuera del radar por meses y, gracias más a errores ajenos que a méritos propios, logró recuperar terreno y volver. Este proceso ha sido volátil: lo único estable han sido los temas en discusión.

Por último, hay un dato clave: los tres nombres que hoy lideran las encuestas comparten una característica preocupante. Ninguno es ampliamente popular. Al contrario, todos tienen niveles de rechazo altos. Eso significa que, quien gane en diciembre, comenzará su mandato con una parte importante del país mirándolo con escepticismo.

La tarea de quien encabece el Poder Ejecutivo será, por tanto, buscar apoyo no sólo en el Congreso —donde el escenario tampoco será fácil—, sino en la ciudadanía. Porque ningún congresista tiene incentivos para colaborar con un gobierno impopular. Kast, Jara o Matthei tendrán que mirar más allá del poder formal.

El desafío es complejo, ya que la sociedad global comienza a mostrar lunas de miel breves con sus líderes. Ahora bien, siempre queda la tentación de recurrir a la polarización como herramienta para aglutinar apoyo. Es una estrategia que puede funcionar en el corto plazo, pero el costo institucional sería aún mayor del que ya estamos pagando. Aunque claro, si uno de ellos tres decide ocupar la herramienta de polarización para aglutinar masas de apoyo, la tarea es efectista, pero el deterioro institucional será aún mayor del que tenemos hoy.

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